Mali: las nuevas tecnologías agrícolas pueden vencer al hambre

Los nuevos métodos para cultivar arroz están permitiendo multiplicar las cosechas y combatir el cambio climático

Fundación Thomson Reuters

Mali, un país ocupado en gran parte por el desierto, está teniendo éxito en el desarrollo de nuevos métodos y tecnologías agrícolas para lograr lo imposible: una mayor producción de arroz con menos agua y más resistente al cambio climático.

En las cercanías de la ciudad de Tombuctú, la capital del desierto, los cultivos parecen un espejismo. Los agricultores están logrando obtener hasta nueve veces más rendimiento en sus cosechas de arroz, algo impensable hasta hace poco tiempo.

Se trata de una nueva técnica de cultivo, que está produciendo asombro a los expertos, y que podría extenderse a otras zonas del país. Mali es un país azotado periódicamente por las crisis alimentarias, y está sufriendo las consecuencias del cambio climático: largas sequías seguidas de inundaciones, que en este y otros países africanos, arruinan cosechas y empujan a la población a la escasez y el hambre.

Mali está aplicando con gran éxito una nueva técnica agrícola, conocida como “intensificación del arroz”, que fue ensayada en Madagascar en 1983 y que está funcionando en Mali. En este país el consumo medio de arroz es de 72 kilos por persona al año. Es decir, es un alimento básico y su demanda sigue creciendo.

El Sistema de Intensificación del Arroz (ISR), el nuevo método de producción de arroz, implica plantar menos semillas de las variedades tradicionales de arroz y cuidarlas metódicamente.

Las plantas de semillero se trasplantan a una edad muy temprana y se espacian ampliamente. El suelo está enriquecido con materia orgánica y debe mantenerse húmedo, aunque el sistema utiliza menos agua -un cuarenta por ciento menos- que el cultivo tradicional de arroz.

El SRI se usa tanto en tierras irrigadas como no regadas, lo que significa que es posible cultivar arroz incluso en el desierto de Malí, según han demostrado los ensayos llevados a cabo por la estadounidense Agencia para el Desarrollo Internacional.

Esta técnica de cultivo la utilizan veinte millones de agricultores en 61 países, incluidos Sierra Sona, Senegal y Costa de Marfil, aunque Mali es el escenario más extremo para este tipo de cultivo: el país es mayoritariamente un desierto.

Las plantas de arroz cultivadas siguiendo el método viven más porque, dado que tienen más espacio, más oxígeno y menos agua, sus raíces crecen más grandes y más profundas, por lo que son más resistentes a la sequía y no se deterioran por las inundaciones.

Sin embargo, las grandes empresas productoras de variedades mejoradas híbridas no están recibiendo la noticia con alegría, puesto que supone una competencia con la que no contaban.

Oro blanco

El interés en el SRI se ha incrementado a medida que las sequías y las lluvias irregulares se vuelven más frecuentes, lo que aumenta la urgencia de los esfuerzos por crear un flujo constante de alimentos desde las tierras de cultivo hasta las mesas.

Mali es el segundo mayor productor de arroz de África Occidental, pero aún importa el 18 por ciento de su arroz anualmente. Estas importaciones impiden el máximo desarrollo de su potencial agrícola. Mali es uno de los países que más está sufriendo por la desertización, y más de la mitad de su población adulta padece retraso de crecimiento por la desnutrición que sufrieron siendo niños.

La esperanza es que Mali se convierta autosuficiente en la producción de arroz.

Otro aspecto nada desdeñable es que este tipo de cultivos ayudarán a detener la desertización del país y que son más sostenibles y respetuosos con el medio ambiente, al sustituirse los fertilizantes químicos por orgánicos.

Apoyo de la Unión Europea

La Unión Europea y otros financiadores internacionales han apoyado proyectos de ayuda que alientan esos cultivos en seis de las regiones administrativas de Mali hasta el momento. A pesar de la capacitación ofrecida a los agricultores, uno de los obstáculos a los que se enfrenta la extensión de estas nuevas técnicas es la resistencia de muchos agricultores a abandonar sus métodos tradicionales.

Otro obstáculo es el precio de las máquinas usadas para el trasplante de los brotes de arroz, entre 2.100 y 2.900 dólares por máquina, lo que es inalcanzable para muchos agricultores. También el tiempo necesario para lograr que la cosecha salga adelante desanima a otros. Los plantones se siembran muy jóvenes, con 8 o 15 días de edad, y requieren un cuidado constante. Sin embargo, los que ya cultivan así no se arrepienten, sino que están entusiasmados por el rendimiento: hasta diez toneladas por hectárea en años buenos y hasta siete toneladas por hectárea en años malos, algo excepcional.

Imprimir
Comentarios: 0

Su dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.