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Día mundial hepatitis

Día Mundial contra la Hepatitis

Hepatitis, una amenaza a la salud pública

Dra. Julia del Amo Valero. Profesora de Investigación del Centro Nacional de Epidemiología, Instituto de Salud Carlos III, Madrid.

Dr. Jeffrey Lazarus. Investigador afiliado a IS Global y Hospital Clinic, Barcelona.

El 28 de julio se celebra el Día Mundial contra la Hepatitis, una enfermedad del hígado causada por los virus de las hepatitis A, B, C, D y E que afecta a cientos de millones de personas en todo el mundo, siendo las infecciones por los virus de la hepatitis B (VHB) y virus de la hepatitis C (VHC) las de mayor importancia para la salud pública. Se estima que todos los años mueren un millón y medio de personas por los problemas derivados de la cronificación de estos virus, más que por SIDA y malaria.

Estos virus causan una infección “silenciosa” durante años sin que la persona infectada conozca que puede enfermar y transmitir la infección a sus familiares, amigos y parejas sexuales. La pregunta que nos hacemos es ¿conseguiremos el compromiso global de eliminar la hepatitis viral como amenaza de salud pública en 2030?

Por ello, es clave que el diagnóstico y el tratamiento de estas infecciones se plantee dentro de un paradigma de salud pública, es decir; que además del beneficio individual, busquemos el beneficio colectivo ya que curar a una persona supone también eliminar el riesgo de que ésta contagie a otras. Además, es clave que las estrategias de prevención, diagnóstico y el acceso al tratamiento no tengan fronteras, como tampoco las tienen las enfermedades infecciosas y que el abordaje del control de las hepatitis virales tenga una dimensión global.

La Organización Mundial de la Salud ha propuesto por primera vez en el año 2016 celebrar la estrategia de eliminación mundial de la hepatitis viral como amenaza de salud pública para el año 2030. Para ello, se han acordado una serie de medidas que permitirán reducir en un 65% la mortalidad y en un 90% las nuevas infecciones para el año 2030, salvando 7,1 millones de vidas en todo el mundo. Estas medidas incluyen garantizar la vacunación frente al virus de la hepatitis B al 90% de los bebés que nacen en todo el mundo, asegurar que el 100% de las trasfusiones de sangre y que el 90% de las inyecciones sean seguras, promover que el 90% de las personas infectadas se haya hecho la prueba diagnóstica de las hepatitis B y/o C mediante un sencillo análisis de sangre para saber si están o no infectadas y, finalmente, comprometerse a que el 80% de las personas infectadas pueda acceder a los tratamientos los cuales, para el caso de la hepatitis C, curan a la mayoría de las personas que los reciben un aproximadamente 3 meses.

El éxito o el fracaso de esta declaración dependen del compromiso de muchos agentes a escala global; de los gobiernos y de los responsables políticos y sanitarios de cada país, de las organizaciones socio-sanitarias internacionales, de la sociedad civil de pacientes y de afectados, de la comunidad científica y de la industria farmacéutica. El reto es enorme ya

que en el momento actual, de los 240 millones de personas con infección crónica por el virus de la hepatitis B y de los 130 millones con infección crónica por el virus de la hepatitis C en todo el mundo, la mayoría desconoce que está infectada y menos de un 1% tiene acceso al tratamiento, si bien estas cifras varían muchos entre los diferentes regiones y países. Por ejemplo, en España, si bien no hay datos firmes, se estima que medio personas están infectadas por el virus de la hepatitis C, de las que algo más de la mitad tiene infección activa, y de ellas, sólo un 30% sabe que tienen la infección.

España desarrolló en 2015 un Plan Estratégico para el Abordaje de la Hepatitis C con cuatro líneas de trabajo que contemplaban conocer la magnitud del problema y su prevención, el establecimiento de la estrategia terapéutica, la coordinación a los diferentes actores para la acción efectiva y la promoción de la investigación en el campo. La línea a la que se le ha dado prioridad ha sido la de extender el acceso a los nuevos tratamientos para la hepatitis C a todos los pacientes que, según el criterio del médico especialista, cumplen criterio de tratamiento. Si bien hay muchos espacios para la mejora y desde la sociedad civil se reclama mayor transparencia y equidad en las políticas, hay que felicitarse de que se haya facilitado el tratamiento a más de 50.000 pacientes en España.

En la Unión Europea, en el último año, se ha avanzado enormemente en ampliar el acceso a los nuevos tratamientos para la hepatitis C que, con una duración media de 12 semanas, curan a la mayoría de las personas infectadas y que han supuesto una de las mayores revoluciones en el campo de la medicina. Este avance se ha producido bajo la presión que la sociedad civil y los profesionales sanitarios han puesto sobre los representantes sanitarios y políticos que han mantenido una actitud expectante, y restrictiva en muchos casos, frente a garantizar el acceso a los tratamientos para todas las personas que lo necesitan, dado su alto coste. En el debate de los precios de medicamentos que tratan infecciones de dimensión global y para las que la organización mundial de la salud tiene un plan de eliminación a corto plazo, debe entrar la industria farmacéutica como un agente esencial en la búsqueda de soluciones. Si bien es innegable la contribución de la industria en la investigación de nuevos medicamentos, también lo es la necesidad de regular que los beneficios económicos sean proporcionados y, lamentablemente, la hepatitis C nos ha vuelto a mostrar ejemplos de cómo las agendas de los actores a los que hemos aludido anteriormente no están siempre en sintonía. La necesidad de abordajes globales se pone de manifiesto con el movimiento iniciado por la sociedad civil NOhep.

Desde este foro, nos gustaría recordar en un día tan señalado que en Europa, en estos momentos, hay un segmento de población particularmente vulnerable a muchos problemas de salud entre los que se encuentran las hepatitis virales; nos referiremos a los  inmigrantes y, en concreto, a los inmigrantes en situación irregular, la mayoría de los cuales tienen muy pocos recursos económicos. En muchos países de la Unión Europea los inmigrantes irregulares, con la excepción de las mujeres embarazadas y de los menores de edad, carecen de las prestaciones sanitarias que tiene la mayoría de la población y es sólo en aquellas condiciones de urgencias médicas que pueden ser atendidos por los sistemas públicos de salud. En otros países, pero no en todos, las personas con infecciones consideradas como un problema de salud pública como son la tuberculosis y las infecciones de transmisión sexual, también pueden recibir tratamiento universal, independientemente de la situación administrativa de la persona afectada.

No hay duda que las hepatitis virales están en este marco ya que como decíamos en el primer párrafo de este artículo, el tratamiento de la hepatitis C es una estrategia más de prevención. Los autores de este artículo se hacen eco de una opinión generalizada en la comunidad científica al manifestar que sin políticas que garanticen el acceso al diagnóstico y tratamiento de las hepatitis virales para todas las personas que lo necesitan, sea cual sea su condición, es imposible que la Unión Europea, una de las zonas más ricas del planeta, alcance los objetivos de eliminación de las hepatitis virales como problema de salud pública propuestos por la Organización Mundial de la Salud para el año 2030.Todos podemos contribuir a que así sea ¡Pongámonos a ello!

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