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Pilar Estébanez

2016 ha terminado y sin duda ha sido uno de los peores años que hemos vivido en lo que se refiere a las violaciones de los derechos humanos.

Un año para olvidar

Pilar Estébanez, presidenta de la Sociedad Española de Medicina Humanitaria

Pilar Estébanez Estébanez
Pilar Estébanez Estébanez

2016 ha terminado y sin duda ha sido uno de los peores años que hemos vivido en lo que se refiere a las violaciones de los derechos humanos. La lista de vulneraciones, violaciones, conflictos es interminable: desde la crisis de los refugiados que supuso la llegada a Europa de más de un millón de personas que huían de la violencia y la guerra, y la diáspora de otros cuatro o cinco millones de refugiados que buscaron la seguridad en otros países, hasta los ataques indiscriminados, crueles y criminales a instalaciones médicas y sanitarias, como  hospitales o centros de salud en Siria y Yemen, la destrucción de escuelas, infraestructuras, depósitos de agua, almacenes de alimentos, ataques a caravanas de suministro humanitario, trabajadores y voluntarios de organizaciones humanitarias…

En nuestra memoria quedarán esos niños ahogados en las playas de Grecia o Turquía, esos barcos frágiles abarrotados de mujeres y niños que pusieron su vida en riesgo para alcanzar una seguridad y una solidaridad que, finalmente, se les negó. Quedarán en nuestra memoria la infamia del mal trato y la violencia empleada contra migrantes y refugiados cuando llegaron a nuestro continente e intentaban alcanzar el norte de Europa. Formarán parte de la infamia esas alambradas en las que se les negó el paso, esos campos de detención, más que de acogida, donde malviven desde hace meses, sin apenas derechos, las expulsiones ilegales sin observar las garantías que la propia legislación europea contempla y que son de obligado cumplimiento.

Europa no ha estado a la altura. No hemos estado a la altura ni siquiera para cumplir nuestras promesas: el gobierno español no ha tenido la decencia de cumplir siquiera una pequeña parte de la promesa de acogimiento de refugiados a que se comprometió: de los quince mil refugiados los que el gobierno se comprometió a aceptar, sólo han sido admitidos en nuestro país apenas el diez por ciento.

El balance es triste y muy pobre, pero no por ello nos desanimaremos. Seguiremos protestando, dando testimonio y denunciando. Europa nos ha decepcionado, pero nosotros no decepcionaremos a nuestras convicciones. Seguiremos pensando que merece la pena continuar luchando por los derechos humanos.

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