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Dos años sin país: el drama de los rohingya

Héctor Alonso

Más de un millón de personas se hacinan en los campos de refugiados de Bangladesh, sin perspectivas de regresar a sus hogares

Héctor Alonso

Hace dos años, en agosto de 2017, se produjo la mayor oleada de refugiados rohingya de la historia. No era la primera vez que personas de esta etnia abandonaban Myanmar. En 2015 ya se produjo una huida masiva en embarcaciones, los «boat people», que huían de la represión llevada a cabo contra ellos en la antigua Birmania. En 2017, sin embargo, la práctica totalidad de los miembros de esta etnia de religión musulmana cruzaron la frontera con Bangladesh huyendo de lo que ha sido definido por las Naciones Unidas como «una limpieza étnica de manual». La ONU también habla de «genocidio».

Más de 750.000 personas atravesaron la frontera y se establecieron en uno de los países más pobres del mundo, Bangladesh, donde ya habían buscado refugio decenas de miles de miembros de su etnia. Allí permanecen todavía, sumando un total de un millón de refugiados. Los testimonios de los refugiados hablan de asesinatos en masa, violaciones e incendios, y la ONU tiene un grueso dossier de acusaciones contra el gobierno de Myanmar.

Los rohingya están considerados como apátridas: en Myanmar no les reconocen la nacionalidad y son considerados extranjeros. No tenían derecho a la propiedad y sus tierras -dedicadas en su mayoría al cultivo del arroz- han sido expropiadas por el gobierno de Myanmar. No quieren volver, y si lo hicieran no tendrían a dónde: la mayoría de sus aldeas han sido quemadas, así como sus escuelas o mezquitas según se comprobó mediante drones.

Este último éxodo se produjo tras la represión llevada a cabo por las fuerzas armadas y de la policía de Myanmar después de que un grupo armado rohingya atacara varios puestos de policía. Civiles de religión budista con armas de fuego y machetes atacaron varios pueblos rohingya en julio y agosto de 2017. También fuerzas de seguridad. Según la ONU se produjeron crímenes contra la población civil que deben ser investigadas porque podrían constituir crímenes contra la humanidad.

La red social Facebook fue también acusada por permitir que muchos usuarios con gran peso en Myanmar, especialmente sacerdotes budistas, llamaran a la población a atacar a los rohingya y expulsarles del país.

En el punto de mira de la prensa internacional se situó entonces sobre la premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, actual ministra de Asuntos Exteriores de Myanmar y Consejera de Estado, por su aparente pasividad ante las violaciones de los derechos humanos de la minoría rohingya. Ya le han sido retirados el Premio de la Libertad de Oxford y el Premio Elie Wiesel del Museo del Holocausto y varios premios Nobel de la Paz le han criticado tras visitar los campos de refugiados en Bangladesh. También se han formulado peticiones para que se le retire el Nobel de la Paz con el que fue galardonada en 1991.

Este domingo, con motivo del segundo aniversario de la huida de Myanmar, decenas de miles de rohingya se manifestaron en los campos de refugiados y rezaron recordando a las víctimas de la represión. Este mismo sábado las fuerzas de seguridad de Myanmar mataron a dos rohingya acusados del asesinato de un miembro del partido gobernante.

Los planes de retorno han fracasado hasta el momento. El último trataba de facilitar el retorno de más de 3.000 refugiados, que se negaron a ser trasladados de nuevo a Myanmar. Han perdido sus tierras y sus aldeas y el plan del gobierno de Aung San Suu Kyi consiste en instalarles en asentamientos construidos específicamente para ellos en otras zonas, algo que no están dispuestos a aceptar.

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