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Una de cada tres mujeres sufre violencia sexual en crisis humanitarias

Noruega acoge hoy la primera conferencia humanitaria para combatir la violencia sexual y de género en situaciones de crisis humanitarias

Héctor Alonso

Una de cada tres mujeres que viven en países inmersos en crisis humanitarias debido a la guerra o los desastres naturales sufre violencia sexual o de género. Los hombres y los niños también se ven afectados, aunque en mucha menor medida. Para tratar ese problema mundial hoy se ha reunido en Oslo (Noruega) la primera conferencia humanitaria para combatir la violencia sexual y de género en situaciones de crisis humanitarias.

Sin embargo, a pesar de la evidencia y de los datos, apenas el 1 por ciento de los fondos destinados a la asistencia humanitaria se destinan a la protección contra la violencia sexual y de género.

En 2019, 140 millones de personas necesitarán asistencia humanitaria. Alrededor de 35 millones son mujeres y niñas en edad reproductiva, muchas de las cuales serán víctimas de la violencia sexual o de género. Las delegaciones de alto nivel de los 90 países asistentes a la conferencia de Oslo, entre los que figuran el premio Nobel de la Paz Denis Mukwege, tratarán de fortalecer el compromiso político y aumentar los fondos para poner fin a este problema.

Noruega, que lidera la conferencia, ha prometido intensificar los esfuerzos para acabar con esta lacra y de momento ha comprometido una aportación de 114 millones de dólares para el período 2019-2021, pidiendo al resto de países que se sumen al esfuerzo.

Arma de guerra

La violencia sexual y de género en conflictos se consideraba como una consecuencia de la guerra. Ahora se considera como un arma de guerra usada para dañar a la población civil. A pesar de que se considera un crimen internacional sigue sucediendo y se desconoce a qué nivel, puesto que el temor al estigma o a las represalias hace que no se denuncien todos los casos, lo que garantiza la impunidad de los criminales.

Las supervivientes se enfrentan a menudo al rechazo social, lo que aumenta su vulnerabilidad frente a más abusos y explotación. Las consecuencias de esta forma de violencia pueden ser profundas, duraderas e intergeneracionales. A menos que se aborden, las cicatrices dejadas por la violencia sexual y de género en las crisis humanitarias, dificultan la resistencia y recuperación de las comunidades.

Somalia, uno de los países participantes en la Conferencia y donde se han producido numerosos episodios de violencia contra las mujeres, ha pedido apoyo para poder aplicar la legislación contra la violencia que tiene intención de aprobar.

«Hacemos un llamamiento a todas las partes interesadas para que apoyen a Somalia en sus esfuerzos por reducir la violencia sexual, incluso mediante la creación y la implementación de una legislación integral», pidió su representante en la Conferencia.

Otra de las personalidades asistentes a la Conferencia, el secretario general adjunto de Asuntos Humanitarios de la ONU, Mark Lowcock, describió durante su intervención el enorme sufrimiento que ha visto durante sus visitas a países en conflictos o en emergencias humanitarias como resultado de las violaciones de los derechos humanos, especialmente la violencia sexual contra las mujeres y las niñas. «La violencia sexual y por motivos de género ya no es un horror invisible. Se produce a la vista de todos. Ya no hay excusa para la inacción».

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