Somalíes desplazados en un campo cerca de Mogadiscio

Opinion: los parias del mundo

Opinión

Los parias del mundo

Por Pilar Estébanez, presidenta de SEMHU.

Para muchos expertos, la situación que se está viviendo hoy en el Cuerno de África (Somalia, Etiopía y Kenia), donde están muriendo por hambre y enfermedad centenares de personas cada día, era ciertamente previsible. En primer lugar, las sequías son cíclicas en la zona. Hasta hace unos años, aproximadamente había una hambruna por sequía cada diez años. Ahora parece que el proceso se ha acelerado, y hay hambrunas por sequía casi cada año.

Somalíes desplazados en un campo cerca de Mogadiscio
Desplazados somalíes en un campo cerca de 
Mogadiscio.

 

En segundo lugar, nadie ha conseguido terminar con el conflicto armado que ha destrozado Somalia desde hace muchos años y que ha convertido este país en pasto de los señores de la guerra. Desde la intervención fallida de Estados Unidos en 1992-93, el territorio de ese país ha ido fragmentándose hasta desaparecer toda autoridad civil. No existe nada parecido a un sistema sanitario y los niños no son vacunados.

Si unimos ambas circunstancias –guerra y sequía-, la combinación es explosiva.

Etiopía, después de sufrir terribles hambrunas, en la memoria de todos, puso los cimientos para crear un sistema preventivo que permitió evitar esas imágenes tan desoladoras. Pero el sistema se está viniendo abajo debido a la afluencia masiva de refugiados procedentes de Somalia. Hasta el momento, más de 400.000 refugiados somalíes se han concentrado en los campamentos de refugiados etíopes, a donde llegan a un ritmo de más de 1.500 al día en pésimas condiciones de salud y con los niños sin vacunar por culpa de la política anti vacunación de los señores de la guerra. Esta negativa está provocando que el sarampión, unido a las malas condiciones de los menores al llegar a los campos, esté causando estragos: más de 10 niños mueren cada día por sarampión y enfermedades que serían leves en otros países en algunos campos de refugiados (Kobe, por ejemplo), como ha denunciado ya ACNUR.

Y Kenia, por su parte, ha llevado a cabo una política errónea que ha favorecido la agricultura en el norte, frente a la ganadería y ahora, después de un prolongado período de sequía, se encuentra que la agricultura de esa zona se ha hundido y los ganaderos no tienen pasto para alimentar su ganado ni comida para sus familias debido a los altos precios del grano. Sólo en Kenia más de 3,5 millones de personas dependen de la ayuda alimentaria para sobrevivir durante estos meses.

Nos encontramos, así, ante una situación de una extremada complejidad que no va a hacer más que empeorar según pasan los meses y aumenta el número de refugiados que deambulan de un lado a otro de las fronteras de esos países.

Por otra parte la doctrina del Departamento de Estado norteamericano de no negociar con facciones acusadas de terrorismo, como los señores de la guerra de Somalia, por su connivencia con Al Qaeda, ha supuesto que el que fue principal donante de ayuda humanitaria en la zona haya reducido sus ayudas y créditos al mínimo, cuando es más necesario que nunca el apoyo alimentario y sanitario a esa población.

Desde las Agencias Internacionales se está pidiendo que en circunstancias como estas se piense primero en la población vulnerable –más de diez millones de personas están en peligro, según estimaciones de ACNUR- y después en la política.

La palabra clave es negociar. Negociar para que los señores de la guerra dejen llegar ayuda alimentaria a la población que lo necesita. Negociar para que las vacunas contra el sarampión –que está empezando a hacer estragos entre los niños de los campos de refugiados y desplazados- no se retrasen en las fronteras y aduanas. Negociar para que los equipos médicos puedan llegar a los desplazados y refugiados. Negociar para permitir la entrada de alimentos.

Después habrá que pensar en qué podemos hacer para que Somalia deje de ser el país paria del mundo.
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