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Joaquín Acevedo en el Valle de Bekaa

Los refugiados sirios en el valle de Bekaa, Líbano

Joaquín Acevedo, cooperante de Acción contra el Hambre España en El Líbano

Amanece en Zahle. Llueve sobre el valle de Bekaa, en el oriente de El Líbano… Parece irreal, después de cuatro meses de calor y sin ver la lluvia; pero desde hace varios días, bajo un cielo gris, el frío y la lluvia por fin han llegado. Pienso en cómo estarán las familias de refugiados sirios en sus precarios campamentos aquí en la Bekaa. Campamentos de refugiados formados por tiendas y chabolas, dispersos por todo el valle. Los puedes ver por todas partes… basta con salir a las afueras de la ciudad y allí están, al lado de las carreteras y caminos

Más de un millón y medio de refugiados sirios en este pequeño país de poco más de cuatro millones y medio de habitantes… ¿Qué diríamos en los civilizados países europeos, si recibiéramos una avalancha de similares proporciones? La equivalencia serían unos 15 millones de refugiados en España, en donde tenemos una población de alrededor de 47 millones de habitantes. ¿Seríamos tan solidarios como lo han sido los libaneses con los refugiados sirios ahora y como lo han sido antes con los refugiados palestinos?

Cuando vi por primera vez los campos de refugiados sirios en El Líbano, me sorprendió la multitud de pequeños emplazamientos dispersos por todo el valle de Bekaa. Buscaba con la mirada los grandes “campamentos de refugiados” que esperaba encontrar. Y claro, uno no puede menos que preguntarse el porqué de tantos y tan dispersos campos de refugiados.

La respuesta o al menos parte de ella, está en la historia contemporánea de El Líbano:

El Líbano ha dado cobijo a refugiados palestinos que se vieron obligados a huir de su tierra en 1948  y luego a partir de las sucesivas agresiones del ejército de Israel contra la población palestina. Viven desde hace ya más de medio siglo en El Líbano alrededor de medio millón de refugiados palestinos que sueñan con volver a su tierra, pero que se han visto obligados a quedarse en territorio libanés debido a que el estado de Israel les impide el retorno y la paz sigue sin llegar a Palestina.
Se afirma que el gobierno libanés ha seguido la política de no organizar campos de refugiados oficiales para impedir que se repita la historia de los campos de refugiados palestinos, que han permanecido durante décadas en territorio libanés sin que hasta ahora la comunidad internacional haya conseguido que Israel permita el retorno de éstos refugiados a su tierra: Palestina.

La presencia de los refugiados palestinos en El Líbano también ha tenido relación con tensiones entre diferentes facciones políticas libanesas y con el inicio de la guerra civil que desangró el país, enfrentando a los libaneses en un conflicto que duró 15 años. También ha tenido relación con la primera invasión de Israel en la década de los 90.

El valle de Bekaa

Pero volvamos al valle de Bekaa. ¿En donde queda? ¿Cómo es?

La Bekaa es un alargado valle que está entre la sierra del Monte Líbano y la sierra del Anti-Líbano. Va de norte a sud-oeste y ocupa la mayoría de la parte oriental de El Líbano y su frontera oriental con Siria.

Contemplando los atardeceres sobre los rojos montes de la Bekaa pienso que son como me imaginaba El Líbano antes de llegar acá: hermosos pero áridos montes sin vegetación. Sin embargo, el valle sí que ha sido toda una sorpresa para mi: en él se pueden ver cultivos por todos lados. Viñedos, olivos, huertos y frutales me confirman que es un país mediterráneo. Las plantaciones prosperan gracias al espíritu emprendedor de los libaneses y a su laboriosidad… y también gracias al duro trabajo de los refugiados y migrantes temporales sirios.

Desde hace años los trabajadores temporales sirios atraviesan la frontera entre Siria y el Líbano para ganarse la vida en las plantaciones del valle de Bekaa. Ahora que la guerra está destrozando poblaciones y vidas humanas en Siria, multitud de trabajadores temporales sirios han vuelto a atravesar la frontera, pero esta vez con sus familias, en busca de cobijo en el valle que tan bien conocen. Muchos se han instalado en los mismos lugares donde en otras ocasiones han llegado en busca de trabajo.

Demográficamente el valle de Bekaa ya era un lugar muy poblado desde antes de la guerra en Siria. Y las tensiones también han existido desde mucho antes en esta zona. Las diferentes religiones y tendencias políticas están presentes en el valle: chiitas, sunies y cristianos conviven habitualmente en paz, aunque en la historia de Líbano muchas veces las tensiones han estallado en conflictos.

En algunas poblaciones existe una religión mayoritaria: como en la Laboué, mayoritariamente chiita o en Aarsal  en donde la población es sunita, o en Zahle, enclave cristiano donde vivo y nuestra ONG tiene su base. Sin embargo, es frecuente que en el mismo pueblo convivan personas con distintas religiones.

Ahora que el valle de Bekaa está siendo refugio de miles y miles de sirios que huyen de la guerra, no creo que deba sorprender que las tensiones estén aumentando cada vez mas aquí.

Una guerra que se regionaliza

Hace ya más de 3 años que estalló la guerra en Siria. Al inicio, las cosas parecían mas o menos fáciles de entender: una dictadura que controla con mano de hierro el país, jóvenes que al calor de la Primavera Arabe realizan protestas pacíficas, la represión del estado, milicias y organizaciones armadas que se levantan en contra del gobierno y atacan al ejército, más represión contra la población…

Pero las cosas nunca son simples en Medio Oriente en donde siempre están presentes los intereses geopolíticos de las potencias regionales: Arabia Saudí y las monarquías del golfo que apoyan a los sunies, Irán que apoya a los chiitas… potencias que inyectan armas y dinero en apoyo a unos o a otros. Los intereses de las grandes potencias, Estados Unidos siempre en primer lugar, Rusia, Israel… Y ahora el surgimiento de agresivas organizaciones yihadistas cuyo auge tomó por sorpresa a muchos: el Frente Al Nusra (ligado a Al Qaeda) primero y luego con aún mas fuerza el Estado Islamico o ISIS (Estado Islamico de Irak y Siria, o “Daesh” por sus siglas en árabe), organizaciones fundamentalistas sunitas con objetivos regionales que van más allá de solamente tomar el poder en Siria o Irak. Su meta es crear un califato, un estado religioso en el territorio actual de Siria e Irak y posiblemente mas allá aún.

Por el otro lado Hezbollá, la organización político-militar chiita con sus milicias disciplinadas, bien entrenadas y armadas, que tiene un importante apoyo popular en El Líbano por haber plantado cara al poderoso ejército israelí en la ultima invasion de Israel al Líbano en 2006 y por los servicios sociales que presta a la poblacion chiita en las zonas mas depauperadas del país. Hace más de un año las milicias de Hezbollá cruzaron la frontera con Siria para apoyar al régimen de Bashar al Asad…

Esta guerra, como todas, está machacando principalmente a los más débiles, a los más pobres, a quienes no pueden defenderse y se ven obligados a huir para salvar su vida…

Desde hacía varios meses que se incrementaban las tensiones entre chiitas y sunitas. Los religiosos y políticos sunitas acusando a Hezbollá de apoyar la dictadura de Bashar al Asad. Hezbollá y los politicos chiitas denunciando a Al Nusra y a Daesh como organizaciones terroristas que se estaban infiltrando en El Líbano… Los incidentes armados y los bloqueos de carreteras iban en aumento… La creciente llegada de miles de refugiados sirios sunitas a la población también suní de Aarsal, en el norte del valle de Bekaa y las acusaciones contra estos refugiados de dar apoyo encubierto a las milicias yihadistas de Al Nusra y Daesh estaban convirtiendo la zona de Aarsal en un polvorín que amenazaba con estallar.

La primera semana de Agosto, después de varios secuestros y acciones armadas de Al Nusra en Aarsal y la reacción del ejército libanés entrando en la población y capturando a un comandante yihadista, el polvorín efectivamente estalló. Durante más de una semana Aarsal fue el escenario de combates entre el ejército libanés y milicianos de Al Nusra y Daesh que tomaron la municipalidad, la estación de policía y capturaron a soldados y policías.

Y como siempre, la población civil, tanto libaneses como refugiados sirios, en medio del conflicto y sufriendo sus consecuencias. Varios campamentos de refugiados fueron incendiados, hubo muertos, heridos y refugiados capturados por el ejército. La gente se vio obligada a refugiarse en las mezquitas. Los libaneses que pudieron huyeron de Aarsal hacia otras poblaciones, pero el ejército no permitió la salida de Aarsal de los refugiados sirios, quienes se vieron obligados a permanecer allí.

Las agencias de Naciones Unidas y las ONG evacuamos a nuestro personal y durante semanas el ejército libanés no permitió la entrada de cooperantes a Aarsal.

Una delegación de religiosos sunitas que llegaron a Aarsal con el propósito de mediar para conseguir un alto el fuego, fue recibida a tiros a la entrada de la población.
Y así estuvimos, así estuve, durante varios días: siguiendo angustiados lo que pasaba en Aarsal a través de las noticias que aparecían en diferentes medios, a través de los reportes del ACNUR y las ONG, y por medio de lo que nos contaban amigos y conocidos. Pasará mucho tiempo para que se me olvide la sensación de impotencia y frustración que sentía cuando nos llegaron las fotos de los campamentos de refugiados ardiendo. Gente con la que apenas días antes habíamos estado trabajando… Y nosotros sin poder hacer nada…

La situación actual de los refugiados sirios

Los días pasaron, el ejército libanés retomó el control de Aarsal, los yihadistas se retiraron a los cerros de la frontera entre Líbano y Siria, los combates cesaron… de momento. Con el paso de las semanas la población libanesa comenzó a retornar a Aarsal y numerosos refugiados consiguieron salir de allí.

Sin embargo la normalidad no ha vuelto a llegar a ese castigado lugar. Las tensiones entre chiitas y sunies libaneses persisten y desde lo sucedido en Aarsal los libaneses no ven con buenos ojos a los refugiados sirios. La solidaridad y hospitalidad libanesa hacia los refugiados, ya bastante tibia y mermada desde antes, es ahora cada vez mas escasa. El ejército ha amenazado con desalojar por la fuerza a los campamentos de refugiados que estén a menos de 10 kilometros de sus destacamentos… y en algunos casos ha cumplido con la amenaza. Como en Tamnine Tahta, zona de Bekaa donde estamos trabajando y donde no hemos podido hacer nada mas que denunciar primero las amenazas y mas tarde el desalojo de 3 campamentos.

Así que el éxodo al parecer interminable de los refugiados sirios continúa: numerosos refugiados se han visto obligados a trasladarse a los campamentos en las zonas del centro y el sud-oeste de la Bekaa. Hemos comenzado a encontrar refugiados que antes estaban en Aarsal, en los campamentos de Fayda y Ghazze, en donde también trabajamos, junto a nuevos refugiados recién llegados de Siria, que huyen ahora no sólo de la represión del ejército sirio, si no de la violencia fanática del “Estado Islámico”.

La situación de los refugiados en la Bekaa es compleja. No hay respuestas fáciles cuando se trata de explicar su situación actual: Por supuesto que la situación de las familias refugiadas no es fácil por definición: nunca es fácil ser un refugiado en ningún lugar del mundo. Haber perdido tu hogar, tu país, tu comunidad… verte separado de tus seres queridos y quien sabe si haber perdido a varios de ellos en la violencia de la que te has visto obligado a huir…

Sin embargo, al menos varias zonas del valle de Bekaa le ofrecen a las familias refugiadas la posibilidad de encontrar cobijo y trabajo. Trabajo mal pagado por supuesto; no faltan los terratenientes libaneses que se aprovechan de la abundancia de refugiados en Bekaa, para emplearlos como mano de obra barata… Las sirias y sirios en el refugio están dispuestos a trabajar en lo que sea. Es frecuente ver a grupos de mujeres refugiadas transportadas en camiones de regreso de las plantaciones en donde han estado recogiendo cosechas… Y ésto tiene su lado más oscuro en el trabajo infantil; niños y mujeres embarazadas que se ven obligadas a trabajar para ayudar a su familia. O madres a las que no les queda más remedio que dejar a sus hijos sólos en casa para poder ir a trabajar.

Por otra parte, está sucediendo que en nombre de la seguridad, los mismos municipios libaneses que le han dado cobijo a los refugiados sirios, les están imponiendo un toque de queda que les impide salir de sus campamentos a partir de las siete de la tarde… Dos caras de la misma moneda, como tantas veces se puede ver en El Líbano. Con una mano se les da refugio y con la otra se les niegan derechos básicos. El mismo país que generosamente le brindó cobijo a los refugiados palestinos que huían de la represión del ejército israelí, le ha negado durante décadas la nacionalidad libanesa a los hijos e hijas de familias de esos mismos refugiados palestinos, pese a que han nacido en territorio libanés. Y se está dando el caso de nietos de refugiados palestinos, que son hijos de refugiados palestinos nacidos en El Líbano y que pese a no conocer la tierra de sus abuelos más que a través de las historias que les cuentan, siguen sin tener la nacionalidad libanesa. Ni esta nacionalidad, ni ninguna otra. Un pueblo sin tierra… sin derechos…

En estos últimos días las noticias en los medios de comunicación son preocupantes. Se acumulan las informaciones sobre la falta de fondos de las Naciones Unidas (ACNUR y el Programa Mundial de Alimentos -PMA-) que se ven incapaces de responder a la magnitud de esta tragedia humanitaria, ante la indiferencia y cinismo de las naciones ricas que no han aportado esa mínima ayuda prometida y que ni por asomo piensan abrir sus fronteras para recibir a una parte de esos alrededor de 5 millones de refugiados sirios que se han visto obligados a huir de su tierra. Lo último ha sido el anuncio del Programa Mundial de Alimentos de que se ve obligado a suspender la ayuda alimentaria a los refugiados sirios por falta de fondos. Si esta suspensión de la ayuda alimentaria se concretara, la situación de los refugiados sirios se puede tornar dramática. Y no se ven en el horizonte señales de que vaya a llegar la paz a Siria, ni de que esta interminable crisis humanitaria vaya a llegar a su fin.

Florian Seriex (portavoz regional de Acción contra el Hambre en Líbano) escribía en un artículo reciente “El invierno va a ser muy duro en El Líbano para más de 1,2 millones de refugiados sirios y muchos libaneses necesitados”. Pues bien, el invierno, con su frío y sus lluvias, ya ha llegado al valle de Bekaa. Con la lluvia y el frío afuera de mis ventanas vuelvo a pensar en los refugiados de Bekaa. En las familias amontonadas dentro de una tienda en la que comen, duermen y viven. En los niños que se quedan sólos, porque sus padres han tenido que salir a trabajar para sobrevivir. En las familias que no reciben la escasa ayuda del Programa Mundial de Alimentos porque no reúnen los requisitos para ella… Sí, este invierno va a ser muy duro para los refugiados sirios en el valle de Bekaa.

Zahle, Líbano. Noviembre de 2014.

Un año después…
El invierno del 2014 pasó y efectivamente fue muy duro para las mujeres, y los niños refugiados sirios. Ha pasado un año y estamos a las puertas de un nuevo invierno que amenaza con ser igual de duro para los refugiados… la guerra civil en Siria parece no tener fin y el éxodo de miles de personas que huyen no se ha detenido. Esa marea humana empujada por la desesperanza por fin ha desbordado los atestados campamentos en El Líbano, Jordania, Irak y Turquía en donde los refugiados no encuentran salida ni futuro a su situación y ha llegado a las puertas de nuestra Europa.

Parece que por fin los europeos estamos tomando conciencia de que existen millones de refugiados que se han visto obligados a huir de su tierra. Sólo que ahora no están a miles de kilómetros de nuestros confortables hogares. Este éxodo está sacando lo mejor de las personas en forma de solidaridad y lo peor en forma de xenofobia, egoismo, demagogia y temor a tener que compartir nuestra tierra con personas diferentes…

Tal parece que este invierno será duro para los refugiados sirios no sólo en los campamentos en El Líbano, si no en los caminos y las fronteras de esta Europa que oye tocar a sus puertas y aún mira hacia a otro lado.

Avila, España. Octubre de 2015

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