Héctor Alonso

Día Mundial de los Refugiados

Día Mundial de los Refugiados: Europa juega a «dale al topo» mientras las mafias se enriquecen
Héctor Alonso, editor de ActualidadHumanitaria.com
«Dale al topo» es un popular juego que consiste en golpear con un mazo a un topo que asoma la cabeza por un agujero. Si no eres lo suficientemente rápido el topo se mete en su agujero y asoma por otro. Eso es exactamente lo que está haciendo la Unión Europea para afrontar la crisis de los «migrantes ilegales», en su mayoría refugiados, que tratan de entrar en Europa. Cada minuto ocho personas se ven obligadas a abandonar su hogar para huir de la violencia o la persecución política. No son muchos los lugares donde puedan buscar refugio. Europa es la meta de muchos de ellos. El Cuerno de África, Libia, Siria y Afganistán sumidos en conflictos bélicos ya cronificados, se han convertido en fábricas de refugiados y suministran de materia prima a una pujante industria: la del tráfico de personas, uno de los negocios ilegales más rentables del mundo y que está sirviendo para financiar el yihadismo.

 

Héctor Alonso

Los líderes europeos están afrontando esta crisis, quizás el mayor movimiento de personas de la Historia, como si jugaran a «dale al topo». Cierran una frontera aquí, patrullan por allá, suben las vallas en otro sitio… pero no consiguen más que trasladar el problema a otro lugar. Hace unos días el profesor de la London School of Economics Ruben Anderson, comparaba en un artículo publicado en ActualidadHumanitaria, el resultado de la estrategia de la Unión Europea con lo que sucede cuando aprietas un globo con una mano: el aire escapa hacia otro lado. Es un símil acertado. Hagamos un repaso de la estrategia europea para contener la marea de «migrantes ilegales»: España firmó en 2007 y 2008 acuerdos con Marruecos, Mauritania, Senegal Gambia, Guinea Conakry y Guinea Bissau para hacer frente a la crisis provocada por la llegada de pateras y cayucos a las islas Canarias. Los acuerdos, de carácter indefinido, permitieron a España y a la Unión Europea, por tanto, el control de las aguas territoriales de estos países con patrulleras o medios aéreos, bajo la coordinación de FRONTEX, la Agencia Europea de Fronteras. Las aguas territoriales de Senegal fueron literalmente impermeabilizadas con medios aportados por otros cuatro países además de España. El resultado fue el esperado: dejaron de llegar cayucos a Canarias. Sin embargo, fue sólo una solución parcial al problema: las mafias que trasladan a los «migrantes ilegales» simplemente siguieron la estrategia del topo: escondieron la cabeza y asomaron por otro agujero. Sólo tuvieron que cambiar la ruta y los «migrantes» empezaron a llegar por otro sitio.

A cada esfuerzo -con un coste enorme de inversión añadido- por controlar una vía de entrada los traficantes encuentran otra: Lampedusa, Turquía, Grecia, de nuevo Ceuta, los países del Este de Europa, de nuevo Canarias… Se refuerzan las fronteras de Austria, pues los traficantes lo intentan por la frontera entre Serbia y Hungría. Así hasta la náusea.

El problema, como señala el profesor Anderson, es que al final estamos hablando de personas, no de globos o topos y cada dificultad añadida a las mafias, cada obstáculo que la Unión Europea pone para impedir la entrada de los refugiados, encarece el precio que éstos tienen que pagar, aumenta el riesgo que corren y provoca más sufrimiento. Se podría decir que al final lo que está haciendo la UE es contribuir al lucro de este inmenso negocio ilegal sin solucionar el problema de fondo.

Hace unas semanas se discutió en el seno de la Unión Europea, presionada por Italia, la posibilidad de bombardear los barcos que trasladan a los desdichados «migrantes» desde Libia a las costas italianas. Algunas voces dijeron que no serviría para nada: sólo trasladaría el problema a otro lugar. Grecia, sumida en una crisis financiera brutal, se ha convertido en uno de los países europeos que más refugiados está recibiendo y llegó a amenazar a la Unión Europea con admitir a todos los refugiados y proporcionarles registro para que pudieran moverse libremente por la Unión. La respuesta de algunos países fue plantear la suspensión de Schengen, acuerdo que garantiza la libre circulación de personas por la UE. Así estamos.

Mientras tanto, las condiciones de vida de estas personas, cuyo delito es tratar de huir de la guerra y la miseria, se tornan inhumanas: son explotados, violados, extorsionados, abandonados, maltratados y centenares mueren por el camino.

La estrategia europea contra la «migración ilegal» está equivocada, como dicen los expertos, y la ceguera o la visión a corto plazo de los líderes europeos no solucionará el problema, sólo lo trasladará a otro lugar. Sería necesario, como en tantas otras cosas, una visión de altura, con perspectiva, que ataque las causas que provocan este éxodo. Siendo moderadamente pesimista, creo que nunca se hará.

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