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Las diez crisis que se desarrollarán en 2019

Héctor Alonso

Algunas de las crisis que requirieron la atención de los medios de comunicación y de las grandes agencias de ayuda humanitaria en 2018 se prolongarán durante este año. Otras, que ya se insinuaban a lo largo de los últimos años, se manifestarán en toda su crudeza.

1.- Desplazamiento por el cambio climático: ya ha comenzado una crisis que empeorará en el futuro.

Desde el aumento del nivel del mar hasta la sequía prolongada o los fenómenos atmosféricos impredecibles y catastróficos, todo indica cómo puede ser nuestro futuro si los factores que están propiciando el cambio climático no se modifican. Lo que es ya una realidad es el desplazamiento de un número creciente de personas en todo el mundo, que está ya requiriendo grandes presupuestos para ayuda humanitaria por parte de los gobiernos y los organismos internacionales.

Durante 2018 la sequía afectó a millones de personas en amplias zonas del mundo: Asia Central, Centroamérica, El Sahel o Corea del Norte. En Afganistán la sequía provocó tantos desplazados como la guerra en 2018, y lo peor está por llegar.

En Somalia, la escasez de alimentos debido a la sequía, las inundaciones posteriores y la guerra se han combinado para empujar a cientos de miles de personas de sus hogares en busca de la supervivencia.

En los estados isleños del Pacífico muchos gobiernos están preparando ya planes de contingencia para trasladar comunidades enteras de forma permanente. Ya han comenzado algunos traslados.

El Banco Mundial ha realizado una estimación por la que 143 millones de personas tendrían que desplazarse dentro de sus propios países en 250 por culpa del cambio climático, sobre todo en África Subsahariana, el Sudeste Asiático y América Latina.

Por si fuera poco en febrero de este año se prevé con una probabilidad del 80 por ciento un evento débil de El Niño, lo que podría desestabilizar aún más las inestables precipitaciones y patrones de temperatura de todo el mundo, agravando las consecuencias de los fenómenos relacionados con el cambio climático.

2.- Siria: aún no ha terminado la guerra

Aunque la victoria del presidente Bashar al-Assad se ve cada vez más como un hecho consumado, aún grandes zonas del país permanecen bajo control de los rebeldes y los islamistas, después de ocho años de guerra civil. Los rebeldes de Damasco ya han sido derrotados y en el exterior parece que Al-Assad está logrando apoyos: la Liga Árabe podría readmitir a Siria de nuevo, después de que fuera expulsada en 2011.

Sin embargo, los más de tres millones de sirios que viven en zonas controladas por los rebeldes, sobre todo en la provincia de Idlib, fronteriza con Turquía, demuestran que la guerra está lejos de finalizar. Kurdos y restos del Estado Islámico se enfrentan entre sí y al gobierno por el control de una zona que actualmente está en calma tras el acuerdo firmado entre Turquía y Rusia. Otras 45.000 personas están atrapadas en zona de nadie junto a la frontera de Jordania. Y no podemos olvidar a los más de cuatro millones de sirios refugiados en otros países.

3.- Inseguridad de los humanitarios

En las áreas inseguras donde hay peligro o el acceso de las organizaciones humanitarias es limitada, muchas organizaciones están comenzando a “subcontratar” a grupos locales, que son quienes acaban corriendo los riesgos. Es lo que en la jerga del sector se llama “gestión remota”. Es una práctica cada vez más extendida que provoca dilemas éticos y morales.

Desde Afganistán y Siria hasta la República Centroafricana y Sudán del Sur, la violencia está empujando a los grupos de ayuda internacional a reconsiderar sus operaciones en áreas de conflicto, ya que las normas que alguna vez se aceptaron de proporcionar acceso humanitario de manera segura a los trabajadores humanitarios se violan repetidamente.

Frente a las amenazas los grupos de ayuda internacional confían cada vez más en los locales, pero estos no siempre cuentan con los recursos para mantenerse seguros. En 2017, casi la mitad de los 300 trabajadores humanitarios asesinados, secuestrados o heridos durante su misión trabajaban para organizaciones no gubernamentales locales. Nueve de cada diez ataques en 2018 fueron contra trabajadores locales.

A pesar de asumir un mayor riesgo, las ONG locales se quejan de que no siempre tienen los medios para mantenerse seguros. Sin financiación directa de los donantes, se ven a menudo obligadas a aceptar subvenciones a corto plazo que carecen de recursos para la seguridad de los trabajadores. La solución sería que pudieran obtener financiación para proyectos a largo plazo, que permitirían destinar recursos a la seguridad de sus trabajadores.

4.- Etiopía: reformas en riesgo

Etiopía es uno de los países más poblados de África, con 105 millones habitantes. Las liberalizaciones emprendidas por el gobierno podrían provocar más pobreza e inseguridad para millones de personas que viven por debajo del umbral de la pobreza. Las reformas, hasta ahora, han funcionado, pero en 2017 estallaron las tensiones entre distintas comunidades por los recursos. En 2018 1,4 millones de etíopes se han convertido en desplazados y doce millones de personas han tenido que recibir asistencia en los últimos dos años por culpa de los desastres provocados por el clima: sequías e inundaciones.

Etiopía, además, acoge a más de 900.000 refugiados, principalmente de Sudán del Sur, Somalia y Eritrea y combate a los islamistas de al-Shabab.

5.- El retorno de los refugiados. No siempre voluntario

En 2019 los millones de refugiados que han huido de sus países por culpa de la violencia recibirán presiones para regresar a sus países, donde estarán en peligro porque las condiciones que les obligaron a huir no han cambiado. Este año será crucial para las cuatro grandes crisis de refugiados que hay en desarrollo: Siria, Sudán del Sur, Afganistán y Myanmar. Esas cuatro crisis suman más de la mitad de todos los refugiados del mundo.

A pesar de que no hay condiciones, los retornos seguirán, muchas veces bajo el falso epígrafe de “voluntarios”. Muchos son presionados o reciben incentivos para regresar, y acceden porque no han conseguido la reunificación familiar o tienen pocas posibilidades de integración (alojamiento, atención médica, educación…).

ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados calcula que en 2019 regresarán a su país 250.000 sirios, de los 5,6 millones de refugiados de esta nacionalidad. Los que regresan se encontrarán problemas para acreditar su identidad o la posesión de sus hogares, por ejemplo, y escaso acceso a recursos básicos, como la salud, además del riesgo de minas o explosivos sin detonar o la obligatoriedad del servicio militar en una guerra que aún no ha acabado.

En Sudán del Sur, donde un frágil acuerdo de paz está alentando el regreso, los retornados también enfrentan una extrema inseguridad alimentaria y pocos mercados en funcionamiento en una de las economías más subdesarrolladas del mundo.

Los afganos que huyen de la guerra ahora tienen más dificultades para encontrar refugio en el extranjero, y cientos de miles de afganos en Pakistán e Irán se enfrentan a cada vez más presión para regresar a un país aún en conflicto, con escasez de tierra segura y oportunidades de empleo, en un escenario en el que la retirada de Estados Unidos podría provocar una nueva avalancha de refugiados.

Mientras tanto, los rohingya refugiados en Bangladesh, más de 800.000 personas, permanecen en un limbo: se les ha negado la ciudadanía en su país natal, Myanmar y Bangladesh ya ha dicho que no puede acoger permanentemente a casi un millón de refugiados. Para ellos 2019 será un año incierto.

La doctrina de la ONU es respetar la no devolución forzosa de los refugiados, y esta se debe hacer con seguridad y siempre de forma voluntaria. Sin embargo, no sería la primera vez que esta doctrina no es respetada.

6.- Auge de las enfermedades infecciosas.

Los países que experimentan crisis humanitarias están viviendo la reaparición de enfermedades que ya habían sido olvidadas; por ejemplo, la difteria. Esta enfermedad, casi desconocida ya, regresó para extenderse en Yemen, Venezuela y entre los refugiados rohingya de Bangladesh. Las crisis humanitarias están propiciando el auge de otras enfermedades, que podrían extenderse como la pólvora: cólera, ébola, malaria, sarampión, MERS, fiebre amarilla y Zika.

A pesar de los avances médicos y los modernos procedimientos organizativos y de prevención las epidemias y las enfermedades infecciosas siguen siendo una de las causas más comunes de muerte en muchos países atrapados en conflictos o desastres naturales. En lugares como Sudán del Sur, con sistemas de salud débiles debilitados aún más por la guerra, los recursos no están disponibles para tratar incluso enfermedades tratables como la malaria. Como resultado, miles de vidas se pierden innecesariamente. En países afectados por conflictos prolongados, como la República Centroafricana y la República Democrática del Congo (RDC), los años de lucha han diezmado las estructuras de salud. Los grupos armados impiden llegar a los pacientes e imposibilitan las campañas de vacunación contra el sarampión o la fiebre amarilla. Estas circunstancias han hecho que en 2018 el ébola se propague en el este de la RDC. En países en guerra total, como Siria y Yemen, las bombas y los ataques han dejado a los hospitales en ruinas, mientras que la destrucción de la infraestructura de agua y saneamiento ha facilitado la propagación de enfermedades como el cólera.

Si bien los brotes de enfermedades son una preocupación médica, son los problemas estructurales y políticos más grandes los que les permiten prosperar y reaparecer. La combinación de sistemas débiles, fallas en los esfuerzos de prevención, capacidades de respuesta ineficaces y conflicto en curso está haciendo que la atención médica sea una víctima de una crisis y una gran preocupación para los trabajadores humanitarios a partir de 2019.

7.- República Democrática del Congo y Sudán del Sur: política por la paz

2019 es un año político prometedor para la República Democrática del Congo y Sudán del Sur. Mientras el mundo observa si la RDC puede lograr su primera alternancia de gobierno pacífica y si se mantendrá un acuerdo de paz incipiente en Sudán del Sur, el desarrollo de ambas situaciones también conlleva implicaciones importantes para millones de personas que necesitan asistencia humanitaria. Estas dos crisis, aunque apenas aparecen en los medios de comunicación, son equivalentes a las crisis de Siria o Yemen en cuanto a número de refugiados y desplazados.

Sudán del Sur y la RDC son dos de las crisis humanitarias más grandes del mundo, con más de 10 millones de desplazados en ambos países. En la RDC las elecciones para reemplazar al presidente Joseph Kabila, en el poder desde 2001, finalmente tuvieron lugar el 30 de diciembre. Las encuestas, aunque relativamente pacíficas, se vieron empañadas por informes de irregularidades generalizadas y la exclusión de regiones enteras por decisión del gobierno: la epidemia de ébola y la inseguridad fueron las razones aducidas, en regiones donde la oposición al partido del gobierno era mayor, lo que provocó disturbios. Si las elecciones no son consideradas libres y justas la tensión podrían aumentar, regresando la violencia política en el peor momento posible: en medio del peor brote de ébola y con zonas del país sumidas en el caos. Casi 13 millones de personas necesitan asistencia alimentaria.

En Sudán del Sur, el país más joven de la comunidad internacional, viven en guerra casi desde el comienzo de su existencia. Tras cinco años de guerra que ha devastado el país y provocado millones de refugiados y desplazados, se ha firmado un acuerdo de paz. Si funciona, podrían regresar los refugiados y desplazados y comenzar la reconstrucción. Sin embargo, muchos analistas son pesimistas: ya se firmó en 2015 un acuerdo de paz similar que apenas duró el tiempo que tardó en secarse la tinta. Aunque la violencia se ha reducido en algunas partes del país, los grupos armados siguen activos; Los desplazados internos no quieren volver a sus casas por falta de servicios de salud o educación y seguridad.

8.- La legislación antiterrorista y su impacto en la ayuda humanitaria

La aplicación de las normas internacionales contra el terrorismo está provocando situaciones difíciles para muchas ONG. Con la aplicación estricta de esas leyes miles de personas vulnerables se quedarían sin ayuda que salva vidas. Muchas ONG pueden, además, enfrentarse a sanciones muy graves, como le sucedió a la ONG Norwegian People´s Aid, sancionada con más de dos millones de dólares por apoyar a población en Irán y a organizaciones pro-palestinas. Cada vez resulta más difícil para las organizaciones humanitarias ayudar a población civil que vive en países considerados como promotores del terrorismo, o donde existen organizaciones terroristas, como Somalia, Palestina o Siria.

Ayudar a personas que tengan un familiar militando en una organización terrorista puede ser motivo de sanciones para las ONG, que dicen que no tienen capacidad para investigar a los familiares de cada persona a la que ayudan. Por ejemplo, trabajar en Gaza es casi imposible para ONG norteamericanas o que reciban financiación de Estados Unidos: la autoridad que administra hospitales y escuelas es Hamas, considerada como una organización terrorista para Estados Unidos.

En 2019 es previsible que muchas ONG tengan que cerrar sus proyectos en estos lugares conflictivos. Conseguir ayuda para los palestinos y los habitantes de algunas zonas de Siria será particularmente difícil.

9.- El auge del Yihadismo en África

El yihadismo violento continúa ganando terreno en África, gracias a los gobiernos débiles o corruptos que sumen en la miseria a sus ciudadanos.

En Nigeria el Estado Islámico de África Occidental (un grupo escindido de Boko Haram) es ahora la franquicia más letal del Estado Islámico (ISIS): ocupa ciudades y acumula más asesinatos en noviembre que los grupos vinculados a ISIS en Siria e Irak. La seguridad también ha empeorado debido a los ataques islamistas en otros países en los últimos meses, como Mali y Burkina Faso. Y para empeorar la situación, muchos países africanos se enfrentan al retorno de miles de combatientes del Estado Islámico que lucharon como voluntarios en Siria e Irak.

Los grupos extremistas operan en Egipto y Libia, y en todo el cinturón de países del Sahel, incluidos Burkina Faso, Camerún, Malí, Níger y Nigeria. En Somalia controlan una gran franja de territorio, amenazando a otros países en el este de África, mientras que un nuevo grupo ha surgido en Mozambique. Somalia y Mali han sido los centros de insurgencias yihadistas desde hace mucho que han operado en países vecinos, como Burkina Faso. En el Sahel, las acciones violentas vinculadas a grupos islamistas se triplicaron en 2018. El problema es que los gobiernos africanos no están preparados para enfrentarse a este nuevo desafío, y buscan el enfrentamiento militar con los islamistas apoyados por occidente, en vez de respetar los derechos humanos y la libertad, que es el germen del que se nutre el islamismo radical.

10.- Yemen: ¿habrá paz tras la firma de la paz?

El conflicto de Yemen parece que ha entrado en una nueva fase con un avance de las negociaciones. Sin embargo, para muchos expertos, si incluso se llegase a firmar la paz es probable que la guerra continuara en forma de guerra civil. La situación del país es desastrosa, con 24 millones de personas que necesitan algún tipo de ayuda, más del ochenta por ciento de la población del país.

La magnitud de la catástrofe humanitaria de Yemen es asombrosa. Además de la población al borde de la hambruna, Yemen sufrió un nuevo brote de cólera en 2018. Las estructuras de salud están muy dañadas o inoperativas, el personal ha dejado de trabajar al no recibir su sueldo, y casi todas las familias necesitan ayuda alimentaria para sobrevivir. Las necesidades son tales que la petición de ayuda de la ONU es la mayor que se ha pedido jamás para un solo país: 4.000 millones de dólares. La certeza es que la ayuda se prolongará aunque finalmente se firme la paz.

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