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La pobreza empuja a las niñas refugiadas sirias a casarse

Líbano: cada vez se casan niñas refugiadas más jóvenes en bodas pactadas por los padres para escapar de la pobreza

Thomson-Reuteres Foundation

“Lamento haberme casado. Las chicas de mi edad ahora están estudiando. Estoy totalmente destruida”, dice Aziza, de 17 años, con dos matrimonios a sus espaldas, mientras acuna a su bebé en la tienda de campaña en la que vive en un campo de refugiados.

Los padres de Aziza prepararon su boda con su primo cuando sólo tenía 14 años. La madre lo justificó por las costumbres locales y para protegerla del acoso y la presión.

Un número creciente de niñas entre los 1,5 millones de refugiados sirios que llegaron al Líbano desde 2011 se están casando como forma para huir de la pobreza, según las organizaciones que trabajan con los refugiados.

Alrededor de una de cada cinco niñas sirias de entre 15 y 19 años refugiada en el Líbano está casada, según la agencia de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). Los padres lo aceptan cuando se quedan sin dinero para el alquiler, alimentos o medicinas.

Más de las tres cuartas partes de los refugiados en el Líbano viven por debajo del umbral de la pobreza y luchan por sobrevivir con menos de cuatro dólares al día, según UNICEF.

Kafa, un grupo que defiende los derechos humanos en Líbano está pidiendo que se apruebe una ley para establecer la edad mínima de matrimonio en los 18 años. En el Líbano no hay una edad mínima para contraer matrimonio, con lo cual se permiten a partir de los 15 años, según Human Rights Watch. Otros países de la región, sin embargo, sí han establecido la edad mínima de 18 años (Argelia, Egipto, Irak, Jordania, Libia, Marruecos, Omán, Túnez y los Emiratos Árabes Unidos).

Los padres no pueden mantener a sus hijos

Aziza vive con su madre, su padre y sus cinco hermanos en una pequeña tienda de campaña cubierta de láminas de plástico en el fértil valle del Bekaa, en el este de Líbano, donde viven más de 300.000 refugiados. La familia escapó de Alepo hace cinco años. Allí Aziza iba al colegio y quería ser médica.

Ahora su padre y dos de sus hermanos trabajan recogiendo patatas y uvas, y apenas ganan el equivalente a cuatro dólares al día. Con cuatro hijos, el padre no puede mantener a la familia. Por eso decidieron casar a su hija con su primo de 17 años. Aziza no se opuso al matrimonio, aunque un año después se divorció por problemas con su suegra y regresó al campamento de refugiados.

La presión social la llevó a un segundo matrimonio, esta vez con un hombre sirio de 30 años. Ella tenía 16. Su marido abusaba de ella y la maltrataba, así que volvió a divorciarse.

UNICEF denuncia que cuanto más joven se casa una mujer, más riesgo de violencia corre.

Casi el 35 por ciento de las mujeres de 20 a 24 años de Bekaa occidental encuestadas en 2016 estaban casadas antes de cumplir los 18 años, según el Fondo de Población de los Estados Unidos (UNFPA).

Más allá de establecer una edad mínima para el matrimonio, la educación de las niñas es clave para romper el ciclo de la pobreza. “Cuanto menos se eduque a esta generación joven, menos podrán, ellas mismas, criar a sus hijas de manera que puedan empoderarlas”, dicen en UNICEF.

Aziza ahora quiere impedir que sus hermanas pequeñas pasen el infierno que pasó ella, y no quiere que se casen hasta que tengan más de 20 años. “No te cases y termina tus estudios”, es su mensaje a las demás niñas refugiadas sirias.

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