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El apagón informativo

El apagón informativo
Carlos Olalla, actor. Artículo publicado originalmente el periódico ÚLTIMA HORA de Palma de Mallorca (27/01/2016)
¿Por qué ya casi no aparecen noticias sobre la guerra de Siria en los telediarios? ¿Se habrá acabado? No, la guerra sigue y sigue igual de cruenta que siempre. Lo único que ha cambiado es que nuestros medios de información han decidido dejar de informarnos. Se centran en informarnos de posibles ataques terroristas, de la crueldad de esos lobos solitarios que nos acechan y que pueden acabar con nosotros en el momento menos pensado, nos informan de cómo los muy malvados se disfrazan de refugiados para entrar en nuestras fronteras a traición, pero el origen de todo esto, la guerra que se está viviendo en Siria, apenas merece una breve reseña. Con una excepción: la caída de esta o aquella ciudad a manos de las siempre salvadoras fuerzas que heroicamente nos defienden bombardeando a mujeres, ancianos, niños y todo lo que se les ponga por delante. Antes, cuando asesinaban a inocentes, hablaban de daños colaterales. Ahora ya ni los nombran. Han dejado de existir. Solo nos dicen que ha caído tal o cual ciudad que estaba en manos del Estado Islámico. Con eso les basta porque con eso nos basta.


La criminalización que se hace de los refugiados, asociándoles con cualquier acto de violencia como el ocurrido en varias ciudades europeas la noche de fin de año, obedece a un plan cuidadosamente planeado y ejecutado para que no veamos la realidad, esa cruda realidad que golpearía la conciencia de toda persona bien nacida: que cientos de miles de personas inocentes están huyendo del horror de la guerra y que Europa, nosotros, tú y yo, les estamos cerrando las puertas empujándoles a morir de frío o ahogados.

Lo que se esconde detrás de todo esto no es más que el tremendo fracaso de la Unión Europea en el tema de los refugiados, un fracaso basado en nuestro egoísmo y falta de solidaridad. Organizaciones como Médicos sin fronteras lo denuncian tan alto como pueden, pero nosotros seguimos sin querer ver la realidad, una realidad que permitimos y que, por ello, nos hace cómplices de la barbarie. La consecuencia de este intencionado apagón informativo es clara: por toda Europa resurgen cada día con más fuerza los movimientos neonazis. Luego, cuando sea tarde, nos preguntaremos cómo fue posible que ocurriera. Pero ya será tarde, demasiado tarde.

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