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La ruta migratoria más peligrosa del mundo pasa por Yemen

Mapa de la ruta que siguen los migrantes del Cuerno de África para llegar a Yemen

La ruta migratoria de Yemen crece un 50 por ciento y supera a la ruta del Mediterráneo

La mayoría de los migrantes son etíopes y somalíes que tratan de llegar a Arabia Saudí

 

Héctor Alonso

La ruta migratoria más peligrosa del mundo no es la del Mediterráneo, y además superará a ésta en 2018. Se trata de la ruta de Yemen, utilizada masivamente por etíopes (92 por ciento) y somalíes. Uno de cada cinco migrantes son menores de edad, muchos de ellos no acompañados. Es un viaje peligroso que los migrantes del Cuerno de África llevan haciendo desde hace al menos cinco años, y que no solo no ha disminuido a pesar de la guerra, sino que está aumentando.

Etíopes y somalíes cruzan en frágiles embarcaciones el Golfo Pérsico para llegar a Yemen, cuya costa está relativamente cerca, y después tratan de atravesar Yemen para llegar a Arabia Saudí o a alguno de los países de la península arábiga, donde tienen la esperanza de lograr trabajo, con sueldos mucho más altos de los que tendrían en sus países. Según la Organización Mundial de las Migraciones (OIM) este año lo intentarán 150.000 personas, el doble que en 2017. Esa cifra supera con creces a los que llegaron a Europa este año tras atravesar el Mediterráneo (107.000) después de cruzar el norte de África.

Para la OIM se trata de una emergencia, pues es quizás el mayor movimiento de personas que tratan de llegar a otro país en este momento, si exceptuamos la migración venezolana (tres millones de personas en los últimos años).

La ruta empieza en sus lugares de origen. La primera etapa es Djibouti, y desde allí tratan de conseguir una embarcación para atravesar el Golfo de Adén, una travesía peligrosa que ahora es la ruta migratoria más transitada del mundo. Sobre el peligro de esta ruta hablan los datos: más de 700 muertos contabilizados desde 2014, 156 este año, aunque la cifra real de muertes según la OIM es mucho mayor, dado el escaso monitoreo y control de dicha ruta.

Obligados a saltar

Es frecuente que los traficantes de personas obliguen a los migrantes a saltar de los botes antes de haber alcanzado la costa, por lo que muchos se ahogan. No hay denuncias ni testimonios y desconoce la cifra real de muertos. Muchas veces ni se cuentan los cadáveres que aparecen en las playas.

La esperanza de estos migrantes es un trabajo en algún país del Golfo. Huyen del hambre provocado por la sequía y del desempleo.

Muchos, sin embargo, consiguen llegar a Arabia Saudí, pero no son bienvenidos. Desde noviembre de 2017, fecha en la que terminó el plazo para el regreso voluntario a su país, Arabia Saudí ha estado expulsando cada mes una media de 10.000 etíopes. Más de 100.000 hasta ahora.

Para las mafias que trafican con personas es un gran negocio, puesto que el caos provocado por la guerra en Yemen facilita el paso de migrantes ilegales. Las fronteras no están demasiado vigiladas, por lo que resulta relativamente fácil atravesarlas. Sin embargo el peligro no viene solo de los guardias fronterizos: tienen que atravesar campos de minas, hay tiroteos frecuentes y accidentes de tráfico en carreteras deterioradas y peligrosas, por no hablar de los secuestros. Y una vez que llegan a Arabia Saudí tienen que atravesar grandes distancias por el desierto. Allí tampoco les esperarán con los brazos abiertos: están condenados al trabajo ilegal y en condiciones espantosas, o abocados a la expulsión.

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