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Informe anual del Observatorio de la acción humanitaria

La ayuda humanitaria se tensa: esta es la conclusión del informe La acción humanitaria en 2010-2011: crisis sobre crisis, que destaca que, si bien el presupuesto internacional destinado a ayuda humanitaria creció en 2010, también lo hicieron las necesidades de las poblaciones afectadas por conflictos, catástrofes y epidemias. Según el estudio elaborado por el Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH) con la colaboración de Médicos Sin Fronteras (MSF), en el caso de España, en 2010 se produjo por primera vez un considerable recorte de la ayuda humanitaria pública.

Tras un año, 2009, en el que los gobiernos donantes de fondos redujeron sus aportaciones a ayuda humanitaria, en 2010 se produjo un pequeño incremento de la financiación a escala internacional, para alcanzar los 12.190 millones de euros, un 10,6% más que el año anterior. De confirmarse las estimaciones preliminares, esta sería la respuesta de mayor envergadura de la que existen datos, mayor incluso que la que siguió en 2005 al tsunami en el sureste asiático y al terremoto de Cachemira (Pakistán). La masiva respuesta al terremoto de Haití de enero de 2010 y las inundaciones de Pakistán, fundamentalmente, explican este avance.

Sin embargo, existen señales preocupantes. Según explica Francisco Rey, codirector del IECAH, “la distribución de la ayuda sigue patrones de gran desigualdad. El interés de los países donantes, que es mucho en el caso de grandes desastres naturales, se reduce notablemente cuando se trata de emergencias complejas, como demuestra la caída en la financiación de los llamamientos consolidados (CAP) de Naciones Unidas para países como República Centroafricana, Chad o Zimbabue”. En 2010, los CAP consiguieron sólo el 63% de los fondos requeridos, el porcentaje más bajo desde 2001. “La ayuda humanitaria se está tensando, ya que las necesidades aumentan a un ritmo mayor que la financiación disponible”, añade.

Otra debilidad de la financiación internacional procede del hecho de que el grueso de las aportaciones siguen procediendo del mismo grupo de países, miembros del Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE, y no parece que el resto (que fundamentalmente responden a desastres de gran magnitud) vayan a suplir la falta de aportaciones. Además, en el actual contexto de crisis, el coste de los artículos básicos (alimentos y combustible, entre otros) va en aumento, lo que agrava la situación de poblaciones ya vulnerables, incrementando su necesidad de asistencia, y al mismo tiempo encarece el coste de esa misma ayuda, una presión añadida sobre países donantes también golpeados por la crisis económica global.

España, por ejemplo, registró por primera vez en 2010 un considerable y preocupante retroceso de su presupuesto de ayuda humanitaria, que se situó en 356 millones de euros, un 23% menos que en 2009. Esta reducción fue mayor que la experimentada por la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) en su conjunto, y ha sido especialmente fuerte en las partidas de ayuda multilateral. Aunque se produjeron progresos (calidad y rapidez de la movilización de ayuda, coordinación estatal, etc.), persiste la sensación de que la ayuda humanitaria sigue sin encontrar su sitio en el seno de la AOD, hasta el punto de que ni siquiera se incluyó en el Plan Anual de Cooperación Internacional (PACI) de 2010.

Resulta de especial preocupación la retirada de apoyo al Fondo Mundial de la ONU para la Lucha contra el Sida, del que España llegó a ser el cuarto donante de fondos en 2009. La situación presupuestaria del Fondo es tan precaria que a finales de noviembre se vio obligado a suspender su siguiente ronda de reposición. Ni el compromiso de cobertura global adoptado el pasado junio por los países donantes (15 millones de personas en tratamiento para 2015) ni la extensión del tratamiento precoz y con mejores fármacos, podrán lograrse sin un mayor apoyo financiero. De hecho, existe un riesgo claro de perder muchos de los avances logrados en numerosos países afectados por la pandemia.

INCREMENTO DE LAS NECESIDADES

El informe apunta a un incremento del fenómeno de dobles y triples afectaciones de poblaciones ya muy vulnerables, personas ya afectadas por crisis enfrentándose a nuevas amenazas: la epidemia de cólera tras el terremoto de Haití, las inundaciones en zonas de Colombia ya muy afectadas por la violencia, o la sequía y la emergencia nutricional añadidas a dos décadas de guerra en Somalia. Volvieron a ser agudas las crisis nutricionales en el Sahel y el Cuerno, seriamente agravadas debido a la subida del precio de los alimentos, mientras que la cobertura vacunal en el sur de África dio serias muestras de retroceso, un síntoma más de vulnerabilidad de los sistemas de salud en la región.

A pesar de todo ello, y aparte de grandes desastres como Haití –donde fracasaron los mecanismos de coordinación de la ayuda humanitaria, tal y como ha demostrado la inadecuada respuesta a la epidemia de cólera por parte del cluster de salud liderado por la ONU–, las preocupaciones internacionales estuvieron más centradas en cuestiones políticas, con el terrorismo asentado en la agenda de seguridad y esta última dominando las relaciones internacionales, un multilateralismo debilitado, una crisis económica sistémica, y los conflictos y la violencia social presentes en todos los rincones del planeta.

En palabras de Jesús Núñez, codirector del IECAH, “la acumulación de esta multiplicidad de factores ha provocado, entre otros motivos, el desvío de la atención de los principales actores internacionales hacia asuntos de naturaleza política, cuando no directamente militar: la guerra contra el terrorismo, en sus diferentes modalidades, se ha asentado como el elemento principal de la agenda, marginando los esfuerzos contra otras amenazas no menos inquietantes, desde el cambio climático a las pandemias o la pobreza y el hambre. Se han marginado también los esfuerzos que venían desarrollándose en el campo de la acción humanitaria, y esta además se está viendo sometida a una aguda politización en un intento por subordinarla a otras agendas, en especial la de seguridad”.

“Esta subordinación de la ayuda es precisamente una de las causas del interés selectivo y variable de la comunidad internacional a la hora de responder a unas crisis y no a otras”, ha añadido Carlos Ugarte, Responsable de Relaciones Externas de MSF-E. “Y tanto en las emergencias atendidas como en las olvidadas, las organizaciones humanitarias nos encontramos cubriendo los vacíos de un sistema que sigue mostrando grandes debilidades, como ha ocurrido en Haití, o que incumple sus compromisos y pone en peligro avances ya logrados, como en la lucha contra el sida y las enfermedades prevenibles mediante vacunación, o que manipula la ayuda en su propio beneficio, perjudicando a quien la necesita con urgencia, como en Somalia, donde ha sido instrumentalizada por todas las partes en conflicto”.

El séptimo informe del Observatorio de la Acción Humanitaria ha sido elaborado por el IECAH en colaboración con MSF y cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Córdoba. Entre otras temáticas, además de la evolución de la ayuda humanitaria internacional y española, aborda cuestiones como el escenario político y de seguridad internacional, la situación del derecho internacional, el preocupante proceso de criminalización de la ayuda humanitaria, los fundamentos humanitarios en la protección de civiles, la respuesta humanitaria en contextos urbanos, el caso de Haití y los límites de los actores humanitarios, y los avances y retrocesos de la lucha contra el hambre.

Acceso al informed completo en la página de IECAH
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