El coronavirus dispara la xenofobia contra los rohingya en Malasia

Detenciones arbitrarias y acoso en las redes contra esta minoría musulmana originaria de Myanmar

Malasia ha sido durante años uno de los destinos para los refugiados rohingya que escapaban de Myanmar. En el país viven más de 100.000 personas de esta etnia y después de años de tolerancia la pandemia de COVID-19 está precipitando un sentimiento de xenofobia hacia ellos. En Malasia se han registrado hasta ahora 7.000 casos de COVID-19, con 115 muertos. Las organizaciones de derechos humanos denuncian acoso y detenciones arbitrarias a refugiados rohingya por la única razón de su origen.

Durante años las autoridades de Malasia, un país de mayoría musulmana, religión también de los rohingya, habían tolerado la presencia de esta minoría, que suele trabajar en empleos mal pagados  e irregulares.

Ahora mucha gente en Malasia acusa a los extranjeros de propagar la enfermedad y los rohingya son la víctima propiciatoria.

«Hay acoso en las calles y en las redes sociales. Nunca antes había visto algo así en Malasia», dice una activista del grupo de derechos del Consejo Europeo Rohingya. A esta activista la amenazaron también en Facebook por pedir al gobierno de Malasia que permitiera el desembarco de refugiados, tras ser devueltos al mar más de 200 rohingya que viajaban en una patera.

Los rohingya -más de un millón- han escapado en los últimos años de Myanmar, un país de mayoría budista, donde nunca han tenido derechos. La mayoría se ha refugiado en Bangladesh, en abarrotados campos de refugiados situados junto a la frontera con Myanmar. Otros decidieron marchar a Malasia donde se sentían mejor acogidos. Hasta ahora.

En Malasia viven varios millones de personas sin documentos. Cuando el gobierno estableció las medidas de confinamiento y la economía se paralizó, las iras se han vuelto contra estas personas en situación irregular.

En el último mes han sido detenidos al menos 2.000 extranjero. A pesar de que no se ha comunicado su nacionalidad, al menos 800 eran rohingya.

Muchos han denunciado que han sido despedidos de sus empleos. Según los grupos de derechos humanos el 80 por ciento de los refugiados que tenían trabajo antes de la pandemia lo han perdido. La crisis económica provocada por la pandemia ha hecho que sus empleadores prefieran trabajadores de origen malayo.

Violencia en las redes sociales

Como ya sucedió en Myanmar, donde las redes sociales -sobre todo Facebook- canalizaron los mensajes de odio contra los rohingya, en Malasia se está reproduciendo el mismo fenómeno. Facebook ha tenido que suspender dos páginas con más de 300.000 seguidores por los mensajes de odio y las amenazas vertidas en ellas.

El gobierno, lejos de templar los ánimos, ha asegurado que los inmigrantes son ilegales y que emprenderá acciones legales contra las asociaciones ronhingya porque no están registradas legalmente en el país.

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