Siria: tres años

Siria: tres años de fracaso de la Comunidad Internacional.

Tres años después del comienzo del conflicto en Siria, más de 2,6 millones de personas se han convertido en refugiadas, han abandonado sus casas y han buscado un refugio seguro en países vecinos como Líbano, Jordania, Irak y Turquía. Sólo el Líbano acoge ya en 2014 a más de un millón de sirios, lo que está suponiendo una gran presión sobre los recursos e infraestructuras del país. Jordania alberga el que es ya el segundo mayor campo de refugiados del mundo: Za’atari, que acoge a más de 100.000 sirios que han huido de la guerra.

Foto: niños sirios en un campamento de refugiados en Jordania

 

Además, más de 6,5 millones de sirios están desplazados dentro del país. Los niños son los principales afectados por este conflicto: ya que 5,5 millones de menores están desplazados y 10.000 han fallecido a causa de una guerra que en total se ha cobrado ya cerca de 100.000 vidas. La crisis siria es la mayor emergencia humanitaria a la que se está enfrentando actualmente la comunidad internacional. Sin embargo, a pesar de los llamamientos que están haciendo las organizaciones y agencias internacionales, el acceso de la ayuda humanitaria a los desplazados internos y a la población civil es tremendamente dificultosa. Ni siquiera se ha conseguido una mejoría de la situación tras la resolución aprobada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas hace dos meses.

Cada vez es más difícil trabajar en la zona y ninguna de las partes del conflicto está siguiendo las demandas del Consejo de Seguridad, lo que se traduce en una violación constante del derecho internacional humanitario.
Ante esta situación, la Comunidad Internacional se encuentra con las manos atadas sin poder garantizar el acceso de la ayuda a la población vulnerable en Siria.

Para entender lo que está pasando en ese país hay que analizar cuáles son las raíces del conflicto, así como los intereses que se están desplegando en la zona y que han convertido a la población civil en rehén de los combatientes de uno y otro signo.

En primer lugar, en Siria se están desarrollando varios conflictos simultáneos: por una parte, hay una expresión de un deseo de libertad y de acabar con una dictadura, como ha sucedido en otros países árabes y que finalizó con la caída de los regímenes, como sucedió en Libia, en Túnez o en Egipto. Sin embargo, a diferencia de Túnez o Egipto, en Siria la oposición se militarizó, convirtiendo a los opositores al régimen en una fuerza armada desencadenando una auténtica guerra civil, ayudado, no hay que olvidarlo, por la brutalidad del régimen, así como por las injerencias externas, que han acabado por fragmentar a los opositores al régimen, impidiendo que éstos presentaran una oposición unificada.

El régimen de El Assad tiene el apoyo de parte de la burguesía sunní, y de representantes de ciertas minorías que pueden sentirse amenazadas por las facciones opositoras, como los alauitas o los cristianos. También apoyan al régimen las poblaciones de Damasco o Alepo, que consideran que los combatientes de la oposición les han tomado como rehenes. Por otra parte, la oposición se ha radicalizado, recibiendo el apoyo de sectores extremistas del Islam –Arabia Saudi o Quatar- y la presencia de Al Qaeda en el conflicto es también notoria. Pero, por otra parte, sectores de la oposición reciben también apoyo de países moderados, como Turquía.

A diferencia de otros conflictos similares, la comunidad internacional, gracias al apoyo que el régimen sirio tiene por parte de Rusia, no se ha atrevido a cristalizar una intervención en la zona para forzar, sino el fin de los combates, por lo menos un corredor humanitario que facilite el acceso a la población civil para garantizar el suministro de alimentos, medicamentos o incluso vacunas. Y parece que los esfuerzos de Naciones Unidas tampoco dan sus frutos en este sentido.

Por esa razón las organizaciones humanitarias debemos exigir que se cumplan los principios del humanitarismo y de la medicina humanitaria para facilitar el acceso a la población vulnerable en el terreno y que se obligue a las partes en conflicto a que no tomen como rehenes a la población civil, verdadera víctima de este conflicto que lleva camino de cronificarse.

Pesimismo de los expertos

En este sentido, representantes de las Naciones Unidas, como la responsable de la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), Valerie Amos, insistió el pasado mes de abril en la necesidad de que sin el apoyo unánime de todos los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU y del resto de los Estados que tienen algo que decir, no se conseguirá avanzar en la garantía de la asistencia a la población de Siria.

En el informe que presentó, en el que describía la situación en ese país, y durante el que aseguró que todas las partes están violando las disposiciones más básicas de los derechos humanos y la ley humanitaria, insistió en que ante la falta de un acuerdo político, todos los esfuerzos deberían centrarse en resolver el principal problema: cómo hacer llegar la ayuda a la población, especialmente a los desplazados y a los atrapados en las zonas de combate. Por ejemplo, menos del 10% de las casi 250.000 personas que viven en las zonas asediadas han recibido algún tipo de ayuda en el último mes.

Uno de los escasos aspectos positivos es que se ha logrado vacunar contra la polio a más de tres millones de niños durante el mes de abril, precisamente en el momento en el que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha alertado del rebrote de la enfermedad en Oriente Medio.

Incumplimiento de las resoluciones

Sin embargo, otros equipos de las agencias internacionales se encuentran atascados en penosas negociaciones –en Aleppo, por ejemplo- para intentar conseguir un acuerdo para la entrada de asistencia.

Por esta razón ya son muchos los expertos que piden actuaciones como las que llevaron a cabo el Consejo de Seguridad para garantizar el acceso humanitario en otros casos similares, como Bosnia o Somalia mediante resoluciones acordes con el Capítulo VII, que garantiza, en caso necesario, la utilización incluso de medios militares para garantizar el acceso a la población civil en caso de graves violaciones de los derechos humanos.

Otros expertos, como la propia representante de OCHA solicita la aplicación de la Resolución 2139, por la que garantizaría la seguridad para las actividades humanitarias y la protección efectiva de los civiles. Para ello, de nuevo, se necesita el apoyo decidido del Consejo de Seguridad. Además, hay que tener en cuenta que la situación, lejos de mejorar, empeora día a día. Para muchos observadores, la diferencia entre el punto de vista de los distintos miembros del Consejo hacen inoperativa la propia Resolución 2139, que fue aprobada el pasado mes de febrero y que instaba a las partes contendientes a facilitar la llegada de la ayuda humanitaria a la población.

La influencia del conflicto ucraniano

Uno de los principales escollos para que el conflicto pueda resolverse es la propia actitud de Rusia, firme partidario del régimen de El Assad, y que ya ha dejado claro que no permitirá la intervención de fuerzas extranjeras en el país. En estos días, además, asistimos a una escalada de la tensión entre Rusia y Estados Unidos y sus aliados, en relación con el conflicto que se está viviendo en Ucrania, de tal forma que los analistas internacionales creen que nos encaminamos, de nuevo, a la Guerra Fría. Putin está jugando sus cartas en los antiguos territorios de la Unión Soviética buscando evidentes réditos internos basados en el populismo y en el reverdecer del antiguo poderío soviético, lo que está teniendo unas consecuencias desastrosas en la población inocente de Siria.

Tal y como se desarrollan los acontecimientos y viendo la escalada de la tensión y la violencia en Ucrania y las amenazas en este sentido de Estados Unidos y la OTAN, así como de la Unión Europea, mucho nos tememos que la población de Siria no podrá esperar, por lo menos a corto plazo, un alivio a la terrible situación que se está viviendo dentro de sus fronteras, con los desplazados internos, y fuera de sus fronteras, con los más de 1,5 millones de sirios refugiados en los países vecinos con pocas perspectivas de regresar con cierta seguridad a sus hogares.

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