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Las diez crisis humanitarias de 2017 que empeorarán en 2018

Héctor Alonso
Héctor Alonso

Héctor Alonso @hdelosrios2

El año 2017 acabó con numerosas crisis humanitarias sin resolver -la mayoría debidas a conflictos bélicos, o al desplazamiento de personas que huyeron de la guerra o del hambre- que se prolongarán o incluso empeorarán durante 2018. Muchas de estas crisis llevan ya varios años en marcha sin que la comunidad internacional haya sido capaz de ponerlas fin.

Yemen

En Yemen estamos asistiendo a una guerra cruel en la que la población civil es la principal víctima y que ha sido definida como “una crisis de libro” porque se dan todas las circunstancias para que la situación se haya convertido en catastrófica: conflicto bélico, destrucción de infraestructuras básicas para la supervivencia y desarrollo de una epidemia -cólera- para cuyo control haría falta que funcionara algo que ha sido destruido, la estructura sanitaria.

Antes de la guerra civil que está asolando el país y que enfrenta a dos facciones, apoyada una por Arabia Saudí y sus aliados, y la otra por Irán, Yemen era uno de los más pobres del mundo con enormes necesidades. La guerra ha arrasado las infraestructuras básicas y ha convertido la vida de los civiles en un infierno: carreteras, hospitales, depósitos de agua y centrales eléctricas han sido destruidos, dejando sin luz ni agua potable a la población. El bloqueo de puertos y aeropuertos han dejado el país sin suministros médicos, combustible o alimentos. En este contexto se ha desatado la mayor epidemia de cólera que se recuerda desde la sucedida en los campos de refugiados de Ruanda, con un millón de casos a finales de 2017. También han reaparecido enfermedades erradicadas, como la difteria, que ha matado a decenas de niños, y los niveles de desnutrición infantil son altísimos.

Las conversaciones de paz no avanzan y no parece que los principales aliados de las dos facciones que se enfrentan (chiítas y sunnitas) estén dispuestas a ceder. Los analistas creen que el daño que ha sufrido el país es prácticamente irreparable y las consecuencias las sufrirán varias generaciones de yemeníes.

Rohingyas

Los rohingyas son una etnia de religión musulmana que vivían en Myanmar, la antigua Birmania. Nunca fueron reconocidos como ciudadanos birmanos, sino como oriundos de Bangladesh, país que tampoco les reconoce como conciudadanos, por lo que la mayoría son apátridas. En agosto del pasado año la guerrilla rohingya atacó varios puestos policiales en el estado de Rakhine, tras lo cual se desató una fuerte represión por parte del ejército y de grupos armados budistas, que atacaron aldeas y asesinaron a centenares de civiles. Estos ataques produjeron un enorme éxodo de la población de esta etnia, con un antiguo historial de huida. En pocas semanas la práctica totalidad de los rohingyas -más de 800.000- había huido de Myanmar para refugiarse en Bangladesh en condiciones muy precarias.

A pesar de las presiones internacionales la antigua Birmania se niega a reconocerles y sólo admitirá a los que demuestren tener residencia en Myanmar o ser propietarios de tierras o casas, algo que deja a prácticamente toda la población de esa etnia sin reconocimiento, puesto que la mayoría carece de documentos. La solución del conflicto, que ha sido calificado por Naciones Unidas como una “limpieza étnica” de manual, será francamente difícil: incluso aunque se permitiera el regreso de estos refugiados, las autoridades birmanas se han incautado de sus tierras al considerar que su posesión era ilegal, y la mayoría de las aldeas han sido quemadas, algo negado por el gobierno pero que ha sido documentado por filmaciones hechas por drones. También hay opacidad sobre los miles de asesinatos denunciados por los refugiados cometidos por el ejército y la policía de Myanmar y grupos armados budistas. La líder birmana, la premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, ha recibido fuertes críticas internacionales por su pasividad o incluso connivencia con la represión y expulsión de los rohingyas e incluso se ha intentado que se le retire el premio Nobel por su actitud ante esta crisis.

Libia

Se calcula que en Libia permanecen atrapados entre 700.000 y un millón de migrantes cuyo objetivo es llegar a Europa. La mayoría procede de África subsahariana, pero también de otros países, como Afganistán o Pakistán, e intenta la vía mediterránea, una vez cerrada la vía griega, para tratar de cruzar el Mediterráneo. Libia, tras el derrocamiento de Gadaffi, se ha convertido en un Estado fallido, sin un gobierno que controle el territorio y con amplias zonas del país en manos de facciones e incluso mafias que han visto que los migrantes pueden ser una lucrativa fuente de recursos. En un documental que escandalizó hace pocas semanas al mundo, se pudo ver cómo los migrantes eran vendidos en subastas, como si de bienes o animales se tratara. Los migrantes son esclavizados, comprados y vendidos entre mafias, extorsionados y secuestrados a cambio de rescates, engañados e incluso abandonados en el desierto tras haberles despojado de sus bienes. La mayoría de mujeres que han conseguido llegar a Europa o rescatadas en el mar han reconocido haber sido violadas durante el viaje a Libia o en la propia Libia. En este momento Libia es, sin duda, el país en el que más crímenes contra la Humanidad y los derechos humanos se están cometiendo.

A pesar de que se han celebrado varias cumbres para tratar de solucionar esta crisis, parece que ésta se prolongará en el tiempo. En primer lugar, porque el contingente es enorme: posiblemente un millón de personas. En segundo lugar, por la inseguridad que presenta ese país y en tercer lugar por la falta de medios de las autoridades y la falta de control del territorio. En la última cumbre, celebrada a finales de 2017, se planteó impulsar el retorno de los migrantes que lo desearan a sus países de origen y realojar a los demás en centros de acogida en mejores condiciones de las que disfrutan actualmente. Sin embargo ese plan carece de medidas concretas y múltiples obstáculos para poder ser llevado a cabo.

Siria

Siete años después del comienzo de la guerra civil que ha destrozado el país, aún se está lejos de poner fin a una de las crisis más graves de las últimas décadas y la que ha provocado los movimiento de personas más grandes desde la segunda guerra mundial. Hace unos días la ONU advertía de la grave situación en la que se encuentran más de 13 millones de sirios, desplazados dentro del país por culpa del recrudecimiento de los combates en varias regiones o con escasos recursos para enfrentarse a las bajas temperaturas que ha traído el invierno. A estos 13 millones habría que sumar los más de cuatro millones de sirios que han abandonado su país y que se han refugiado en los países vecinos (Turquía y Jordania sobre todo), en Europa, que aún tratan de llegar a través de Libia o que permanecen en los centros de acogida de Grecia.

A comienzos del invierno aún permanecían más de 13.500 refugiados en las islas griegas, en condiciones poco adecuadas y a pesar de los compromisos de la Unión Europea y de Grecia sobre su traslado al continente, la tramitación de sus solicitudes de asilo o su repatriación, en cumplimiento del Tratado firmado entre la Union Europea y Turquía. Este retraso ha sido visto por algunos expertos como “deliberado”, y cuyo objetivo sería desanimar la llegada de más migrantes y refugiados. En esta situación las principales víctimas serían los menores de edad, muchos de los cuales no están acompañados por sus familias y que sufren o son potenciales víctimas de abusos o violencia. La guerra no parece decantarse por ninguna de las facciones contendientes, por lo que es previsible que durante 2018 sigan aumentando los desplazamientos forzados y el exilio de miles de personas y sea inviable el retorno al país de los millones de refugiados que huyeron para escapar de la guerra.

Sudán del Sur

Los combates que se iniciaron en julio de 2016 entre el gobierno y la oposición del país más joven del mundo (se independizó de Sudán en julio de 2011) han provocado la huida del país de más de dos millones de personas, que se han desplazado a los países vecinos. Se trata ésta de la mayor crisis de refugiados del continente africano, con el agravante de que los países de acogida, o no están preparados para gestionar una cantidad tan enorme de recién llegados, o también sufren conflictos en sus territorios, como Sudán, Etiopía, la República Democrática del Congo o la República Centroafricana. Con semejantes cifras, Sudán del Sur se ha convertido en el tercer país del mundo, después de Siria y Afganistán, en número de refugiados. A diferencia de los refugiados sirios o afganos, los sudaneses del sur apenas cuentan con apoyo internacional y financiero. El 60 por ciento de los refugiados sur-sudaneses son niños, muchos de los cuales llegan a los países de acogida con niveles alarmantes de desnutrición. También se han producido brotes de cólera y ataques contra agencias humanitarias internacionales y cooperantes.

Este país apenas ha conocido la paz durante su breve historia. Tras un referéndum se proclamó la independencia de Sudan en 2011, pero pronto comenzaron los enfrentamientos entre el gobierno y la oposición, impulsados por Sudán y otras potencias con el trasfondo del control de las grandes reservas de petróleo del país y conflictos sobre fronteras y el agua. Dado que se trata de una guerra provocada básicamente por intereses económicos, ésta no finalizará hasta que quienes desean el control del petróleo lo consigan.

República Democrática del Congo

Como el Sur Sudán, la violencia ha hecho que durante los dos últimos años más de 2,6 millones de personas hayan abandonado sus hogares en las provincias de Kivu del Norte, Kivu del Sur, Kasai y Tanganyika. La inestabilidad comenzó cuando el presidente Kabila se negó a abandonar el poder en 2016 después de dos mandatos consecutivos, como recoge la Constitución. Aunque en Congo era casi una costumbre la existencia de zonas fuera del control del gobierno en manos de diversas guerrillas, esa negativa hizo que se sumaran nuevas rebeliones y alianzas contra el gobierno.

Este año se prevé que más de 13 millones de congoleses requerirán asistencia y protección humanitaria, seis millones más que en 2017. Sólo en la región de Kasai más de tres millones de personas están en situación de inseguridad alimentaria grave. Sin financiación ni apoyo, Congo se podría convertir en la crisis más grave de 2018.

Cambio climático

A pesar de Trump y los escépticos, hay un consenso científico de que el cambio climático es ya una realidad y sus consecuencias ya las están sufriendo numerosos países del mundo. Las sequías, las inundaciones por lluvias y los fenómenos meteorológicos extremos (huracanes, ciclones y tormentas catastróficas), produjeron el pasado año graves crisis humanitarias, miles de muertos y daños prácticamente incalculables. Cosechas arruinadas, ganadería diezmada, destrucción de infraestructuras, epidemias que se extienden entre grandes masas de desplazados climáticos que no tienen acceso a medicamentos, agua potable o alimentos, son ya una realidad.

Etiopía ha sufrido varias sequías devastadoras seguidas, relacionadas con el fenómeno meteorológico conocido como El Niño, que se produce cada 2-7 años, pero también con el cambio climático. Dado que más del 80 por ciento de la población etíope subsiste de la pequeña agricultura, las consecuencias para el país han sido catastróficas: las cosechas se han arruinado año tras año, dejando a los agricultores sin semillas para plantar de nuevo, lo que ha provocado una situación de crisis alimentaria que afecta a más de 10 millones de personas.

Somalia también se enfrenta en estos momentos a una grave crisis alimentaria provocada por la sequía recurrente que ha llevado a buena parte de su población a una situación de hambruna. Más de la cuarta parte del país depende de la ayuda alimentaria para sobrevivir, porque no tienen acceso a los alimentos o no pueden pagar los elevados precios que éstos han alcanzado en el mercado por la escasez. Como consecuencia de esta situación y del desplazamiento de decenas de miles de personas que han abandonado sus hogares para buscar alimentos y agua, así como de la falta de acceso a servicios médicos, se han producido en el país brotes de enfermedades infecciosas fácilmente prevenibles con vacunas, y que son potencialmente mortales en determinadas circunstancias, como el sarampión. Por esta razón la OMS concluyó hace unos días una campaña de vacunación masiva del sarampión y de suministro de vitamina A para tratar de proteger a los niños somalíes, muchos de los cuales presentan tasas de desnutrición alarmantes.

Actualmente más de un millón de somalíes se han refugiado en los países vecinos y 1,5 millones son desplazados internos.

Islas del Pacífico

Las islas del Pacífico se han convertido, por culpa del cambio climático, en las zonas más vulnerables a los gigantescos huracanes y tormentas que se han producido durante 2017 y que llevan una progresión creciente desde hace algunos años.

Ya en 2008 la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) advirtió en un informe de la amenaza que el cambio climático supondría para la seguridad alimentaria: “El calentamiento de los océanos, los frecuentes ciclones tropicales, las lluvias torrenciales y las sequías tendrán un efecto devastador en los sistemas de producción alimentaria de los países de las islas del Pacífico”. “Éstas -según el informe- se encuentran en un permanente estado de recuperación”. Desde entonces la realidad ha venido dando la razón a la FAO. El aumento en la frecuencia e intensidad de las inundaciones costeras, y la salinización de las tierras como consecuencia de dichas inundaciones y la erosión, reducen las tierras disponibles para la agricultura. También se han comprobado la disminución de las capturas pesqueras por el aumento de las temperaturas del mar.

Ademas de las pequeñas islas del Pacífico, también archipiélagos como Filipinas están sufriendo con frecuencia el azote de los ciclones.

Durante 2017 vimos los efectos de los huracanes y tormentas en algunas de estas islas, que quedaron completamente devastadas por el viento y las inundaciones.

Islas del Caribe

Durante 2017 las islas y la zona costera del Caribe sufrieron el azote de tres huracanes devastadores, Harvey, Irma y María, los tres de categoría 5, la máxima posible. Antigua y Barbuda, San Bartolomé, San Martín, las islas Vírgenes Británicas, República Dominicana, Haití, Bahamas y Cuba experimentaron la violencia de los vientos y las lluvias, y olas gigantescas. Los daños fueron cuantiosísimos y los muertos se contaron por centenares. El huracán Irma quedó clasificado como uno de los más potentes de la Historia, con vientos superiores a 290 kilómetros por hora. Todo parece indicar que este tipo de fenómenos se repetirán durante 2018.

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Comentarios: 2

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  1. Ptsss… Os habéis olvidado de Venezuela.
    Hoy ya han comenzado las muertes de balseros venezolanos que huyen de la miseria chavista hacia Curazao…

  2. Gracias por su información. esto es una parte importante de lo que hay. La gente prespicaz, sin embargo, prefiere seguir leyendo el Marca e ignorar la realidad, en los ratos libres que les deja el nuevo deporte social: joder al prójimo.