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Luchando por la supervivencia: la comunidad gay de Senegal, perseguida y maltratada

  • Las personas LGTB en Senegal se enfrentan diariamente a la violencia y los abusos

Fundación Thomson-Reuters

La violencia y el abuso verbal son hechos cotidianos para muchas personas LGBT en Senegal, pero si quieren denunciarlos, corren el riesgo de ser arrestados por la policía. Omar tenía 10 años cuando fue perseguido y apaleado en su escuela por niños que le gritaban “goor-jigeen”, que significa “hombre-mujer” en wolof, lengua senegalesa. Desde entonces la violencia se convirtió en algo cotidiano. Ahora, a los 22 años, apenas sale de casa por miedo. “Un día podrían matarme. Nos odian”, dice en voz baja en un café de Dakar, la capital.

En los últimos tres años ha sido robado, atacado por una muchedumbre, apedreado en la calle, y arrestado y detenido después de que alguien informara a la policía que era homosexual.

Los portavoces de la policía senegalesa niegan que lleven a cabo arrestos de personas por ser sospechosas de homosexualidad, pero los grupos de derechos humanos aseguran que es algo habitual.

Senegal es un país de mayoría musulmana, con una tradicional tolerancia religiosa. Pero según Human Rights Watch (HRW) y Amnistía Internacional, es uno de los países africanos más agresivos en la aplicación de sus leyes anti-gays.

Un grupo de apoyo local, la Asociación Prudence, asegura que la violencia y el abuso verbal es cotidiano, y que denunciar es jugarse el arresto.

Las personas LGTB en Senegal sufren además el rechazo de sus familias y viven con un miedo constante. Se cambian con frecuencia de domicilio y tratan de pasar inadvertidos. La Asociación Prudence lamenta que mientras en otros países se está luchando por el matrimonio y el derecho de adopción, en Senegal la lucha es por la supervivencia.

No hay justicia

Hace un año Omar estaba con unos amigos en una casa de un barrio de Dakar cuando al rededor de  30 hombres irrumpieron en la casa, les dieron una paliza y les robaron los teléfonos y el dinero. Cuando fueron a denunciar el ataque a la policía, les dijeron que se olvidaran del tema y que se marcharan del vecindario.

El código penal senegalés castiga lo que consideran “actos impropios o antinaturales”, es decir, relaciones con personas del mismo sexo, con de uno a cinco años de cárcel y multas de hasta 1,5 millones de francos CFA (2.700 dólares).

Human Rights Watch ha documentado 39 casos de arrestos bajo esta ley desde 2011 hasta principios de 2016, y recibió docenas de informes de otros que no pudo verificar. En siete casos, personas LGBT fueron arrestadas después de denunciar crímenes de odio a la policía. La organización de derechos humanos transmitió esas denuncias al gobierno, sin respuesta hasta ahora.

La policía responde así: “No se trata de homosexualidad, se trata de actos contra la naturaleza. No se detiene a nadie por ser sospechoso de homosexualidad”.

Sin embargo Omar fue arrestado hace dos años mientras estaba en una fiesta con otros amigos homosexuales y encarcelado durante una semana después de la denuncia de un vecino. Muchos de estos casos no se denuncian, según Amnistía Internacional. Los detenidos suelen ser liberados sin juicio, a menudo tras pagar una multa.

Criminalización de la homosexualidad en África

Treinta y tres de los cincuenta y cuatro países africanos criminalizan la homosexualidad de alguna forma, pero solo 18 han realizado un arresto en los últimos tres años, según el informe de 2017 de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex (ILGA).

Sin apoyo

En una habitación oscura que huele a incienso en un suburbio de Dakar, Moussa (no es su nombre real) mantiene una suerte de refugio. Ya ha acogido a una docena de jóvenes expulsados de sus hogares. “No puedo soportar verles sufrir”, dice Moussa, de 29 años, “son como yo”.

Unas pocas organizaciones, como Prudence, intentan ayudar a las personas LGTB dirigiéndoles  a personas que, como Moussa, deciden ayudarles, pero apenas tienen fondos y ningún apoyo oficial ni poder. Ni siquiera tienen el apoyo de las organizaciones senegalesas de derechos humanos. Y la mayoría de las asociaciones LGTB se centran principalmente en la prevención del SIDA, dejando de lado la lucha por los derechos o el bienestar de estas personas.

“Las asociaciones no hacen nada”, asevera Omar, que contacto con varias cuando llegó a Dakar sin encontrar ningún tipo de apoyo. “No tengo a nadie. Si me enfermo, ¿quién me ayudará?”

Omar y Moussa sueñan con irse de Senegal. Saben que hay países donde es posible solicitar asilo por esta causa, pero no tienen dinero ni saben cómo hacerlo.

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