Tras el rastro de la esclavitud en Mauritania

La prohibición de la esclavitud en el país (1981) no ha impedido que siga existiendo. Sigue habiendo esclavos -más de 90.000, el dos por ciento de la población- pero son más difíciles de identificar

Fundación Thomson Reuters

A pesar de estar perseguida por la ley, la esclavitud perdura en Mauritania, donde decenas de miles de personas son explotadas, en casas de familias adineradas o en el campo. Día tras día, Aminetou Mint Yarg y otros aldeanos del sur de Mauritania sacan agua del río y cuidan sus cosechas bajo el ardiente sol del desierto: mar, mijo y alubias, pero lo que obtienen de su trabajo no es para ellos.

“La tierra pertenece a nuestros amos”, dice Yarg, refiriéndose a los miembros de la élite de piel clara, conocida como moros blancos. Cuando la cosecha es buena, vienen de la ciudad para llevarse su parte.

Yarg es descendiente de una familia de esclavos que durante décadas han servido a una familia de amos. Esta es la estructura predominante de la sociedad en Mauritania, una república islámica en el extremo occidental del Sahara que se extiende entre el África árabe y el África negra.

Hoy, la esclavitud está prohibida, pero las relaciones de décadas perduran y se mantienen en una economía moderna donde cada vez es más difícil encontrar y liberar a las decenas de miles de personas que son explotadas en campos de cultivo o en mansiones de la capital.

Mauritania abolió la esclavitud en 1981, fue el último país del mundo en hacerlo, y la criminalizó en 2007. Sin embargo, desde entonces sólo se han producido cuatro juicios contra propietarios de esclavos, aunque decenas de casos esperan en los tribunales.

El Índice de Esclavitud Global estima que el dos por ciento de la población,  90.000 mauritanos, son aún esclavos.

La semana pasada Estados Unidos amenazó con suspender los beneficios comerciales de Mauritania por no hacer lo suficiente para terminar con el trabajo forzoso, tras la presión de movimientos de activistas, que animan a otros países a hacer lo mismo. El gobierno de Mauritania ha respondido que aunque hay casos, son pocos. “Es difícil ocultar miles de esclavos”, dice Hamdi Ould Mahjoub, director general de Tadamoun, la Agencia Nacional para la Lucha Contra los Efectos Secundarios de la Esclavitud, la Integración y la Pobreza, y reta a que alguien los encuentre.

Sin embargo, los grupos de derechos humanos dicen que sí que hay esclavos, pero es difícil detectarlos a simple vista. Por ejemplo, hay criadas que son aparentemente empleadas. Nada más lejos de la realidad. Incluso muchas lo tienen asumido como parte de su destino. No hay personas encadenadas, claro, como reconocen los activistas. La relación es mucho más sutil.

Los moros negros

Fuera de la capital, Nouakchott, el país está salpicado de pueblos donde sus habitantes son los Haratines, los “moros negros”. La distinción entre esclavo y ex esclavo es confusa, porque apenas ha pasado una generación desde la prohibición de la esclavitud. Hoy en día muchos descendientes de esclavos viven en libertad porque su trabajo no es necesario. Sin embargo sus hijos, o incluso ellos mismos, tendrán que ir a la casa del amo cuando éste necesite un pastor o una criada. En esos pueblos todos sabe quién tiene un amo o quién mandó a su hija a la ciudad a la casa de un amo.

Esclavitud es una palabra que nadie pronuncia en voz alta en Mauritania, donde el activista contra la esclavitud más conocido,  Biram Dah Abeid, es también un líder político de la oposición y ha sido encarcelado varias veces, junto con otros activistas. Abeid fue adetenido el pasado mes de agosto, poco antes de las elecciones parlamentarias, y aún permanece encarcelado.

Su movimiento, la Iniciativa para el Resurgimiento del Movimiento Abolicionista (IRA), tiene como objetivo exponer los casos de esclavitud a las autoridades, quienes están legalmente obligados a intervenir, pero nadie admitirá tener esclavos, y ningún esclavo admitirá serlo, según el IRA. Los propietarios son ahora cautos, y amenazan a sus esclavos, obligándoles a mentir sobre su naturaleza. Los esclavos, por ignorancia o temor, se resisten a lograr la libertad, y se niegan a menudo a separarse de sus amos. Muchos creen que Dios les creó para ser esclavos, dice Ramdhane, un activista de familia de esclavos que convenció a sus padres para que abandonaran a sus amos cuando él fue a la escuela. Él tuvo que explicar a su madre y a su hermana, en los años 80, que no tenían que vivir siendo esclavas.

Nuevo enfoque contra la esclavitud

Para Boubacar Messaoud, un veterano del movimiento contra la esclavitud, buscar esclavos para liberarlos es un enfoque equivocado. “Lo principal es que el individuo quiera dejar de ser esclavo”. Messaoud capitaneó las primeras protestas contra la esclavitud en Mauritania en 1980 y luego fundó SOS Esclaves.

El grupo opera con la creencia de que si los esclavos quieren ayuda, la buscarán. Y parece que lo están haciendo. Muchos están llegando desde el interior del país a la ciudad para iniciar una nueva vida. SOS Esclaves organiza cursos de alfabetización y programas de capacitación laboral, y ayuda a los antiguos esclavos a obtener documentos de identidad y atención médica.

Pero para muchos, la libertad se convierte en una nueva forma de subyugación, según los activistas.

En Nouakchott, cualquier persona propietaria de un negocio o una vivienda  es probablemente un “moro blanco”, mientras que los Haratines viven en los barrios marginales cerca de la playa, llevando carretas de burros o vendiendo verduras junto a la carretera.

Muchos ex esclavos no tienen trabajo, y otros siguen trabajando para sus antiguos amos, una posibilidad que les brinda su integración paulatina en la sociedad, pero también es un factor de abusos: están obligados socialmente a trabajar para sus antiguos amos. El niño que manejaba un burro de carga acaba convirtiéndose en el chófer, o los antiguos esclavos son reclutados por sus ex amos para trabajar en una envasadora de pescado.

Para los activistas, es necesario que la sociedad mauritana reflexione y se adapte al nuevo mundo, en el que ese tipo de relaciones ya no son aceptables.

Imprimir
Comentarios: 0

Su dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.