Las explosiones son la causa de tres de cada cuatro víctimas infantiles en conflictos

Los niños están más expuestos que los adultos a los bombardeos, los atentados suicidas y las minas

Héctor Alonso

Las explosiones de terroristas suicidas, las minas terrestres, las bombas sin detonar y los ataques aéreos causan el 72% de las muertes y lesiones infantiles en las zonas de guerra, según un informe elaborado por Save the Children.

Este informe muestra que los niños sufren más las consecuencias provocadas por las armas explosivas que los adultos y que están más expuestos a ellas. Los supervivencias sufren además con más frecuencia trastorno de estrés postraumático, depresión, ansiedad y agorafobia.

El análisis se ha elaborado con datos de la ONU sobre los cinco conflictos más mortales para los niños: Nigeria, Afganistán, Irak, Siria y Yemen, y con datos revisados por la organización Pediatric Blast Injury Partnership (PBIP), de la cual forma parte Save the Children.

Como respuesta práctica, la ONG ha elaborado un manual de campo innovador para ayudar a los médicos y cirujanos que trabajan con niños heridos por armas explosivas. Se trata de la primera guía mundial sobre los procedimientos necesarios para mantener a los niños con vida y ayudarlos a recuperarse por completo tras haber sufrido lesiones catastróficas causadas por armas explosivas. También incluye orientación específica para ayudar al niño frente al trauma psicológico.

Según los datos de este informe durante 2017, en Afganistán, Irak, Nigeria, Siria y Yemen, 7.364 niños fueron asesinados o mutilados, 5.322 de los cuales fueron víctimas de armas explosivas. En Afganistán, las armas explosivas fueron la causa de la muerte en el 84% de los casos en que murieron niños, en comparación con el 56% de las muertes de adultos civiles. Los niños tienen el doble de posibilidades de morir por cohetes, morteros y granadas que los adultos. En Nigeria la mitad de las víctimas infantiles en 2017 se debieron a ataques suicidas.

Los huesos de los niños son más frágiles, igual que el cráneo, por lo que tienen una mayor probabilidad de sufrir deformidades a largo plazo a consecuencia de una explosión o incluso lesiones cerebrales.

Otra vulnerabilidad de los niños es la curiosidad. Las municiones sin explotar, a veces de pequeño tamaño y de aspecto llamativo, pueden ser confundidas con juguetes.

Tras el conflicto, también tienen más riesgo. En Ucrania, por ejemplo, hay centenares de minas sin explotar en un área en la que viven más de 220.000 niños.

En Gaza el 100% de todas las muertes infantiles reportadas en 2014 se debieron a armas explosivas.

Secuelas no solo físicas

Las secuelas físicas de las armas explosivas en los niños se combina con un alto coste psicológico: el 84% de los adultos y casi todos los niños dicen que los bombardeos continuos fueron la causa número uno de estrés. El análisis también ilustra cómo los sistemas de salud diezmados por años de conflicto no cuentan con los recursos suficientes para tratar las lesiones por explosiones infantiles «únicas e inusuales», y que carecen de elementos esenciales como torniquetes diseñados para niños o protocolos de transfusión específicos para niños. La mayor parte de los médicos no han sido capacitados para tratar niños heridos por explosiones y la literatura médica está basada en investigaciones hechas sobre soldados heridos, que son adultos.

Los cráneos de los niños no están completamente formados, y sus músculos no desarrollados ofrecen menos protección, por lo que es más probable que una explosión dañe su cerebro y pulmones o desgarre órganos en su abdomen, incluso cuando no hay daño visible. «Cuando los niños sufren lesiones severas en las piernas y los brazos, se necesita un conocimiento muy especializado para saber dónde amputar para poder tener en cuenta el crecimiento futuro. Sin eso, a los niños les quedan peores discapacidades y, a menudo, un dolor de por vida insuperable», dice el informe.

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