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Tuaregs en Mali

Sahel: los refugiados de Mali, en riesgo de ser olvidados

Sahel: los refugiados de Mali, en riesgo de ser olvidados

Mali se enfrenta a su peor crisis humanitaria desde hace 20 años, provocada por una combinación de inseguridad alimentaria que afecta a alrededor de tres millones de personas, combinada con 93.500 desplazados internos en el norte del país, cuyo paradero y estado es incierto, y 113.000 refugiados que han huido a países vecinos. Se calcula que este año entre 175.000 y 220.000 niños sufrirán desnutrición aguda.
Tuaregs en Mali
Tuareg en Mali, donde encabezan una rebelión contra el gobierno.
Foto: Tugela Ridley/IRIN

 

La dificultad de acceder al norte del país y la suerte que corren los refugiados que han abandonado Mali, es otro problema añadido en una situación que refleja la falta de interés de la comunidad internacional por la situación del Sahel. «Hasta ahora las agencias de ayuda no han tenido mucho acceso a esta zona. Es una crisis ignorada y difícil de vender”, dice Helen Caux, responsable de Comunicación en África Occidental de la Agencia de Refugiados de la ONU (ACNUR).

La llegada de tantos refugiados se produce en un momento difícil para muchos de los países vecinos de Mali, donde nueve millones de personas se enfrentan a una grave crisis alimentaria después de las malas cosechas de 2011, con tasas de malnutrición grave en los niños superiores al 15%.

Muchos malienses comenzaron a huir al norte en enero, cuando se recrudecieron los combates entre el Ejército de Mali y el MNLA, el grupo rebelde formado por tuaregs. ACNUR está liderando la respuesta para atender a los refugiados en Burkina Faso, Níger y Mauritania. Hasta el momento, han huido 113.000 malienses: 40.000 a Mauritania, 23.000 a Burkina Faso y 19.000 a Níger. El resto han huido a otros países, como Argelia.

Respecto de los desplazados internos, unas 120.000 personas han buscado refugio en casa de familiares, amigos, en asentamientos temporales y en aldeas de acogida en los alrededores de las zonas de conflicto como Menaka, Kidal – donde se está complicando la situación con enfrentamientos armados- y Gao, donde los rebeldes del MNLA rodean la ciudad.

Inseguridad en el norte

Desde el Comité Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja (CICR) han expresado su preocupación por la dificultad del acceso a los desplazados en las zonas más aisladas del norte de Malí y la seguridad de su personal. Hay zonas especialmente complicadas, como Menaka, al este del país, ahora en poder del MNLA, y donde se han concentrado muchos desplazados que viven en la periferia de la ciudad. Las prioridades allí son conseguir alojamiento y comida, en una zona especialmente vulnerable a la sequía. Esos desplazados no saben qué hacer, si quedarse en una zona que puede ser atacada por el Ejército, o marcharse a otro lado.

Médicos del Mundo se vio en principio obligada a reducir sus actividades en el norte debido a la inseguridad, pero las han reanudado. A pesar de la inseguridad, Médicos Sin Fronteras ha iniciado recientemente programas de salud en Kidal y Tombuctú.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) está trabajando estrechamente con el CICR en la negociación y firma de acuerdos con ONG para tratar de llegar a los 120.000 desplazados en el norte con la ayuda alimentaria. El plan es tratar de llevar ayuda a 1,2 millones de malienses, incluidos los desplazados, pero hasta ahora el PMA sólo tiene medios para cubrir el 38 por ciento de sus necesidades.

Según el PMA en Níger, los alimentos se distribuyen a todos los refugiados malienses en diferentes lugares, pero todavía no a la población local. Los refugiados llegan desde Mali exhaustos y hambrientos, pero la situación de los propios habitantes de Níger es complicada. Muchos llegaron con su ganado, su única fuente de ingresos, lo que supone una complicación para la organización de los campos de refugiados. Además, el agua es un bien escaso y prioritario. De momento, la población local está compartiendo sus pozos, pero a medio o largo plazo podría suponer un problema, teniendo en cuenta, además, que gran parte del agua disponible no es potable. Ésta deberá ser proporcionada por las organizaciones de ayuda humanitaria.

Otro problema añadido es el alojamiento de los malienses semi-nómadas, procedentes del norte del país, que no se sienten cómodos en campamentos de refugiados y prefieren instalarse por su cuenta en las afueras de las poblaciones a pesar de que la inseguridad puede ser mayor. Hasta el momento, el ACNUR ha transportado a 2.000 de los 4.700 refugiados que se refugiaban en la aldea de Sinegodar cerca de la frontera de Malí, a un campamento en Abala, 84 kilometros de la frontera.

Burkina Faso

La mayoría de los refugiados malienses en Burkina Faso se han instalado en las regiones del norte, golpeadas por la sequía. Según las autoridades locales, los refugiados han sido bien recibidos por la población. ACNUR y MSF han comprobado que, a pesar de llegar debilitados y hambrientos por la dureza del camino, los refugiados no presentan, en general, un estado demasiado calamitoso. No hay epidemias y el número de fallecidos por el camino, en su mayoría niños, no ha sido demasiado alto.

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