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Pilar Estébanez

El pasado viernes se celebró en Malta una cumbre europea cuyo tema central iba a ser la crisis de los migrantes y refugiados en Europa.

La Cumbre de la vergüenza

Pilar Estébanez Estébanez
Pilar Estébanez Estébanez

Pilar Estébanez, presidenta de la Sociedad Española de Medicina Humanitaria.

El pasado viernes se celebró en Malta una cumbre europea cuyo tema central iba a ser la crisis de los migrantes y refugiados en Europa. En un mundo ideal, los mandatarios europeos habrían discutido sobre cómo evitar las causas que provocan ese éxodo -miseria, violencia, falta de oportunidades- y cómo evitar también las muertes de centenares de personas ahogadas en el intento. En el mundo real, sin embargo, lo que se discutió es cómo devolver a los migrantes que tratan de llegar a Europa a África y cómo evitar que lleguen más. Es decir, se habló de expulsiones y de barreras.

Italia, el país que se ha convertido en el destino de los migrantes que tratan de cruzar el Mediterráneo, y a donde han llegado a lo largo de 2016 más de 180.000 migrantes, la mayoría africanos y procedentes de Libia, se adelantó a la Cumbre y firmó con Libia un acuerdo bilateral para adoptar medidas para “acabar con la migración ilegal” y tratar de cerrar esa ruta. En el acuerdo se contemplan medidas para financiar el desarrollo en las zonas desde donde parten los migrantes, además de apoyo tecnológico a la Guardia Costera de Libia.

El problema es que Libia, a pesar de tener un gobierno reconocido internacionalmente, éste no tiene el control del país, ni de las regiones donde las mafias de tráfico de personas organizan las rutas de migración. Tan sólo en enero casi 6.000 migrantes partieron desde el país norteafricano hacia Italia. Un centenar murió ahogado, y hubo días en los que se llegaron a rescatar a 800 personas.

La iniciativa tomada por Italia no difirió de las medidas estudiadas en la Cumbre por el resto de los jefes de gobierno europeos: devolver a Libia a los migrantes rescatados en el mar e instalar en territorio libio centros de acogida, donde se tramitaría las demandas de asilo. Suponemos que no se aprobarían demasiadas, si tenemos en cuenta que Europa no quiere reconocer como sujetos de derecho de asilo a quienes consideran tan sólo migrantes económicos…

Poco importa que ACNUR considere Libia como un país poco seguro para los migrantes, o que la legislación europea no permita que se devuelva a los peticionarios de asilo a países considerados como inseguros. En un mundo ideal, ya lo dijimos, esta estrategia no sería aceptada, pero estamos en la Europa insolidaria y egoísta, así que la ley, como ya sucedió con el tratado firmado con Turquía, se vulnerará de nuevo.

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