Pilar Estébanez

Vacuna contra el ébola, una buena noticia, pero…

Vacuna contra el ébola, una buena noticia, pero…

Pilar Estébanez, médico y presidenta de la Sociedad Española de Medicina Humanitaria

Este mes de agosto se cumple un año desde que la Organización Mundial de la Salud declarara la emergencia sanitaria internacional por la epidemia de ébola, que se extendía sin control por tres de los países más vulnerables de África: Sierra Leona, Liberia y Guinea-Conakri. La epidemia afectó a 28.000 personas y provocó la muerte de más de 11.000, la mayoría en esos tres países.

 

 

 

Pilar Estébanez

 
Los sistemas de salud de Liberia, Sierra Leona y Guinea-Conakri quedaron devastados, no sólo por la enorme carga que provocó la extensión de la enfermedad sobre sus maltrechos recursos -Sierra Leona y Liberia no se habían recuperado aún de sus terribles guerras civiles-, sino porque la enfermedad se llevó por delante más de 500 trabajadores de salud, la primera línea de defensa contra la enfermedad. El impacto de la epidemia fue también un torpedo en la línea de flotación de las economías frágiles de esos tres países: se interrumpieron las exportaciones, el comercio, las labores agrícolas…, a la vez que el coste de los tratamientos consumieron los escasos recursos de los gobiernos.
Fue en agosto cuando se declaró la emergencia sanitaria, con mucho retraso, por cierto. Y la comunidad internacional tardó aún más en responder. Fue clave para la toma de conciencia el hecho de que la epidemia saltara fronteras, y afectara a viajeros que habían visitado esos países, o a trabajadores internacionales que residían en esos países o que habían sido destinados por las organizaciones internacionales a los puntos calientes para trabajar en primera línea.
Justo un año después por fin tenemos buenas noticias: ya hay vacuna, VSV-EBOV, aún en fase experimental, que en los ensayos ha mostrado una efectividad altísima, en torno al 100%. Como suele pasar, la vacuna ha sido descubierta por una institución pública, la Agencia de Salud Pública de Canadá, y después desarrollada por un gigante privado, la farmacéutica Merck. Los ensayos se han llevado a cabo en Guinea, usando la estrategia de vacunación en anillo protector: cuando se identifica a un enfermo se inmuniza a todo su círculo de contactos -familia, amigos, compañeros de trabajo- con el objetivo de detener la extensión de la epidemia. Los resultados son muy alentadores:  ninguno de los contactos del enfermo fue contagiado tras ser inmunizado. Varios países, entre ellos España, anunciaron que formarían parte de los ensayos clínicos con voluntarios.
Estos son los hechos, pero ahora nos planteamos algunos interrogantes.
En primer lugar, hay que dejar claro que el desarrollo de esta vacuna constituye una excelente noticia, que demuestra que cuando los países desarrollados hacen un esfuerzo serio los avances científicos llegan con rapidez, lo que nos lleva a la siguiente consideración: la enfermedad se conocía desde los años setenta, y si bien es cierto que los distintos brotes que se produjeron desde entonces hasta el pasado año no fueron tan graves, sí se conocía la altísima mortalidad de la enfermedad y que era cuestión de tiempo que la enfermedad acabara provocando una epidemia incontrolable con miles de muertos. Sin embargo, nadie se preocupó de investigar una vacuna, o siquiera un tratamiento -que, por cierto, aún no existe-. Como tantas veces, Occidente no ha reaccionado hasta que le ha visto las orejas al lobo. Ahora nos felicitamos por el éxito, pero las consecuencias de esa indiferencia la pagarán Liberia, Sierra Leona y Guinea-Conakri durante años.
La segunda cuestión que nos planteamos es cómo se financiará la vacuna. Una vez que la Agencia de Salud Pública de Canadá entregó a una compañía farmacéutica el resultado de sus investigaciones, cabe preguntarse por el precio que ésta tendrá en el mercado.
Durante el mes de julio de 2015 se ha contabilizado el menor número de casos desde que  empezó la epidemia: un solo contagio en Liberia y cada semana se han producido una media de 30 casos en Sierra Leona  y  Guinea, pero en este país el 25 % de los casos de Ébola  se han identificado después del fallecimiento.

Es posible que aún vayan contabilizándose casos aislados, pero parece que la epidemia está en regresión , casi ya finalizada en Liberia, pero todavía en algunas zonas de los otros dos países continúa sin control . Los expertos creen que tarde o temprano se producirá otro brote. Es prioritario aprovechar este período sin la presión de la enfermedad para reforzar los sistemas de salud de los países más vulnerables y prepararles para la próxima epidemia. Por otra parte, el ébola se llevó por delante las estrategias y recursos de esos países contra otras enfermedades que provocan incluso más muertes cada año, como la malaria o la tuberculosis. Es también prioritario que la Comunidad Internacional ayude a los países de la zona en este aspecto.
Volvamos al precio. Aunque es cierto que existe un fondo de 300 millones de dólares para financiar la distribución de la vacuna, aún no sabemos qué coste tendrá, ni cómo o quién lo pagará cuando llegue la próxima epidemia. No se trata de restarle méritos al laboratorio que la ha desarrollado, pero no debemos perder de vista que el trabajo básico de investigación de la vacuna lo ha llevado a cabo una institución pública como es la Agencia de Salud Pública de Canadá. Desconozco los detalles de esa cesión, ni quién mantiene la patente, pero no hubiera estado de más que dicha patente hubiera sido entregada a la Organización Mundial de la Salud y este organismo la cediera a varios laboratorios para evitar -ya lo hemos visto en el pasado- que se hiciera negocio con ella.
De nuevo nos viene a la memoria el ejemplo de Jonas Salk, que descubrió y desarrolló la primera vacuna contra la poliomielitis, que salvó millones de vidas y evitó el sufrimiento a decenas de millones de personas, y rechazó patentarla para que fuera accesible para todo el mundo. «No se puede patentar el sol», dijo cuando le preguntaron quién era el dueño de la vacuna. En estos días en los que vivimos aquella generosidad de Salk nos parece casi una utopía. Esperemos que cuando llegue la próxima epidemia no tengamos que reclamar que el acceso a la vacuna sea accesible para todos los que la necesiten.
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