patrulla en la frontera entre Hungria y Serbia

Por qué el control de fronteras se ha convertido en un asunto global

Por Ruben Andersson

Ante la celebración del Día Mundial del Refugiado (20 de junio), el antropólogo y autor de Illegality, Inc. Ruben Andersson, de la London School of Economics, analiza cómo los esfuerzos de control de la emigración están ignorando las rutas globalizadas de migración irregular.

La advertencia pasó inadvertida, a pesar de que la hicera un jefe de policía europea de fronteras. En medio de lucha para lanzar una operación militar contra los barcos de contrabandistas iniciada por los líderes europeos líderes europeos en el Mediterráneo, el director de la agencia de fronteras de la UE, Frontex, expresó cierta cautela: “Si hay una operación militar en las cercanías de Libia”, dijo a principios de junio, “esto podría provocar un cambio en las rutas de migración hacia el este”. Una ruta se cierra, otra se abre en otro lugar. Sin embargo, no estamos extrayendo lecciones de este hecho tan simple.

Este fenómeno ya es conocido en la guerra contra la droga como “efecto globo”: se presiona sobre un lugar y el globlo se expande hacia otro. Algo similar sucede con los esfuerzos para acabar con la migración irregular. El efecto globo sitúa el supuesto éxito de algunas operaciones de control migratorio ante una perspectiva muy diferente. Por ejemplo, los políticos de la UE han recurrido a España y Australia como modelos de control de la migración exitosos, como el tan celebrado cierre por parte de España de la ruta marítima entre las Islas Canarias y África Occidental en torno a 2007. La ruta había surgido después del control estricto en el norte de Marruecos, que empujó las rutas hacia el sur. España y los países africanos comenzaron a colaborar en las deportaciones y en patrullar el Atlántico, lo que hizo que las rutas, de nuevo, cambiaran hacia el Sahara, con lo que el problema de España se convirtió en el problema de Italia, primero, y después de Grecia. Mientras, los líderes europeos celebran 30 años del acuerdo de Schengen y tratan de hacer que la emigración irregular sea problema de otros.Pero el efecto globo se extiende mucho más allá de las fronteras de Europa. La Operación Sovereign Borders de Australia ha sido muy elogiada por su dureza, y el primer ministro Tony Abbott ha pedido a Europa que adopte medidas similares: simplemente “detener los barcos”. No importa que Australia, al igual que España, hayan dependido de vecinos pobres e impotentes para el éxito de su política de dureza en alta mar.  No parecen importar la crueldad y los abusos de derechos humanos que sufren los migrantes a manos de los traficantes. Incluso si se toma como un éxito en sus propios términos, debemos recordar que los migrantes que llegaban a Australia llegan ahora a Europa: el país austral recibió 3.500 afganos entre 2012 y 2013, ahora no recibien ninguno, pero en Europa la cifra de afganos ha crecido de 9.500 a 22.000 en ese período. Lo que se ha hecho es trasladar el problema.

Israel – también dispuesta a ensalzar su modelo de control de fronteras – completó una valla a lo largo de su frontera con Egipto a principios de 2013, y legisló duramente contra los migrantes. Hasta entonces cerca de 1.000 solicitantes de asilo, principalmente de Eritrea y Sudán, estaban llegando a Israel todos los meses. Después de esas medidas la cifra bajó a casi cero. Suráfrica tomó medidas similares, igual que Arabia Saudí, lo que significó que la llegada de eritreos y sudaneses a las fronteras de Europa se multiplicaran, desde 2.604 en 2012, a 34.586 en 2014.

En resumen, las rutas de migración irregular se están globalizando, como se ha visto más recientemente con las embarcaciones repletas de rohingya empujó en los mares del sureste de Asia.

El modelo represivo lo único que está logrando es generar riesgos cada vez mayores para los que cruzan las fronteras sin lograr disminuir el flujo. Por el contrario, se ha logrado crear una industria relacionada con el movimiento de personas.

Apenas hemos empezado a entender el fenómeno de la globalización de la migración irregular, y también necesitamos mucha más evidencia de los efectos globales de estos desplazamientos. Si nuestros líderes hablaban en serio cuando dijeron que iban a hacer frente a la crisis migratoria, deberían analizar el problema desde un punto más global. Sin embargo, no están haciendo nada de esto. En lugar de una política basada en la evidencia, obtenemos medidas puntuales, invirtiendo fondos en medidas que lo único que consiguen es trasladar el problema a otro sitio. En vísperas del Dia Mundial del Refugiado la tarea no podría ser más urgente.


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