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Pilar Estébanez

Kunduz no ha sido un daño colateral, sino un crimen de guerra

Kunduz no ha sido un daño colateral, sino un crimen de guerra

Pilar Estébanez, médico y presidenta de la Sociedad Española de Medicina Humanitaria

Doce trabajadores humanitarios de Médicos Sin Fronteras (MSF) han muerto junto a siete civiles tras el bombardeo de un hospital en Kunduz (Afganistán) por fuerzas de la Coalición Internacional de la OTAN. Estas muertes se suman a los más de 120 trabajadores humanitarios que han muerto desde el verano de 2014, muchos de ellos víctimas de las situaciones de conflicto y la inseguridad, los ataques de grupos terroristas a sedes de las ONGs o víctimas de secuestros o de accidentes de tráfico mientras cumplían con su trabajo. En esta ocasión hay una diferencia importante: estos doce trabajadores han muerto víctimas de un ataque deliberado realizado por fuerzas estadounidenses a sabiendas de que se trataba de una instalación civil donde sólo había personal civil y pacientes.

 

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Según han declarado los responsables de MSF las autoridades militares conocían de sobra las coordenadas del hospital, e incluso fueron avisados de que estaban bombardeando un hospital en el que no había combatientes. Por tanto, no podemos aceptar que las autoridades hayan calificado esta masacre como “trágico incidente”, ni las “profundas condolencias” del presidente Obama aduciendo la excusa de que buscaban talibanes, puesto que detrás de estas huecas declaraciones no hay más que una intención de eludir las responsabilidades y lograr la impunidad de los culpables.
Obama ha declarado que va a esperar a tener todos los resultados de las investigaciones antes de hacer un juicio definitivo sobre “las circunstancias de la tragedia”. Como en tantas otras ocasiones. El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, ha exigido también una investigación “imparcial” que exija responsabilidades. Pero ¿quién va a investigar? ¿Estados Unidos? Ya tenemos experiencia en sucesos similares y en investigaciones de incidentes parecidos y sabemos cuáles han sido los resultados: la impunidad que Estados Unidos garantiza a sus fuerzas militares cuando actúan en el extranjero.
Las leyes humanitarias, el Derecho Internacional Humanitario, como recordó el secretario general de la ONU, protegen explícitamente los hospitales y el personal médico. En esta ocasión se ha violado deliberadamente una ley internacional. Se trata, por tanto, de un acto criminal que debe ser juzgado sin dilaciones. El propio representante de Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos coincidió con Ban Ki-Moon en la exigencia de una investigación y añadió que el ataque puede ser considerado como “un acto criminal”.
“Los agentes militares internacionales y afganos tienen la obligación de respetar y proteger a los civiles en todo momento y las instalaciones médicas y sus profesionales son objeto de protecciones especiales”, afirmó su director, Zeid Ra’ad Al Hussein, en un comunicado. “Estas obligaciones deben aplicarse independientemente de qué fuerzas están implicadas y cuál sea su localización”.
Este  ataque de las fuerzas militares estadounidenses aunque, sea bajo el paraguas de la OTAN, supone  una de las más graves violaciones del Derecho Internacional Humanitario desde la creación de la ONU y la proclamación de las Leyes Humanitarias, perpetrado por fuerzas militares, sin un contexto de atentado terrorista ni de grupos rebeldes en batalla. Los ataques a trabajadores humanitarios hasta ahora eran cometidos por grupos terroristas o grupos rebeldes en los conflictos. Así han muerto trabajadores de Cruz Roja, o de Médicos del Mundo, cuyos autores aún están siendo perseguidos por la Justicia Universal.
Digan lo que digan las investigaciones, en este caso está claro que ha sido un ataque deliberado: los responsables de la matanza conocían la situación del hospital, puesto que MSF, como hace habitualmente, había proporcionado el pasado 29 de septiembre a las fuerzas militares las coordenadas GPS del centro hospitalario, precisamente para evitar un posible bombardeo por error. A pesar de ello, el hospital fue bombardeado repetidamente, en intervalos de 15 minutos, por varias oleadas. El edificio principal del hospital, que alberga la unidad de Cuidados Intensivos, las Salas de Emergencia y la sala de Fisioterapia, fueron golpeado repetidamente con mucha precisión durante cada incursión aérea, mientras que los edificios circundantes quedaron en su mayoría intactos.
MSF aseguró en una declaración que nueve minutos después de la primera oleada el personal de la organización telefoneó a funcionarios de la OTAN en Kabul y a militares en Washington. Sin embargo, los bombardeos continuaron.

No es un daño colateral

No se puede aceptar que se considere este acto como “un daño colateral”. Más bien, este ataque ha provocado daños colaterales, puesto que ha suprimido de un plumazo la atención traumatológica a la población de Kunduz, un servicio considerado muy necesario. En apenas una semana el hospital había tratado a 394 heridos civiles. En el momento del ataque aéreo había 105 pacientes y sus cuidadores en el hospital, junto a más de 80 trabajadores internacionales y nacionales de MSF. Este hospital es la única instalación con servicios de traumatología y cirugía en toda la región del noreste de Afganistán, y proporcionaba atención gratuita que salvaba vidas.
La excusa de que las fuerzas aéreas estaban atacando a combatientes talibanes que aparentemente se habían refugiado en el hospital tampoco se sostiene. MSF niega que en sus instalaciones hubiera más que personal médico y los civiles que estaban siendo atendidos.
No es la primera vez que Estados Unidos se encuentra en el punto de mira por causar víctimas civiles con sus operaciones aéreas. El pasado julio, diez soldados afganos también resultaron muertos por error cuando aviones norteamericanos atacaron la presa que vigilaban en la provincia de Logar, al este del país. Durante los 14 años que ya dura la guerra de Afganistán han sido numerosos los casos de bombardeos a bodas, reuniones tribales y otros accidentes que han terminado minando la confianza de los afganos por incumplimiento de sus propias leyes atacando y produciendo muertes entre la población civil.
Según la ONU, Estados Unidos es responsable del 1% de las muertes de civiles en Afganistán, lo que supone un total de 19.368 personas muertas desde 2009. En el transcurso de este año han muerto 1.592 civiles y otros 3.329 han resultado heridos, un aumento con respecto a años anteriores, incluso superior a 2014, el año con más víctimas desde el comienzo de la guerra en 2001.
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