El hambre que viene

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La guerra de Ucrania provocará un impacto sin precedentes en los mercados mundiales de alimentos y energía

Héctor Alonso

Tres meses después de la invasión de Ucrania por Rusia los expertos aseguran que las condiciones para una tormenta perfecta que provocará una ola de escasez de alimentos en todo el mundo ya están cumpliéndose. A día de hoy ya estamos viviendo un alza de los precios de los alimentos sin precedentes. Rusia y Ucrania producen entre ambos más de 96 millones de toneladas de trigo, de las que exportan más de la mitad: 52 millones de toneladas cada año. El comercio mundial anual de cereales es de 235 millones de toneladas. Sin las aportaciones de Rusia y Ucrania el comercio mundial se reducirá a 183 millones de toneladas.

En año pasado se preveía que la cosecha de 2022 sería una cosecha récord gracias a las buenas condiciones meteorológicas que registraron en Rusia y Ucrania durante el invierno: en la Federación Rusa se preveía superar el promedio quinquenal, y en Ucrania lo mismo.

La guerra ha destrozado esas expectativas: ahora Rusia sufre embargo y no podrá exportar sus excedentes de grano, y Ucrania está encontrando grandes dificultades para cosechar, almacenar con seguridad y comercializar sus cereales.

El embargo a Rusia afectará también al precio de las cosechas futuras en todo el planeta: Rusia, que produce el 16 por ciento de los fertilizantes nitrogenados del mundo, ha dejado de exportarlos. Y Noruega, que es el primer productor mundial de fertilizantes, ha tenido que reducir su producción por el alza del precio del gas. En consecuencia, hay menos fertilizante disponible y es mucho más caro, lo que afectará al rendimiento de la producción y al precio final de los cereales en el mercado. A su vez, al haber menos producción, el cereal será más escaso y más caro.

Por si fuera poco, el alza de los precios de los combustibles -petróleo y gas- también relacionada con la guerra de Ucrania, afectará tanto en el aspecto financiero como en la producción de alimentos del resto del mundo, aún sin haberse recuperado de la crisis provocada por la pandemia por COVID-19.

Naciones Unidas ha calculado que 1.600 millones de personas de 94 países se verán afectadas de forma importante por esta crisis, y 1.200 millones de ellas viven en países que sufrirán las consecuencias de esta espiral escasez-alza de precios de forma devastadora.

Círculo vicioso

Rebeca Grynspan, Secretaria General de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, lo explica así: «los ingresos se reducen y las familias se ven obligadas a decidir cómo asignar un presupuesto cada vez más pequeño. Y así comienza otro círculo vicioso: el ciclo de malestar social que conduce a la inestabilidad política como resultado de la capacidad debilitada de los países y las familias para hacer frente a otra crisis mundial, además de COVID-19 y la crisis climática”.

La capacidad de los países para hacer frente a estas dificultades se está reduciendo. Nos encontramos, según los expertos de la ONU, en una «crisis global».

La pandemia ya dejó una situación complicada, y este iba a ser el año de la recuperación para muchos países. El 60 por ciento de los trabajadores del mundo tienen hoy en día ingresos más bajos que antes de la pandemia y la mitad de los países están asfixiados por la deuda o en peligro de aumentarla. Un golpe como el que ya están provocando el alza de los precios de los alimentos básicos y de la energía podría ser catastrófico para miles de millones de personas.

En el informe Impacto global de la guerra en Ucrania, recién publicado por la ONU, se pronostica un aumento del hambre en el mundo, y además de forma generalizada. Antes de la guerra, y por culpa de la pandemia, el número de personas en inseguridad alimentaria grave se había duplicado en dos años, al pasar de 135 millones a 276 millones en 2021. Como consecuencia de la guerra de Ucrania la cifra podría aumentar hasta los 323 millones de personas en 2022. Es decir, en tres años casi se podría triplicar el número de personas en inseguridad alimentaria grave, algo sin precedentes en las últimas décadas.

Precios cada vez más altos

El índice de precios de los alimentos más reciente de la Organización para la Agricultura y la Alimentación ya había alcanzado un máximo histórico en febrero de 2022 antes de que comenzara la guerra. Desde entonces no ha hecho sino crecer, con algunos de los aumentos intermensuales mas altos de la historia. El máximo, hasta ahora, se ha registrado en el mes de marzo.

Según Antonio Guterres, secretario general de la ONU, este año habrá una crisis alimentaria por falta de acceso: es decir, mucha gente no tendrá capacidad económica para comprar alimentos básicos por su elevado precio. Sin embargo el año que viene podría ser aún peor: la crisis será por falta de alimentos. Es decir, no habrá alimentos básicos que comprar.

La única solución, según Guterres, es que vuelvan al mercado la producción de cereales de Ucrania y de Rusia, así como los fertilizantes necesarios para producir  las siguientes cosechas, incluso aunque la guerra continúe. Por ello aboga por garantizar la exportación segura de alimentos a través del Mar Negro y asegurar el acceso sin obstáculos a las cosechas y fertilizantes producidos en Rusia.

 

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