prostitucion de menores en Mozambique

La pobreza en Mozambique empuja a muchas niñas a la prostitución
Los desastres en los últimos años, como la sequía y las inundaciones, han llevado a que muchas familias pobres busquen ingresos a través de la prostitución. Bemusa sólo tenía ocho años cuando sus padres murieron de tuberculosis y quedó al cuidado de una “tía”, que la ha empujado a ejercer la prostitución siendo sólo una niña en Beira, la segunda ciudad de Mozambique.

Cuando llegó a la pubertad, la tía de Bema quiso que trabajara con ella en las calles de Beira como trabajadora sexual. La ciudad de Beira, que conserva un decadente aire de ciudad portuaria colonial, tiene una activa vida nocturna con abundante prostitución. Para ello, la hizo dormir con otros niños para que perdiera su virginidad, porque los hombres pagan más por niñas con experiencia.

La crisis económica empuja a muchas familias a buscar el sustento básico, y una de las salidas es la prostitución. Bemusa gana, en un buen día, siete dólares vendiendo su cuerpo a camioneros, comerciantes extranjeros y turistas chinos que hacen un alto en Beira, un importante nudo de comercio en el Canal de Mozambique, desde donde salen y llegan mercancías de Zimbabwe, Malawi y Zambia.

Las organizaciones de defensa de los derechos de las mujeres denuncian que centenares de niñas, en su mayoría huérfanas, son empujadas a la prostitución por sus tutores, y son ofrecidas a cambio de comida, dinero o ropa. Muchas son huérfanas del SIDA, que se ha cobrado 800.000 vidas en ese país en la última década. En muchos casos son amenazadas o incluso golpeadas si se niegan.

Los desastres en los últimos años, como la sequía y las inundaciones, han llevado a las familias pobres de Mozambique a la miseria más profunda y a más mujeres a la prostitución, según activistas locales. UNICEF ha advertido que la sequía actual, provocada por El Niño, podría tener como resultado un aumento de las infecciones por VIH en África Occidental precisamente por el aumento de niñas y mujeres que se dedicarán a la prostitución para poder sobrevivir.

Estas mujeres y adolescentes se reúnen en las zonas en las que los camioneros paran para descansar, un barrio de chozas de hojalata a lo largo de la carretera. Se anudan un trozo de tela llamado Kanga alrededor de las caderas para indicar a los posibles clientes que están disponibles. Los turistas chinos son los que mejor pagan, alrededor de 10 dólares además de algún regalo.

Beira cuenta que su tía la desvirgó con una vela. Parece que es una práctica común. Jane, una prostituta de 44 años de edad, que ha estado trabajando en la ciudad de Beira durante nueve años, defendió la práctica de utilizar velas para iniciar a las niñas en las relaciones sexuales: “¿Por qué no? Es mucho mejor, para que cuando vayan con hombres no les duela”. Ella lo hizo con su hija, que también trabaja como prostituta.

Los médicos han detectado un aumento de verrugas genitales y desgarros en niñas de 15 años.

Las autoridades de Mozambique, un país donde el proxenetismo es ilegal, organizan regularmente cursos, con la colaboración de UNICEF, para policías, funcionarios de inmigración y maestros con el fin de crear conciencia sobre el tráfico sexual.

Precisamente la policía, en lugar de combatir la prostitución, es acusada habitualmente de extorsionar a las menores a cambio de favores sexuales.

Bema, ya adolescente, ha abandonado su sueño de ser enfermera y casarse. Bemusa lleva ya demasiado tiempo dedicándose a esta actividad como para pensar en alternativas. De hecho, está pensando en marcharse a Suráfrica porque ha oído que en ese país pagan mejor.

Un reportaje de Thomson Reuters Foundation
Traducido por Héctor Alonso

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