La violencia contra las mujeres aumentó durante la segunda ola del COVID

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Las principales víctimas: mujeres y niñas refugiadas, desplazadas y apátridas

Héctor Alonso

Durante la primera ola de la pandemia por COVID-19 se registró un aumento de la violencia contra las mujeres en muchos lugares del mundo, y durante la segunda ola el número de denuncias ha aumentado, según datos de ACNUR, la agencia de Naciones Unidas para los Refugiados. La violencia se está cebando especialmente en las mujeres y niñas refugiadas, desplazadas y apátridas.

“Estamos recibiendo informes alarmantes de fuertes aumentos en los riesgos de violencia de género, incluida la violencia de pareja, la trata, la explotación sexual y los matrimonios infantiles”, según declaró ayer Filippo Grandi, Alto Comisionado de ACNUR, durante la conmemoración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Según el Grupo de Protección Global liderado por ACNUR, formado por agencias de la ONU y ONG que trabajan con víctimas de crisis humanitarias, se ha registrado un aumento de la violencia de género en al menos 27 países. Durante este período también ha crecido el intercambio de sexo por dinero como mecanismo de supervivencia en otros veinte países y los matrimonios forzados de menores.

Refugiadas y desplazadas

Los peores datos llegan de Camerún: un 26 por ciento de los incidentes de violencia de género están relacionados con niñas. En la República Centroafricana, donde la cuarta parte de los habitantes del país son desplazados, se registra un incidente de violencia de género cada hora, y eso a pesar de que las redes de alerta solo cubren el 42 por ciento del territorio.

Otro colectivo especialmente afectado por la violencia de género son las mujeres venezolanas migrantes y refugiadas en Colombia: los incidentes han aumentado en un 40 por ciento. En la propia Colombia las denuncias telefónicas por violencia han aumentado en un 153 por ciento.

En otros países, como Zimbabue, los incidentes han aumentado en un 56 por ciento.

Respecto de la mayor comunidad de refugiados del mundo, la formada por la etnia rohingya en Bangladesh, las encuestas muestran que el 42 por ciento de los refugiado y refugiadas reconocen que ha aumentado la inseguridad para mujeres y niñas en los campamentos en el seno del hogar, especialmente la violencia contra la pareja.

Otra consecuencia de la crisis provocada por la pandemia ha sido el aumento del riesgo de matrimonios forzados de niñas, como recurso de las familias para obtener ayuda económica, en países donde ya existían altas tasas de esta práctica antes de la pandemia.

Uno de los desencadenantes de este aumento de la violencia, según ACNUR, es la crisis económica provocada por el confinamiento, agravada porque el propio confinamiento hace más difícil denunciar o escapar del hogar donde se ejerce la violencia.

 

 

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