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Día Internacional de la Mujer: los derechos de las mujeres se están erosionando

MªAngeles Rodriguez Arenas
MªAngeles Rodriguez Arenas

Dra.M.Ángeles Rodríguez Arenas, Científica Titular de OPI. Escuela Nacional de Sanidad-Instituto de Salud Carlos III

Un año más tratamos de visibilizar en este día internacional de la mujer las desigualdades que las mujeres sufren en todos los ámbitos de la vida y la necesidad de seguir luchando para conseguir que los derechos humanos sean realmente para todas y cada una de las personas, independientemente de su sexo.

Quisiera poder decir que los logros alcanzados en igualdad en el último año han supuesto mejoras importantes en la situación de las mujeres. Sin embargo, la realidad es bien otra. El secretario general de Naciones Unidas advierte que los derechos de las mujeres nunca han sido iguales a los de los hombres en ningún continente y que actualmente se están erosionando aún más.

El  5º Objetivo de Desarrollo Sostenible se propone lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y niñas, algo que se considera fundamental no solo porque es un derecho humano básico, sino porque tiene un efecto multiplicador en todas las demás áreas de desarrollo. No obstante, estamos viviendo en un mundo convulso en el que, lejos de evolucionar hacia la igualdad de derechos y oportunidades, asistimos al resurgimiento del machismo que permanece arraigado en tradiciones, culturas y religiones en todo el mundo, lo que aleja y dificulta la consecución de esa meta.

A nivel mundial, las tasas de alfabetización de las mujeres difieren en nueve puntos de las de los hombres, siendo esta brecha mayor en países de bajos ingresos y aunque se ha conseguido que el acceso a la educación primaria sea casi universal, no ocurre igual con la educación secundaria, ni superior. Por otra parte, la participación de las mujeres en la población laboral activa en el mundo parece haberse estancado alrededor del 50 por ciento, lo que supone un 26 por ciento menos que la participación de los hombres, lo que hace que las mujeres tengan mayor probabilidad de vivir en hogares pobres que los hombres. Esto ha hecho que el tema elegido por la ONU para trabajar en este día internacional sea  “Las mujeres en un mundo laboral en transformación: hacia un planeta 50-50 en 2030”.

Situación en España
En España, según el informe del Centro de estudios de economía aplicada (FEDEA), 2016, sobre brechas de género en el mercado laboral español, las mujeres -pese a tener más formación y nivel educativo- sufren discriminación en materia de empleo (menor tasa de población activa, empleo de peor calidad como consecuencia de la división sexual del trabajo, mayores tasas de parcialidad no deseada y mayor desempleo), de salarios (brecha del 20 por ciento) y de desarrollo profesional y acceso a posiciones de liderazgo.

Otra brecha importante entre mujeres y hombres es la que se refiere a la participación en el trabajo doméstico –no remunerado–, que a nivel mundial supone para las mujeres dos horas y media más al día que para los hombres. Esta dedicación es muchísimo mayor en las regiones más empobrecidas, donde las mujeres dedican gran parte de su tiempo a conseguir agua y combustible para cocinar, además de la dedicación a sus tierras y ganados y cuidar de sus criaturas y familiares dependientes.

En España, donde el progreso en conciliación laboral ha sido muy inferior al del resto de la Unión Europea, la participación en el mercado laboral de las mujeres no es ajena a la distribución de las tareas domésticas, que sigue siendo sensiblemente mayor en las mujeres (dos horas y media más al día, como media), mientras que los hombres dedican una hora más al día al ocio y tiempo libre, así, casi el 70% de las horas dedicadas a trabajo doméstico no remunerado en España las realizaron mujeres.

Menos ingresos, más pobreza
Hace más de veinte años que tanto desde organismos internacionales, como desde la sociedad civil, se viene insistiendo en que para luchar de forma efectiva contra las desigualdades de género es necesario reestructurar la sociedad para potenciar la participación de las mujeres en todas las esferas de la vida social, económica y política, mediante el empoderamiento de las mujeres y la transversalidad de las políticas de género, pero estos mecanismos tan deseables y esperanzadores han resultado inalcanzables hasta la actualidad.

Por una parte, mientras las mujeres no puedan acceder a un trabajo digno, con sueldos equivalentes a los de los hombres y con protección social, no podrán conseguir el empoderamiento y la autonomía necesarias para tener control sobre sus vidas y salir de la pobreza.

Por otro lado, la inacción de los poderes públicos y económicos para establecer la transversalidad de las políticas de género cumpliendo los compromisos adquiridos en esa materia, nos demuestra que mientras las mujeres no consigan aumentar su participación en los puestos de poder y de toma de decisiones, quedará lejos la posibilidad de mejorar todos los estándares, y eso, según el Foro Económico Mundial, no es fácil que pueda conseguirse con la situación actual, en que la representación de mujeres en el mudo económico es del 60%, mientras que la participación política apenas alcanza el 22%.

En España existe una gran infrarrepresentación de mujeres en las instituciones públicas españolas, especialmente en el servicio diplomático, el poder judicial y los gobiernos regionales y locales. A nivel estatal, pese a la norma del 40-60, la representación de mujeres en el Congreso es del 39,7% y en el Senado del 36%. Según el informe de FEDEA, la proporción de mujeres en instituciones públicas tiende a decrecer a medida que aumenta el nivel de autoridad. Y en el sector privado la situación no es mejor, ya que las mujeres ocupan sólo el 10% de las posiciones de mayor liderazgo de las empresas más grandes de España, y alrededor del 17% de los asientos de sus consejos de administración.

Para evitar que las mujeres sigan en esta situación de desventaja laboral y continúen subvencionando el trabajo de cuidados y doméstico, es necesario que se establezcan políticas de género como el incremento de los servicios públicos de cuidado y educación infantil entre criaturas de 0 a 3 años y la puesta en marcha de un sistema de bajas maternales y parentales iguales e intransferibles, así como la flexibilización de las condiciones laborales para ayudar a la conciliación tanto para mujeres como para hombres.
Además, debería exigirse el cumplimiento de la Ley de Igualdad (Ley Orgánica 3/2007, de 22 de Marzo), de manera que el reparto de puestos de poder y toma de decisiones a nivel político y económico llegue a ser representativo de la población real a corto plazo.

Violencia y retroceso de derechos
Pese a que el tema oficial de este Día Internacional de la Mujer se haya dedicado al mundo laboral, en España y en muchos otros rincones del planeta, la epidemia de asesinatos de mujeres, que se ha recrudecido en las últimas semanas, nos ha obligado a centrar la atención en la urgencia de la lucha contra la violencia machista.
En 2015, la prestigiosa revista científica The Lancet publicaba una serie de artículos y reflexiones dedicada la violencia contra las mujeres y niñas. En uno de ellos, firmado por personal técnico de la Organización Mundial de la Salud, aunque bajo su propio y exclusivo criterio, tras describir las consecuencias terribles de esta violencia y remarcar que no se trata de un tema más, sino de un grave problema de salud pública que nos afecta a toda la población, resaltaban que si se quería tener una agenda de desarrollo sostenible equitativa, debería priorizarse la consecución de una vida saludable y libre de violencia y discriminación para mujeres y niñas y hacían un llamamiento a la acción y a un compromiso explícito por la eliminación de este tipo de violencia.

Hace apenas dos semanas, la misma revista se hacía eco de un escrito del mismo grupo que titulaban “Llamando a la acción contra la violencia contra las mujeres: ¿alguien está escuchando?”. En él, las autoras advierten que estamos atravesando un momento histórico en que los derechos de las mujeres y todo el progreso que se ha realizado para mejorar su estatus están en serio peligro de ser detenidos, o incluso invertidos, debido a las políticas de recortes presupuestarios, de descriminalización de ciertos tipos de violencias machistas, de la normalización de los abusos sexuales, de las actitudes misóginas en redes sociales, etc.

Las autoras acentuaban la importancia del sector salud en la lucha contra esta epidemia mundial y hacen un llamamiento a reforzar la respuesta de los sistemas de salud mediante el desarrollo de habilidades del personal sociosanitario para responder de forma efectiva a las mujeres que han sufrido violencia, y mediante el refuerzo de la capacidad y los vínculos entre servicios.

En España, desde la promulgación de la Ley Orgánica 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género se han elaborado guías y protocolos comunes para facilitar la actuación normalizada y homogénea para el conjunto del SNS, y a su vez, contar con ellas como herramientas para la sensibilización de profesionales de la salud, a fin de mejorar la detección precoz y una valoración y seguimiento adecuado de los casos detectados. Desde los servicios sanitarios se puede desempeñar un papel crucial en la detección precoz y en la ayuda a las mujeres que sufren violencia de género, ya que la mayoría de las mujeres entran en contacto con los y las profesionales de la salud en algún momento de su vida, y  principalmente con Atención Primaria. Ante la revelación de la situación de maltrato, se debe escuchar a la mujer de forma empática y cercana, acogiendo sus emociones y validando las vivencias por las que está pasando y orientándole respeto a los apoyos concretos para ayudarle a cambiar su situación. Es importante conocer los recursos locales que se pueden poner a su alcance con la colaboración de profesionales de otros sectores. En violencia de género el trabajo multidisciplinar y en red es fundamental.

La igualdad de género no se conseguirá marcando objetivos a largo plazo y volviéndolos a alejar cuando llegan incumplidos al plazo fijado, sino pasando de las aspiraciones a la acción. La sociedad civil tiene que levantar su voz para demandar el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia. Este es el reto, esta es la lucha, no hay excusas para el silencio y la inacción.

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