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Misión 11: rescate en el Mediterráneo

Óscar Hugo Martín del Barco, médico de familia y cooperante

Acabamos de regresar a España después de trabajar con la organización Proactiva Open Arms en la frontera sur de Europa, uno de los sitios más mortíferos del planeta, la mayor tumba del Mediterráneo, donde la vida no tiene ningún valor. Nunca en todos mis años de cooperación vi tantos derechos humanos pisoteados. Hay imágenes en nuestras retinas que nunca olvidaremos: lo que acontece allí es un auténtico crimen consentido por la Unión Europea y los gobiernos del resto del mundo. En esta misión, la undécima desde que Proactiva empezó su labor, hemos llevado a cabo el rescate número 17.000: la niña Oulai Esther, de apenas siete meses, procedente de Costa de Marfil.

En las costas de Libia las mafias dirigen a los refugiados engañados hacia una luz en el mar que suele corresponder a plataformas petrolíferas o gasísticas, explicándoles que es Italia. Un trayecto con llegada hasta Italia solo lo podrían realizar con gasolina suficiente para al menos tres días. Ellos tienen como máximo para uno o dos días y suelen quedar a la deriva y hacia una muerte casi segura si no son interceptados por los barcos de ONG voluntarias. Pagan entre 300 y 2.000 dólares por el trayecto, engañados y pensando que su viaje terminará en Europa.

Lampedusa se encuentra a 300 kilómetros y Sicilia a más de 500. Su combustible alcanza a unos 20 kilómetros, solamente para llegar a aguas internacionales donde pueden ser salvados. Se lo juegan a una carta sin conocer la dura realidad, ya que nadie puede garantizar su rescate.

El “Golfo Azzurro” actual barco de rescate de Open Arms, tiene su base en Malta. En 22 horas de navegación se llega hasta la zona SAR (Search an rescue) al límite de la frontera marítima con Libia. Hemos trabajado allí frente a la costa de Sabratha (Libia) entre otras ciudades costeras. Las misiones duran unos 15 días. Proactiva Open Arms comenzó su andadura a partir de unas fotos de unos niños ahogados en una playa hace año y medio y en nuestra misión, la número 11, cumplió el rescate 17.000.

Oteábamos el horizonte con los prismáticos en los turnos de guardia que duraban tres horas. Ni un minuto del día sin vigilancia, ni un minuto del día sin trabajo en cada misión.

El momento del primer rescate ocurre de noche, se palpa la tensión, nos falla la lancha de rescate, la RHIB (Rigid Hull Inflatable Border) pero se soluciona rápidamente. Durante estos días el equipo humano es una auténtica piña dispuesta a superar cualquier adversidad. Los rescatados suben al barco temerosos, mojados, orinados… Se les ofrecen pijamas, mantas térmicas, una breve ducha si huelen a gasolina o si se observan en el bote quemaduras químicas por el combustible. En ocasiones las quemaduras son muy extensas y dolorosas. Auténticos socorristas profesionales han rescatado del primer rubber boat (bote de goma) a casi cien personas.

Las jornadas son largas, extenuantes, alborotadas, emocionantes… Al final del día se pone rumbo al puerto de Messina con 320 refugiados. Tardaremos dos días en una dura travesía:  ni  siquiera el mar ni la climatología se pone de nuestra parte.

Las fases de acercamiento a los botes con las RHIB son complicadas. Son personas que llevan mucho tiempo en el mar, vienen con ansiedad, desconfían, han sido maltratadas desde su lugar de embarque… Las frases son cortas y muy precisas antes de acercarnos. “No somos libios ni de la policía, somos de una organización humanitaria”. No ayuda en ocasiones llevar una bandera libia en nuestro barco en la zona de rescate para no tener problemas con los guardacostas de un país en guerra. Tuvimos el caso de un paciente con herida de bala y fractura en su pierna que ni siquiera se atrevió a decirnos su país de procedencia. En Libia se desarrolla una guerra entre varias facciones: yihadistas, clanes tribales, traficantes…

Testimonios escalofriantes

La actividad es continua durante veinticuatro horas al día: reparto de comidas, de mantas para dormir, curas, operaciones desde el puesto de mando, organización de calentadores por la noche… Se establecen lazos en algunos casos, porque nos relatan sus historias, porque convivimos en un espacio reducido durante los dos días de trayecto hacia puerto italiano. Hemos escuchado testimonios escalofriantes de personas torturadas, extorsionadas, esclavizadas, encarceladas, maltratadas. Algunos tienen cicatrices, otros han sufrido abusos sexuales.

Equipo de Proactiva Open Arms

Nuestro siguiente rescate será de 228 personas en otra dura jornada, esta vez rumbo a Pozallo. Allí desembarcaremos a nuestros compañeros de viaje frente a la policía italiana, Cruz Roja y Frontex, que mantienen su pasividad habitual ante las víctimas del mar. Todos con mascarillas, guantes, algunos con trajes que recuerdan al utilizado con el ébola. Sólo algunos de nosotros llevamos guantes. La despedida es emotiva: desconocen aún que una parte de ellos serán deportados para regresar al inicio de su interminable viaje.

Actualmente solamente cubren la zona SAR de salvamento y rescate dos barcos, el Golfo Azzurro y el Aquarius de SOS Mediterráneo y Médicos Sin Fronteras. Para hacernos una idea, el área sería la misma que la que hay entre Barcelona, Zaragoza y Valencia, a unas 12 millas náuticas de Libia, unos 22 kilómetros. Todas las operaciones se coordinan desde Roma. En verano han llegado a operar hasta trece barcos, todos de asociaciones voluntarias sin apoyo de las administraciones de sus respectivos países.

Nuestro equipo lo forma un capitán, oficiales de puente, un jefe de misión, socorristas y personal de rescate, personal sanitario, un cocinero y la supervisión durante las 24 horas en España desde la dirección de Open Arms, y por parte un equipo de psicólogos con atención personalizada para cada miembro del mismo.

En el barco hay un hospital con personal sanitario experimentado. Allí se atiende desde patologías comunes hasta heridas de bala, hipotermias, deshidrataciones, quemaduras químicas, fracturas… Por las noches nos acompañan también las mujeres y niños junto a los más frágiles, ya que en la cubierta apenas hay sitio. Por si fuera poco a su frágil y deteriorada situación se le añaden los continuos vómitos y mareos debido a un mar en mal estado con continuo oleaje. Al inicio de la misión casi toda la tripulación también padeció estos síntomas, debido también a que se trata de un antiguo barco de pesca al que se han aligerado cuarenta toneladas de peso, por ello el movimiento es constante. ¡Llevamos un cargamento de biodraminas!

Decepción Europea

Acabamos de regresar a España y la Cumbre de Jefes de Estado de Malta (La Valeta 3 de febrero) nos golpea con otra de sus sabias decisiones: Libia será el próximo centro de detención y deportación de personas a sus países de origen. Europa destina 130 millones a convertir Libia en su nuevo “muro” antiinmigración. La declaración refiere medidas adicionales para reducir los flujos migratorios del Mediterráneo central, desarticular los traficantes y vigilar las rutas del Mediterráneo Oriental, cooperar con Libia y con sus vecinos del norte de áfrica y áfrica subsahariana. Redoblar la presencia de guardacostas libios para evitar rescates por efectivos europeos. Italia también ha firmado un acuerdo con Libia para invertir en las regiones afectadas por la inmigración ilegal, y también soporte técnico y tecnológico a la guardia costera libia y a los departamentos del interior libio para frenar salidas. Otra perla de la Unión Europea.

Con el nuevo acuerdo se van a dejar atrapadas a personas en un país peligroso sin garantizar sus derechos humanos ni protección internacional. Hay que habilitar vías seguras. Esta resolución no soluciona el problema, más bien lo agrava poniendo a los refugiados en una situación aún más vulnerable. El tiempo dirá si se desvía la ruta del Mediterráneo Central, porque los inmigrantes o refugiados subsaharianos que huyen de guerras o la pobreza seguirán su éxodo de alguna manera porque solamente pueden huir, continuar su lucha por la supervivencia.

A partir de primavera Proactiva tendrá operativo un nuevo barco, un remolcador rehabilitado procedente del Servicio de Salvamento Español. A pesar de su nula implicación en lo que allí acontece nuestros gobiernos tiene responsabilidad  en la guerra de Siria. No olvidemos que somos un país vendedor de armas y que han llegado hasta Arabia Saudita e Irak. Exijamos que se cumplan los convenios internacionales. Dejemos de pisotear derechos humanos impunemente. Dejemos de levantar muros contra los refugiados. Las deportaciones masivas son ilegales Abramos las fronteras y articulemos mecanismos ágiles, seguros y legales para realizar su acogida. Exijamos que se  garanticen los derechos humanos “en la frontera sur” de Ceuta y Melilla con las “devoluciones en caliente” por ser ilegales. ¿Refugiados? ¿A quién da refugio la UE? Su brazo ejecutor el Consejo Europeo ya nos lo demostró con el acuerdo de Turquía.

Más muertes de las reconocidas oficialmente

Nos llevamos lecciones de vida del “Golfo Azzurro”, volvemos a Malta, el mar nos sigue echando un pulso como si tampoco contuviera su enfado. Nos comentan que en 2016 hubo más de 5.000 muertos en el Mediterráneo, pero no nos creemos esas cifras. Los compañeros que estuvieron en Lesbos nos comentan que no hemos visto la parte más dura de otras misiones, la gestión de cadáveres. El Astral también vivió esa dura experiencia. Llevamos bolsas mortuorias por si ocurre y poder trasladarlos a Italia. Open Arms no olvida estos detalles, de ahí el numeroso equipo de psicólogos.

Nadie que pase por aquí es indiferente al altísimo precio que están pagando los migrantes, a la calamitosa situación de este mar.  La palabra tragedia se me queda muy corta. No más muertes, dejemos de poner precio a la vida de estos seres humanos.

Gracias por existir Proactiva Open Arms. Creo en un mundo justo, no más crímenes organizados, no más asesinatos ¡Basta ya!

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