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El incendio del campamento deja a los refugiados rohingya en una situación calamitosa

Más de 45.000 refugiados han perdido sus viviendas, convirtiéndose en refugiados-desplazados

Héctor Alonso

El pasado mes de marzo un incendio arrasó buena parte del campo de refugiados más grande del mundo. Cox´s Bazar, que acoge en Bangladesh a casi un millón de refugiados rohingya, procedentes de Myanmar. Miles de viviendas precarias ardieron, además de instalaciones de salud. Murieron quince personas y otras 45.000 han perdido lo poco que tenían, incluyendo su techo. Ahora son desplazados, además de refugiados.

Para muchos, es la segunda vez que ven arder sus pertenencias. Cuando llegaron a este campamento, muchos habían perdido de la misma forma sus hogares y cultivos, quemados por los soldados y milicias que les expulsaron de Myanmar.

El incendio ha destruido hogares, pertenencias y también documentos, como las tarjetas de identificación que les permiten trabajar, acceder a los alimentos o a los servicios básicos, como la salud. También ha separado familias. Las organizaciones que trabajan en el campo tratan ahora de atender a los que lo han perdido todo proporcionándoles alimentos, instalando puntos de agua y facilitándoles un techo, además de reunificar a las familias.

El incendio ha puesto de manifiesto la fragilidad en la que viven los refugiados, y el peligro que supone que cientos de miles de personas vivan en una auténtica ciudad construida con materiales inflamables y sin apenas medidas de seguridad. Otras calamidades que han sufrido los refugiados son las inundaciones y desprendimientos de tierras provocados por las fuertes lluvias del monzón, que también se han cobrado víctimas.

El campamento más grande del mundo

Cox´s Bazar, situado en la zona fronteriza entre Bangladesh y Myanmar, la antigua Birmania, se convirtió en el destino de cientos de miles de roingya, un grupo étnico de religión musulmana que nunca había sido reconocido por Birmania. En 2017, tras unos enfrentamientos entre una guerrilla rohingya y la policía, se desencadenó en Myanmar una ola de ataques y represión contra los miembros de esta etnia. La mayoría de los ciudadanos de Myanmar son budistas, y alentados por líderes religiosos, milicias y cuerpos de seguridad atacaron poblados rohingya, matando y quemando casas, mezquitas y escuelas.

La consecuencia de estos ataques fue uno de los mayores desplazamientos de población de los últimos años: hasta 800.000 rohingya cruzaron la frontera con Bangladesh y se instalaron en Cox´s Bazar, donde ya había campamentos de refugiados de esta etnia.

Limpieza étnica y Tribunal Penal Internacional

Naciones Unidas llegó a calificar estos hechos como «limpieza étnica» y numerosas organizaciones internacionales exigieron a la Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, por entonces ministra de Asuntos Exteriores, Energía, Educación y responsable de la Oficina de la Presidencia, que protegiera a los rohingyas. Obtuvieron la callada por respuesta. Su responsabilidad sobre este proceso de limpieza étnica -por inacción o por haberlo apoyado- llevó a la premio Nobel declarar ante el Tribunal Penal Internacional tras la demanda presentada en diciembre de 2019 por Gambia.

Los investigadores y organizaciones de derechos humanos acusaron al gobierno, entre cuyos miembros destacados estaba la premio Nobel de la paz de organizar la represión, espoleada por conocidos líderes religiosos budistas en cuyas cuentas de Facebook, una red muy utilizada en ese país, se lanzaban mensajes de odio contra los rohingya.

Muchas organizaciones defensoras de los derechos humanos pidieron que se retirara el premio Nobel a Aung San Suu Kyi, actualmente en arresto domiciliario tras el reciente golpe militar en Myanmar.

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