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Día de los derechos humanos: nada que celebrar

Pilar Estébanez, presidenta de la Sociedad Española de Medicina Humanitaria

Pilar Estébanez
Pilar Estébanez

Hace unos días nos sobresaltamos e indignamos al ver un reportaje que documentaba cómo la esclavitud, quizás la mayor violación posible de los derechos humanos, y algo que creíamos enterrado en el sumidero de la Historia, había regresado. Vimos cómo en Libia se vendían y compraban seres humanos como si fueran mercancía. Refugiados y migrantes que lo habían perdido todo tratando de llegar a Europa acababan siendo vendidos a mafias para que éstas traficaran con ellos.

No es el único sobresalto que hemos sentido este año. De nuevo vemos a los refugiados en Grecia viviendo en condiciones inhumanas, enfrentándose un año más al frío en frágiles tiendas de campaña o en centros saturados donde, cuando llega la noche, las mujeres y niñas corren graves riesgos de ser atacadas o violadas. ¿Podría Europa mejorar las condiciones de esos refugiados? Sin duda, y de un día para otro, pero no se hace porque se considera que tratar bien a los refugiados, tratarlos “humanamente”, como obliga el derecho internacional, podría convertirse en un efecto llamada para que más refugiados llegaran a Europa. “Tratémosles mal para que no vengan más”, esa es la política europea.

Sin embargo, a pesar de esos malos tratos, a pesar de que Europa incumple con sus obligaciones morales, éticas y jurídicas, los refugiados no dejarán de intentarlo: cada día son rescatados centenares de refugiados en el Mediterráneo, casi todos por organizaciones altruistas que, además, tienen que enfrentarse a acusaciones de esas autoridades que no sólo no colaboran, sino que entorpecen esa labor humanitaria. Si no fuera por esas organizaciones de rescate, como Open Armas, o Médicos Sin Fronteras, entre otras, estaríamos hablando de una tragedia de proporciones gigantescas, pues a pesar de sus esfuerzos, más de 3.000 personas han muerto este año ahogadas.

Cada año empeora la situación de los derechos humanos en el mundo. Cada vez es mayor el número de personas que sufren violaciones de los derechos humanos: ahora hay más de 50 millones de refugiados en el mundo, y entre ellos, especialmente las mujeres y las niñas, los ancianos y los niños que están solos, son quienes más sufren la falta de derechos humanos.

Y frente a tantas violaciones, ¿qué hace la justicia internacional?, pues juzgar a los que “se permite” ser juzgados: a los genocidas de Ruanda, a los criminales de la Ex-Yugoslavia, pero estemos seguros de que jamás se juzgará a Bush por la guerra de Irak y por las consecuencias que hoy día estamos aún pagando.

En Asia estamos asistiendo, tal como lo definió la propia ONU, a una “limpieza étnica de libro” en Myanmar, con la expulsión de prácticamente toda la población de la minoría rohingya (más de medio millón de personas) que se hacina en campamentos de refugiados en el vecino Bangladesh, en condiciones lamentables. En África los conflictos internos de muchos países está provocando la mayor crisis de refugiados y desplazados en el continente en décadas: República Centroafricana, Sudán del Sur, República Democrática del Congo… se han convertido en auténticas fábricas de refugiados y desesperanza.

En Oriente Medio asistimos, ante la indiferencia internacional, a la destrucción de un país, Yemen, donde la guerra se ha convertido en una guerra directa contra la población: se han destruido hospitales, escuelas, carreteras, depósitos de agua, centrales eléctricas, privando a la población de asistencia médica, agua potable o electricidad, además de alimentos. El resultado ha sido la mayor epidemia de cólera de la historia, con cerca de un millón de enfermos desde el pasado verano, más de 2.000 muertos por la enfermedad y más de la mitad de los habitantes del país en riesgo de hambruna. En Yemen se está violando sistemáticamente el derecho internacional humanitario, y esa violación la está llevando a cabo Arabia Saudí, aliado de occidente que cuenta con carta blanca, al parecer, para estar en vías de llevar a cabo un genocidio.

En España también se violan los derechos humanos: instituciones europeas y varios organismos internacionales ya han llamado la atención a nuestro país por violar el derecho internacional y las convenciones sobre refugiados por las “devoluciones en caliente”: forzar el regreso a Marruecos de las personas que tratan de llegar a nuestro país cruzando las fronteras de Ceuta o Melilla. Las devoluciones en caliente no sólo violan el derecho internacional, sino que violan el propio derecho español y el Comunitario.

Nuestro gobierno también viola los derechos humanos con los CIE, que son, en la práctica, prisiones para migrantes irregulares. Por si hubiera dudas sobre el carácter de prisiones de los CIE el ministerio del Interior no ha tenido ningún reparo en encerrar a varios cientos de migrantes y solicitantes de asilo en una prisión, Archidona, que aún no había sido puesta en funcionamiento para los reclusos.

Por último, en nuestro país también se violan constantemente los derechos humanos al permitir la impunidad del franquismo y no llevar a cabo la justicia y reparación de sus crímenes que tantos colectivos están solicitando. Ni siquiera hay colaboración de las instituciones para buscar a los que fueron asesinados y enterrados en las cunetas o en fosas comunes. No se ha condenado a los culpables ni se les ha investigado, permitiendo con esta dilación que los culpables mueran de viejos sin haber pagado por sus crímenes. Sin reparación no hay justicia, desde luego, y el gobierno, mientras esté ocupado por el PP jamás permitirá que haya justicia ni reparación.

Un año más conmemoramos un día, el de los derechos humanos, que no sirve para hacer balance de avances, sino de vulneraciones y violaciones.

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