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Día Mundial de la Salud: seguimos lejos de la “salud para todos”

La desigualdad en el acceso a la salud sigue siendo una realidad, que

Pilar Estébanez
Pilar Estébanez

conocen bien las organizaciones que trabajan en este campo

Pilar Estébanez*

Hoy se conmemora el Día Mundial de la Salud, este año, como ha destacado la Organización Mundial de la Salud, el lema es “salud para todos con la cobertura sanitaria universal”. Se trata ésta de una antigua reivindicación: que toda la población del mundo tenga acceso a la sanidad basada en el argumento de que el acceso a los cuidados esenciales y de calidad repercuten directamente en el desarrollo de los pueblos. En efecto, si toda la población mundial tuviera acceso a la sanidad no sólo mejoraría la salud de las personas, sino que se reduciría la pobreza, se protegería a los países frente a las epidemias, que, además de suponer centenares de miles de vidas perdidas cada año suponen una sangría de recursos, se crearía empleo, se aumentaría la resistencia de los pueblos frente al hambre, se impulsaría el crecimiento económico y se promovería la igualdad de género.

Pero si lo tenemos tan claro, ¿qué es lo que impide que se cumpla ese deseo, enumerado entre los objetivos del milenio? ¿Cuáles son las causas para que sigamos tan lejos de la cobertura sanitaria universal? Y no me estoy refiriendo sólo a los países pobres o en desarrollo, sino a los países más ricos del planeta. La falta de voluntad política y las distintas agendas que desarrollan los gobiernos.

En los últimos años en nuestro país, por citar un ejemplo que nos afecta directamente, se han producido recortes en los derechos al acceso a la sanidad universal: migrantes sin papeles, personas sin recursos o que viven en la calle, pero también personas mayores con pensiones tan pequeñas que tienen incluso que renunciar a medicamentos que necesitan obligadas a elegir entre gastar su dinero en medicinas o en comida.

En los últimos años hemos asistido a un intento de privatizar la sanidad, en un proceso en el que se ha buscado hacer negocio y a la vez desposeer a los ciudadanos de bienes que eran suyos. Afortunadamente, en algunos lugares se está revirtiendo esa tendencia, con la anulación de privatizaciones de hospitales, por ejemplo.

Pero la desigualdad en el acceso a la salud sigue siendo una realidad, que conocen bien las organizaciones que trabajan en este campo: los migrantes, sobre todo los irregulares, tienen peores indicadores de salud por las dificultades en el acceso a la atención primaria.

En los últimos años hemos tenido que luchar para que los enfermos de hepatitis C pudieran acceder a un medicamento que salva vidas. El retraso de las autoridades sanitarias en gestionar el acceso universal supuso decenas de fallecimientos de personas que podían haber sido salvadas.

Y en los países pobres hemos visto cómo una epidemia, sobre la cual los expertos alertaron de su gravedad si no se actuaba con rapidez, el Ébola, se convertía en un auténtico desastre que ha dejados maltrechos dos países que luchaban por recuperarse de la guerra, como son Liberia y Sierra Leona. La epidemia del Ébola fue un ejemplo del abandono de los países más pobres a su suerte: nadie se tomó en serio la situación hasta que hubo miles de enfermos y de muertes y empezaron a fallecer europeos.

Otro de los aspectos fundamentales para la salud, que supondría evitar millones de muertes cada año y que además tendría un coste muy bajo desde el punto de vista económico, es el saneamiento: lograr el acceso a agua potable para la mayoría de la población sigue siendo una utopía, a pesar del impacto enorme que supondría garantizarlo.

Las estadísticas reflejan que en los países con menor nivel de desarrollo hay una importante cantidad de muertes atribuibles a la falta de acceso a agua potable y a sistemas de saneamiento e higiene, que son elementos fundamentales en la prevención de enfermedades transmisibles. Mientras que en los países desarrollados apenas se registran muertes por la falta de acceso a estas infraestructuras de salud pública, en las regiones y países con menor nivel de desarrollo la falta de acceso a agua potable y a sistemas de saneamiento es la causa principal de la transmisión de las diarreas, que provocan cada año casi dos millones de muertes prematuras, la mayoría de ellas entre la población infantil.

Las estadísticas de muertes atribuibles a la falta de acceso a agua potable y servicios de saneamiento en niños y niñas son aún más preocupantes, porque ponen de manifiesto que este grupo social es el más vulnerable ante la falta de acceso a estas infraestructuras de salud. La transmisión de las diarreas provoca cada año casi dos millones de muertes prematuras, la mayoría entre la población infantil.

El otro gran grupo de la población vulnerable es el de las mujeres. Constituyen más de la mitad de la población mundial pero siguen siendo el grupo más vulnerable en la mayoría de los países del mundo. Cada año mueren en todo el mundo cerca de 300.000 mujeres por complicaciones en el embarazo y el parto, lo que es una burla a cualquier declaración de igualdad entre hombres y mujeres. Esas mujeres mueren solamente por haber nacido mujeres en países pobres, y en muchos casos, además, sin haber decidido sobre la maternidad, obligadas por la sociedad en la que viven a parir en condiciones penosas.

La mayoría de esas muertes ocurren en los países pobres y la mayor parte de ellas podían haberse evitado. La mejora de la salud materna es uno de los ocho Objetivos del Milenio (OMD) adoptados por la comunidad internacional en la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas, celebrada en 2000. El ODM 5 consiste en reducir, entre 1990 y 2015, la razón de mortalidad materna (RMM) en tres cuartas partes. Sin embargo, entre 1990 y 2005 la RMM sólo disminuyó en un 5%.

La incidencia de muertes maternas tiene una distribución mundial desigual que refleja las diferencias entre ricos y pobres. El riesgo de muerte materna a lo largo de la vida es de 1/75 en las regiones en desarrollo y 1/7.300 en las regiones desarrolladas; en el Níger es de 1/7, mientras que en Irlanda es de 1/48.000.

El 99% de las muertes maternas que se registran en el mundo corresponden a los países en desarrollo. Más de la mitad tienen lugar en el África subsahariana, y un tercio en Asia Meridional.

Otro de los grupos de población que más sufren las consecuencias de la falta de acceso a la salud es la población infantil. En la actualidad, la situación mundial de la mortalidad infantil es trágica: cada cuatro segundos muere un niño, 22.000 al día. Sin embargo, no es algo inevitable: existen soluciones y la gran mayoría casos pueden prevenirse fácilmente. Algo más de un millón de niños mueren durante el parto. En Kenia de cada 1.000 nacimientos 121 niños fallecen antes de los cinco años de edad. Estos hechos nos dan una cifra espeluznante de nueve millones de niños menores de cinco años que mueren cada año. Sí es cierto, sin embargo, que la situación está mejorando, aunque no con la suficiente celeridad. Cada punto en ese porcentaje son cientos de miles de muertes que serían evitables. Millones podrían salvarse si recibieran los cuidados de salud adecuados.

Por ejemplo, casi 27 millones de niños carecen aún de las vacunas más importantes y 1,4 millones mueren cada año de enfermedades para las cuales existen vacunas. La efectividad de la vacunación es tremenda para disminuir el número de muertes: en Vietnam, gracias a la vacunación generalizada contra el sarampión, la mortalidad infantil disminuyó a la mitad desde 1990. Y con las pocas medidas que se han adoptado en la última década se ha producido una disminución de las tasas de mortalidad del 35%. Simplemente con mejorar los servicios básicos de salud y la cobertura total de las vacunaciones se lograrían cifras espectaculares en la disminución de la mortalidad. Por eso es indignante que no se haga y que los avances en este ámbito sean tan lentos.

Seguimos, como cada año, recordando esta efeméride, pero como cada año tenemos que volver a recordad que, a pesar de los avances, innegables en algunos aspectos, seguimos sin avanzar e incluso retrocedemos en otros.

 

*Pilar Estébanez es doctora en Medicina y presidenta de la Sociedad Española de Medicina Humanitaria

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