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La “tormenta perfecta” del hambre: Yemen, Sudán del Sur, Nigeria y Somalia

Yemen, Sudán del Sur, Nigeria y Somalia se enfrentan a una crisis extrema de hambre, similar a la que sufrió Etiopía entre 1983 y 1985 y que dio lugar a múltiples iniciativas para conseguir ayuda, como los famosos conciertos por Etiopía. Ahora, igual que entonces, podría ser demasiado tarde.

Entonces había una guerra y dos años de sequía consecutiva en Etiopía -similar a la situación actual de Somalia-. El gobierno del país agotó sus reservas financieras en la guerra, en vez de ayudar a la población y finalmente el mundo reaccionó, con Bob Geldodf y Live Aid encabezando una campaña para conseguir fondos. Tan sólo en 1984 murieron de hambre 200.000 personas, la mayor parte niños. Al final la crisis costó cerca de un millón de vidas.

Más de tres décadas después, la crisis puede ser aún mayor: el sistema humanitario está al límite, y nos encontramos ahora frente a no una, sino cuatro grandes crisis. En total, más de veinte millones de personas corren el riesgo de morir de hambre en el sur de Sudán, Somalia, Yemen y el noreste de Nigeria.

Mucho se ha aprendido desde 1984: el valor de prepararse antes de que las crisis lleguen, el papel del cambio climático, el imperativo de la prevención temprana de los conflictos, la importancia de la ayuda económica, la necesidad de priorizar el agua y la alimentación. Sin embargo, la dificultad para llegar a los más vulnerables es mayor que entonces: los conflictos bélicos. Y los cuatro países se encuentran sumidos en la violencia. Además podría haber una falta dramática de fondos gracias a la decisión de Trump de recortar la financiación norteamericana a los programas de mantenimiento de paz y del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.

Se ha calculado que serían necesarios 4.000 millones de dólares para evitar la catástrofe, pero además sería necesario garantizar el acceso a las zonas de guerra.

Estas cuatro hambrunas o cerca de las hambrunas tienen similitudes, pero también tienen orígenes diferentes, diferentes trayectorias y, por lo tanto, necesidades diferentes.

Yemen

La hambruna no ha sido aún declarada oficialmente, pero, el país suma más gente hambrienta que cualquiera de las otras tres grandes áreas en riesgo. Por lo menos el 20 por ciento de los hogares están en escasez extrema de alimentos y una capacidad limitada para hacer frente a la crisis. Las tasas de malnutrición aguda superan el 30%; y la tasa de mortalidad por falta de alimentos es superior a dos personas por día por cada 10.000 personas. en esta situación, no hace falta que se declare la situación de hambruna: la gente está muriendo ya. Casi 30.000 niños en sólo tres meses.

En la actualidad, 17 millones de la población total de Yemen (27,4 millones) están clasificados como en situación de “inseguridad alimentaria” y 3,3 millones de personas, incluyendo 2,1 millones de niños, tienen desnutrición aguda. Alrededor de medio millón de niños están aún peor, con desnutrición aguda grave.

La crisis de Yemen ha sido provocada por el hombre y se veía venir, aunque no se ha hecho nada para evitarla.

Incluso antes de que comenzaran los combates hace dos años, Yemen era un país pobre con un problema crónico de hambre. Pero era, todavía, manejable: los organismos de ayuda podían moverse por el país con relativa facilidad. La mayoría de las familias podían comprar alimentos en el mercado. Ahora las familias han quedado sin dinero y los salarios se han dejado de pagar. La economía está ahora en plena caída libre, con el 80 por ciento de las familias endeudadas. Conseguir comida en Yemen es más difícil que nunca, y es cada vez más cara. Esto importa mucho en un país en el que incluso antes de la guerra dependía de las importaciones del 90 por ciento de sus alimentos.

Los vuelos comerciales no son una opción -la coalición liderada por Arabia Saudita los ha prohibido durante meses-. El puerto de Hodeida, que fue el principal punto de entrada de los buques de carga que traían combustible, alimentos y medicinas, fue atacado en agosto de 2015 y dejado casi fuera de funcionamiento. Ahora los buques se tienen que descargar a mano y el retraso es de semanas.

El Programa Mundial de Alimentos tiene problemas para descargar su ayuda, a pesar de que tiene sus propios buques y compró cuatro grúas móviles para acelerar la descarga, pero no han recibido autorización para instalarlas. Las consecuencias las está sufriendo la población.

Una vez que la ayuda llega a Yemen, llegar a los más necesitados es un peligroso camino de obstáculos, ya que la mayoría vicen en las zonas más afectadas por los combates. Y algunos lugares están bajo asedio, como la ciudad de Taiz, haciendo la distribución aún más difícil. Y la situación aún podría empeorar, si los combates se desplazan hacia Hodeida, lo que podría dar a la coalición dirigida por Arabia Saudita un camino hacia los Houthis en Sanaa y cerrar el puerto completamente. Si sucede esto, Yemen quedará sin ninguna vía de suministro.

Sudán del Sur

El gobierno del sur de Sudán ya ha declarado el hambre en dos regiones, y la ONU dice que 5,5 millones de personas estarán al borde del hambre en julio si no consiguen comida.

Hay un déficit dramático de fondos para evitar la inminente catástrofe, con sólo el 18,5 por ciento de la financiación solicitada recibida hasta ahora. Pero ese no es el mayor problema de Sudán del Sur. Incluso si las agencias humanitarias consiguen los mil seiscientos millones de dólares solicitados, tendrán que lograr llegar a los más necesitados.

El país es un mosaico desconcertante de grupos armados, incluyendo varias facciones rebeldes, así como el ejército y las milicias alineadas financiadas por el gobierno. Todas las partes han participado en asesinatos en masa motivados por motivos étnicos, y la violencia sexual ha alcanzado niveles “horripilantes”, según la ONU. Las agencias de ayuda tendrán que enfrentarse a peligros que podrían suponer su muerte, como ya está pasando. En dos ataques recientes a caravanas humanitarias han asesinado a ocho trabajadores.

Al menos 79 trabajadores humanitarios han sido asesinados desde que Sudán de Sur entró en guerra civil en diciembre de 2013.

Noreste de Nigeria

Las cosas son muy diferentes en Nigeria. Ocho años después de la crisis de Boko Haram, la respuesta humanitaria está empezando a funcionar. Sin embargo, la magnitud del problema es enorme. Alrededor de 5,1 millones de personas padecen inseguridad alimentaria en una población de 5,8 millones en los tres Estados del nordeste afectados. Pero tan sólo se ha conseguido acceder a 1,9 millones de personas.

Se trata de una crisis tanto de financiación como de acceso. Se necesitan unos 1.100 millones de dólares este año para la acción humanitaria, pero el plan de respuesta hasta ahora sólo ha recibido 160 millones de dólares. Y a pesar de la repetida promesa del gobierno de que han vencido a la insurgencia, la situación de inseguridad es constante.

La emergencia ha sido lenta para revelar su verdadera escala. Boko Haram controlaba gran parte del noreste hasta 2014. Los que pudieron escapar lo hicieron, en su mayoría rumbo a Maiduguri, la capital del estado de Borno. Pero poco se sabía de las necesidades de los que se quedaron en la zona controlada por Boko Haram. El avance de los militares está haciendo que emerja la realidad: una enorme cantidad de población con hambre y malnutrida. A medida que el ejército libera las últimas áreas restantes del noreste, a lo largo de la frontera norte con Níger, es posible que se encuentren bolsas de gente hambrienta en hambrunas localizadas.

El ejército controla nominalmente 23 de las 27 áreas de gobierno local en Borno. Pero su dominio se restringe a las ciudades principales, donde se basa la operación de ayuda, alimentando a los desplazados que salen de las zonas rurales aún inaccesibles.

Nigeria está en recesión como resultado de la caída de los precios del petróleo y la tasa de cambio libre del naira frente al dólar. La inflación interanual alcanzó el 19 por ciento en enero, impulsando los precios de los alimentos básicos locales e importados. Esto también se está sintiendo agudamente en países vecinos del Sahel que están luchando ya y dependen de contrabando de productos nigerianos.

Unos 1,8 millones de personas están desplazadas en los tres estados del noreste de Adamawa, Borno y Yobe. El grueso está en Maiduguri, cuya población se ha duplicado a dos millones. En lugar de asentarse en campamentos oficiales mal atendidos, más del 80 por ciento de estas víctimas de la guerra viven con amigos y parientes en la comunidad, lo que hace que los hogares se empobrezcan aún más. Además, muchas tierras de cultivo han sido abandonadas, por lo que hay una menor producción de alimentos.

Somalia

En Somalia se está repitiendo la crisis de 2011, cuando murieron 250.000 personas, aunque con algunas diferencias significativas, tanto en el contexto sobre el terreno como en la respuesta humanitaria.

La sequía en sí es peor y ha durado mucho más que la que precedió a la hambruna de 2011. De los cuatro países destacados, sólo en Somalia hay una sequía. Casi todo el país ha sufrido la ruina casi total de cultivos, lo que ha provocado fuertes aumentos de precios, el doble en algunos granos. Los rebaños de ganado están muriendo en gran número y los salarios se han desplomado, por lo que los hogares tienen mucho menos dinero para comprar alimentos mucho más caros.

Las grandes zonas del país donde la crisis alimentaria está en su peor situación, como en las regiones de Bay, Bakool y Juba, donde al-Shabab es la autoridad de facto, son áreas inaccesibles para las organizaciones de ayuda humanitaria. Los riesgos de seguridad para los trabajadores de ayuda son muy elevados: el año pasado hubo 165 incidentes violentos y 16 trabajadores humanitarios fueron asesinados.

Pero la inaccesibilidad y la presencia de al-Shabab no son los únicos factores en juego. Las regiones adyacentes de Sool y Sanaag están en la segunda categoría más severa de inseguridad alimentaria, pero se encuentran muy al norte del principal teatro de operaciones del grupo islamista, entre el estado autodeclarado independiente de Somaliland y Puntland, una región semi-autónoma. La sequía ha sido especialmente feroz, aunque ha habido muy poca inversión en proyectos de resiliencia y la presencia humanitaria es mínima (a diferencia de Somalia en su conjunto, donde operan más de 300 agencias de socorro diferentes).

En todo Somalia, el acceso es generalmente mejor de lo que era en 2011, con una presencia humanitaria atomizada. Esta es una de las razones por las que el mapa actual de la inseguridad alimentaria, a pesar de la sequía más grave, es menos alarmante que el de hace cuatro años.

Reportaje elaborado por IRIN – Traducción Héctor Alonso

Videoreportaje La tormenta perfecta del hambre

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