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En memoria de Juana Ortiz Sales, una mujer valiente

Joaquín Acevedo, médico cooperante en Guatemala

Mujer valiente, amante de la cultura Mam, profunda conocedora de las plantas medicinales, defensora incondicional de las comadronas… La vida a veces golpea fuerte. Esta vez ha sido la partida de nuestra querida amiga y compañera Juana Ortíz Sales, quien nos dejó el pasado 18 de febrero.

Se ha ido Juana y será muy difícil hacernos a la idea de que cuando hagamos un curso con las comadronas de la Zona Mam, ella no estará allí. Mujer valiente, rebelde, muy orgullosa de ser Maya… Quienes no la trataron se perdieron el conocer a alguien muy especial.

Juana era una mujer Mam, orgullosa de su idioma. ¡Si lo sabré yo!: Juana fue la única persona con suficiente paciencia y constancia para enseñarme algo del hermoso pero difícil idioma Mam, a pesar a mi dura cabeza y mala memoria. Siempre estaré en deuda con ella por haber sido mi maestra.

Recuerdo su profundo conocimiento de las plantas medicinales de Huehuetenango y su inagotable curiosidad por ellas. Era típico de Juana que cuando íbamos caminando a alguna aldea, ella iba todo el tiempo recogiendo plantitas, explicándonos para qué servían o comiéndose cualquiera que fuera comestible. ¡No paraba! Y seguro que después sacaba de su morral algún elote, una fruta o un huevo cocido para compartirlo con todos.

De carácter fuerte, no tenía ninguna dificultad para decir verdades y denunciar en voz alta que algo no le parecía bien si lo veía como una injusticia en contra de las comadronas de las comunidades.

Si tuviéramos que definir a Juana en unas cuantas frases, diríamos de ella que era una mujer valiente. Muy valiente. Sacó sola adelante a sus cinco hijos, hasta que se convirtieron en profesionales. Fue comadrona y curandera autodidacta. No le tenía miedo a nada y se enfrentó muchas veces a cualquiera que quisiera pasar por encima de los derechos de las comadronas con las que trabajaba.

Porque eso fue algo que la caracterizaba: siempre salió en defensa de las comadronas tradicionales, siempre pensaba en ellas, en sus derechos, siempre discriminadas por ser mujeres, por ser indígenas, por ser ancianas…

El amor por su cultura Maya lo expresaba también vistiendo siempre sus trajes de Ixtahuacán: huipiles tejidos por ella misma que causaron admiración cuando viajó a España.

Fue mucho lo que aprendimos de Juana. Son muchos los recuerdos de momentos que vivimos junto a ella: las caminatas por los senderos de las aldeas de Colotenango, las pláticas en la cocina de adobe en su casa enIxtahuacán, las consultas ginecológicas a las mujeres en la clínica de Ixconlaj, las reuniones con las comadronas mames…

Pero en especial lo que aprendimos de su forma de ver la vida y de vivirla fue su buen humor,  su dignidad, su valentía si se trataba de defender a una compañera… Eso no se olvida.

Febrero de 2017

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