Opinión: Día Mundial VIH/SIDA

Opinión
Dia Mundial del VIH/SIDA
Avances en el mundo, sombras en España
Pilar Estébanez, presidenta de la Sociedad Española de Medicina Humanitaria
Desde que se inició la pandemia del VIH/sida hace treinta años, por primera vez las nuevas infecciones y las muertes relacionadas con esta enfermedad han descendido durante 2011 en casi todo el mundo. El informe publicado por el Programa conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/sida (ONUSIDA), recién publicado parece mostrar que 2011 ha sido un año de cambio gracias al progreso de la ciencia y el liderazgo político. Asimismo, el informe señala que las nuevas infecciones por el VIH y las muertes relacionadas con el sida han descendido hasta los niveles más bajos desde que la epidemia alcanzara su máximo. Las nuevas infecciones por el virus se han reducido un 21% desde 1997, y las enfermedades relacionadas con el sida han disminuido en un 21% desde el año 2005. Además, casi el 50% de las personas elegibles para la terapia con antirretrovirales tiene acceso a tratamiento.

Según los datos de ONUSIDA y la Organización Mundial de la Salud el 47% (6,6 millones) de los 14,2 millones de personas que se calcula que son elegibles para el tratamiento en países de ingresos bajos y medios tuvieron acceso a la terapia en 2010. Ello supone un aumento de 1,35 millones desde 2009. También se han salvado, gracias a los tratamientos, más de 2,5 millones de vidas desde 1995.

 

Datos preocupantes

 

Sin embargo hay un dato que debería preocuparnos respecto de la situación del VIH/sida en España, y son los más de 4.000 nuevos diagnósticos que se hace cada año, la mayoría entre jóvenes de entre 15 y 25 años. Tal y como nos encontramos en la actualidad en cuanto a la efectividad de los tratamientos, eso significa que más de 4.000 personas se convierten cada año en enfermos crónicos. Además de la carga personal, el cuidado y los tratamientos farmacológicos necesarios, van a suponer una pesada carga para la sanidad pública, en un momento de crisis económica sin precedentes. Además, casi dos tercios de las personas que son diagnosticadas, lo son casualmente, cuando acuden por algún problema de salud. Es decir, no saben que tienen VIH-sida y éste suele estar en un estado avanzado. Además, al desconocer que tienen la enfermedad, ponen en riesgo a sus parejas si no toman precauciones.
Para evitar en la medida de lo posible las consecuencias de esa ignorancia, son muchos los expertos que están pidiendo que aumente el número de pruebas del VIH/sida que se hacen cada año, incluyéndolas de forma rutinaria en los análisis que se efectúan en los centros de atención primaria, o bien favoreciendo, a través de campañas, la concienciación de la población que haya mantenido conductas de riesgo para que se hagan el test. Sólo así podrá reducirse el riesgo de nuevos contagios por ignorancia, y sólo así las personas infectadas comenzarán su tratamiento en los estadíos iniciales de la enfermedad.
Estos datos suponen una evidencia de que algo está fallando en las campañas de prevención, quizás debido a que ahora, gracias a la investigación y los avances médicos, la enfermedad no sea vista como “mortal”. Este hecho ha podido rebajar los niveles de alerta y prevención. De hecho, no se están llevando a cabo campañas verdaderamente impactantes en este sentido, por lo que las autoridades deberían tomarse en serio el coste futuro que va a suponer para todos que esta tendencia no se detenga.

Hay países en los que se ha logrado invertir las tendencias de manera muy exitosa, como Botswana, donde el número anual de nuevas infecciones ha descendido en más de dos tercios desde finales de los años 90 gracias a las campañas de prevención y a la concienciación de la población. En África Subsahariana, el número de nuevas infecciones ha bajado una media del 26%.No marchan las cosas igual de bien en los países de nuestro entorno: el número de nuevas infecciones por el VIH continúa subiendo en los países centroeuropeos y de Europa Oriental por las mismas razones: la ineficacia o ausencia de campañas de prevención o que incidan en la modificación de los comportamientos.
Es, precisamente en ese campo donde debemos dar la batalla si queremos alcanzar los objetivos marcados por ONUSIDA: cero nuevas infecciones.


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