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Algunos datos sobre la mutilación genital femenina

Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina

La mutilación genital femenina consiste en la extirpación del clítoris y también en los casos más extremos, en la extirpación de los labios menores, para después cerrar los genitales cosiéndolos, dejando sólo un pequeño orificio para permitir la salida de la orina y la menstruación. En la noche de bodas se abre con un corte.

Esta práctica, que han sufrido casi 200 millones de mujeres en África, Oriente Medio y Asia, supone  un daño irreparable para las mujeres y niñas que lo han sufrido y un dolor extremo, hasta el punto de que suele causar un trauma que puede durar toda la vida.

En la mayoría de los casos se practican en la infancia, en algún momento entre la lactancia y los 15 años.

Supone una práctica que somete a la mujer, elimina su autonomía y viola sus derechos. Viola, asimismo, los derechos de la infancia, puesto que se realiza a menores.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) pueden producir hemorragias graves y problemas urinarios, y más tarde pueden causar quistes, infecciones, complicaciones del parto y aumento del riesgo de muerte del recién nacido.

Las consecuencias a largo plazo pueden ser:

infecciones urinarias (micción dolorosa, infecciones del tracto urinario);

problemas vaginales (leucorrea, prurito, vaginosis bacteriana y otras infecciones);

problemas menstruales (menstruaciones dolorosas, tránsito difícil de la sangre menstrual, etc.);
tejido y queloide cicatriciales;

problemas sexuales (coito doloroso, menor satisfacción, etc.);

mayor riesgo de complicaciones en el parto (parto difícil, hemorragia, cesárea, necesidad de reanimación del bebé, etc.) y de mortalidad neonatal;

necesidad de nuevas intervenciones quirúrgicas, por ejemplo cuando después de haber sellado o estrechado la abertura vaginal (tipo 3) hay que practicar un corte para ensanchar la abertura y hacer posible el coito y el parto (desinfibulación); en ocasiones la zona genital es cosida repetidas veces, incluso después de que la mujer dé a luz, con lo que esta se ve sometida a aperturas y cierres sucesivos, cosa que acrecienta los riesgos tanto inmediatos como a largo plazo;

trastornos psicológicos (depresión, ansiedad, trastorno de estrés postraumático, escasa autoestima, etc.).

La tasa de mortalidad materna en los países en los que se practica llega hasta las 1.100 muertes por cada 100.000 nacidos vivos (Sierra Leona), frente a la tasa media de 230 mujeres fallecidas durante en parto por cada 100.000 en el resto de los países en desarrollo.

Los motivos por los que se practica la mutilación genital femenina difieren de una región a otra y de una época a otra, aunque siempre responden a una mezcla de factores socioculturales vehiculados por las familias o comunidades.

Se practica en 29 países, 27 de ellos africanos. Los otros dos países son Yemen e Irak.

En diciembre de 2012 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución relativa a la eliminación de la mutilación genital femenina.

En 2015, los Objetivos de Desarrollo Sostenible reconocieron la estrecha relación entre la MGF, la desigualdad de género y el desarrollo, y reanudaron la acción global para poner fin a la MGF en 2030.

En 2016, más de 2.900 comunidades, que representan a más de 8,4 millones de personas declararon que habían abandonado la práctica.

En España Médicos del Mundo realiza talleres de concienciación para hombres con el objetivo de que influyan en sus comunidades para acabar con esta práctica.

Video de la campaña de Plan Internacional

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